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Diego Algaba Mansilla

MIGAS CANAS

“LA MONTAÑA MÁGICA” THOMAS MANN

Salgo de casa sin rumbo. No se donde ir, solo quiero salir. Tengo los ojos cansados de leer. Me quiero escapar de esta “Montaña Mágica” que me tiene atrapado.

Hace un día gris. En la calle no sé si girar a la derecha o a la izquierda. Tengo la misma duda que el domingo que salí a votar. Respiro fuerte. El aire es de una calidad extraordinaria, igual que en el sanatorio de Hans Castorp.

Empiezo a andar. Llego al MEIAC, hace mucho que no entro. Cada vez que voy a una ciudad visito todos sus museos, Sin embargo, ya no sé el tiempo que hace que no piso el nuestro, el que tengo al lado de casa. Me gusta la tercera planta, la de Barjola. Pero sobre eso no escribo, el arte se explica por si mismo.

Cada vez que atravieso el silencio de los jardines del museo recuerdo esa otra estampa de cuando era una cárcel, a sus pies estaba el LEDA. Autobuses que buscaban otros destinos. Era como una metáfora de libertad para los presos que permanecían encerrados en sus celdas soñando con poder subir a algunos de aquellos autobuses y escapar. Reanudo el paseo, me propongo subir hasta la Plaza Alta aunque ya he agotado el espacio del artículo y apenas he avanzado trescientos metros. Con lo rápido que avanza el mundo y yo sigo sin salir del aquí, de mi barrio, de mi gente, de lo cercano, de lo que tengo a tiro de piedra, de lo que conozco. A mi también,algunas veces, me gustaría subir a uno de esos autobuses y huir, sobre todo en Navidad. Doy la vuelta para regresar a Thomas Mann y continuar leyendo sobre ese tiempo distinto y monótono del balneario para tuberculosos, cada uno es preso de sus pasiones. El paseo hasta la Plaza Alta puede esperar.

 

 


enero 2016
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