Quien visite Monsaraz -a una docena de kilómetros de la raya con España, allá donde el río Guadiana deja de hacer frontera con la provincia de Badajoz, entre Cheles y Villanueva del Fresno-, se sentirá extrañado de una cosa: que aún no sea Patrimonio de la Humanidad, a lo que aspira desde hace algún tiempo.