Enrique Falcó. Mitómano
Siempre he sido de ese tipo de personas a las que no hay que tocarles las palmas para animarle a hablar de cosas que le vuelven loco. Cuando algo me gusta, me gusta, pero de verdad. Ustedes ya me entienden. Ya sea un grupo musical, una película o un libro. Si algo me apasiona, me vuelco en ello con total desenfreno en busca de información, en conocer su propia y noble historia, y en todas las circunstancias que lo rodean.
No comprendo a aquellas personas que tras el visionado de una película olvidan con gran facilidad su argumento a los pocos días, máxime si se trata de una película como El Padrino, del gran Francis Ford Coppola, que estos días cumple nada menos que su 40 aniversario.
A pesar de mi prodigiosa memoria, ya la conocen, no consigo recordar en qué año exactamente me derretí ante el VHS con una de las mejores películas de la historia. La otra es El Padrino 2, cuya extraordinaria calidad hace bueno el dicho que asegura que, aunque nunca segundas partes fueron buenas, ha de existir de igual forma la necesaria excepción que confirme la regla.
Les confieso que siento cierta envidia, a la par que gran perplejidad, cuando me encuentro con el interlocutor de turno que reconoce no haber visto aún una de las películas más grandes de todos los tiempos. La perplejidad está clara, ¿cómo es posible que dicha película no sea cuanto menos obligatoria de visionar para obtener por ejemplo, qué se yo, el Graduado Escolar? La envidia también está justificada. Moriría por volver a experimentar de nuevo aquellas primeras sensaciones que solo se obtienen con el primer visionado. Al igual que con la primera lectura de la novela.
Un extraordinario Robert de Niro interpretando al joven Vito Corleone en una de las más increíbles interpretaciones de la historia del Cine
Siempre he asegurado públicamente, y ya escribí sobre el asunto en alguna ocasión, que el buen cine y la exquisita literatura deben viajar constantemente de la mano, ayudándose uno a otro, complementándose incluso, promocionándose ambos como uno solo, sin olvidar la obviedad de que ambos son lenguajes, pero lenguajes distintos.
Tuve la suerte de saberme casi de memoria la trilogía de El Padrino antes de que la novela de Mario Puzzo cayera en mis manos. Como comprenderán, Don Vito Corleone siempre permanecerá en mi memoria (y seguramente en la de todos) con la imagen de ese Marlon Brando triste y cansado, con sus enormes «babuchas», su pausado diálogo y su desgastada voz.
La película es completamente fiel a la novela, aunque centrada sobre todo en lo referente a la familia Corleone.
No hará falta que les recomiende la novela, así como las películas. Gracias al cielo existen más partidarios de la saga que detractores.
Si son grandes aficionados seguro que han sonreído ante el título de esta tribuna, y no es necesario explicar qué es eso del ‘Genco Pura’ o quien es el malogrado ‘Jartum’.
Al que piense que somos unos frikis que se pregunte qué es lo que tendrá una película o novela para volvernos tan locos con ellas. Les haré una oferta que no podrán rechazar. Háganse de estas, y disfrútenlas dichosos, preguntándose cómo han podido estar 40 años de su vida sin ellas. Desoyendo los consejos de Don Corleone, (‘Los demás nunca han de saber lo que piensas’) hoy no he podido resistirme a mostrarles mi devoción. Pero les aseguro que no es nada personal, solo son negocios.
Publicado en Diario HOY el 18/03/2012