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Moisés Cayetano Rosado

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CASTROS GALLEGOS, UN EJEMPLO DEFENSIVO Y CONSTRUCTIVO

Castro de Santa Trega./ Moisés Cayetano

Castro de Santa Trega./ Moisés Cayetano

¡Los castros gallegos! A casi todos nos suena el de Santa Trega (Tecla), asomado al mar y a Portugal, tan imponente, en el municipio de A Guarda, objeto de múltiples visitas de turistas y estudiosos. O el también marítimo, bañado incluso en las aguas del Atlántico de tan pegado al océano, cual es el de Baroña, en Porto do Son.

Ambos tan completos, vistosos, puestos en valor y reinterpretados en sus funciones urbanística y defensiva, que estando en ellos parece que vivimos dos, tres mil años atrás.

El mar es escenario frecuente en estos levantamientos defensivos, por estrategia y por supervivencia, que se ha ido prolongando en sus funciones civilización tras civilización, como es el caso también del de A Lanzada, en un promontorio al borde de la playa del mismo nombre, tan frecuentada por bañistas: la más concurrida, seguramente, de Galicia. Pero son más abundantes en las cercanías de ríos y humedales, que tanto proliferan por el territorio gallego, hasta hacerlos incontables.

Monte do Castro desde fuera./ Moisés Cayetano

Monte do Castro desde fuera./ Moisés Cayetano

Ahora bien, de los muchos que he visitado y he ido viendo “crecer” año a año, descubriendo sus secretos gracias a una buena acción arqueológica sostenida, tengo predilección por el de Monte do Castro, en el municipio de Ribadumia, en la Ría de Arousa.

Al contrario de lo que ocurre con otros castros (como puedan ser el magnífico de Castrolandín, en Cuntis, que tuvo una época de detalladas atenciones; los Castros Grande y Pequeño de Neixón, en Boiro, sobre los que tantos proyectos se hicieron, o el castro de Toiriz, en Silleda, que contó siempre con la actuación entusiasta de sus vecinos en la recuperación, pero que luego han ido cayendo en la dejación oficial e incluso en la decadencia o abandono de proyectos), éste ha seguido en actividad por parte de los equipos de recuperación y puesta en valor, sin que la “excusa” de la crisis económica generalizada le haya restado significativamente el progreso en su valorización.

Ocupado y reocupado desde el siglo IV a.C. al I d.C., se emplaza en un alto cabezo al borde del río Umia, con gran empalizada, muralla perimetral, diversas estructuras habitables, canteras de extracción… que cada vez que lo visito veo cómo descubre sus secretos milenarios y nos da a conocer un modelo defensivo y urbanístico que en buena parte ha pervivido a lo largo de la historia.

Monte do Castro, 2015./ Moisés Cayetano

Monte do Castro, 2015./ Moisés Cayetano

Allí está el “glacis” exterior, la muralla aterraplenada, el foso, la entrada curva y reforzada en sus extremos. Las casas protegidas por gruesos muros de piedra, haciendo juego de calles quebradas y manzanas compartidas. Los altos observatorios que dominan el amplio espacio de los alrededores sin que nada se les escape.

Abajo, el río que les proporciona el agua necesaria y recursos con que alimentarse; al medio, el bosque, ofreciendo también su contribución al sostenimiento del grupo humano.

Es una constante en las construcciones colectivas, desde que dominaron la acción grupal sobre el medio, la práctica de la agricultura y la ganadería, la rivalidad con otros grupos.

En el caso de los castros gallegos -en el de Monte do Castro tienen un ejemplo didáctico, intuitivo y bien conducido en su redescubrimiento-, se nos presenta un modelo que hemos ido imitando y reinventado en nuestras defensas y construcciones posteriores de la antigüedad, del medievo, incluso de la Edad Moderna, tan modificadas las estructuras a causa de la irrupción pirobalística, pero con base en el modelo que aquí se nos ofrece.

Visitar los castros gallegos es todo un viaje por la técnica constructiva defensiva y urbanística, por los afanes de los pueblos en su supervivencia, por la armonía e interacción con el medio. Lástima que algunos, muchos, hayan sido abandonados tras una puesta a punto prometedora. A ver si es verdad que estamos saliendo de la crisis y se le hace justicia, atendiéndolos como bien merecen, a estos vestigios del pasado que tanto nos enseñan y que resulta tan placentero contemplar.

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