Me pongo a escribir. Son las 8 de la tarde. El tiempo pasa rápido. Fuera hace frío, es de noche, que pronto pasa el día, igual que las semanas los meses y los años. Recuerdo aquel día que nos juntamos los amigos de la juventud para comer. Creo que fue Vicente quien dijo “estamos todos, todavía no ha habido ninguna baja”. Aquel comentario me impresiono. Yo nunca había pensado antes en ello cuando desbordaba salud y juventud, pero ya he llegado, sin darme cuenta, a esas edad en la que leo con gafas, me cansa subir escaleras y miro sin pretensiones cuando veo a una muchacha guapa, excepto el otro día,cuando fui a la biblioteca. sentada detrás del mostrador de los préstamos había una joven morena de pelo rizado y mirada dulce, encima de los hombros llevaba una toquilla negra que le daba un aspecto hippi. Debido a mi inconsciencia del paso del tiempo puse una sonrisa de seductor, como en los viejos tiempos. Mi ignorancia me llevo a un coqueteo absurdo empleando, con la desconocida, un tuteo risueño mientras ella, con pulcra seriedad, profesional me hablaba de usted. Era tan guapa que ni siquiera me importó que me preguntara si Landero era extremeño. “De Alburquerque”, contesté,ni siquiera mi cultura literaria llamo su atención, no había nada que hacer. Todos los desconocidos me hablan de usted. No sé cuántas docenas de huevos he comprado en la Granja El Cruce para que Inma, la dependienta, me llame Diego, ni los meses empleados para que me tutee Beatriz, la joven que me vende el periódico. Hay cosas que ya no podré hacer nunca y otras que no volveré a hacer. Quizás ya sea mayor para muchas cosas, mayor para entender al nuevo partido político que dice lo que queremos oír pero sin saber como lo van hacer. Ya tengo la mollera dura para
comprender que el Ministro de Justicia diga que los ciudadanos entenderán que el juez Ruz sea apartado de la Audiencia Nacional, Se eternizarán los procesos, o que salga de la cárcel Santi Potros. Soy demasiado mayor para entender donde esta la justicia cuando echan a una anciana de su casa y que anuncien la llegada de Woody Allen como un Mister Marshall, no para hacer lo que sabe, sino para que practique su afición. La noche esta más oscura. Hace más frío. No sé que hora es. Paso otra noche acariciando las teclas de mi ordenador. Para muchos, seguro, que esto es una pérdida de tiempo mientras a mí me da la vida