Cruzamos el ecuador de agosto y, aunque media España está parada buscando la sombra, en “Moteros de Hoy” la actividad no cesa, nos estamos recuperando de la resaca de amistad, buen rollo y kilómetros realizados para asistir a la Concentración de “Moto Clube de Setúbal”, que por cierto recomiendo para los que no la conozcáis. Todos los años coincide con el fin de semana que engloba el 15 de agosto, la festividad de Santa María. Hay quien piensa que el verano es solo para tumbarse al sol, pues en ese evento puedes aprovechar y dar un salto a bañarte en la playa, además aprovechas para coger un respiro, pues allí las temperaturas son más suaves.
Hoy en nuestro viaje por el tiempo no venimos a hablar de paseos tranquilos. Nos metemos de lleno en la tercera semana de agosto para recordar la época en la que los hombres desafiaban a la muerte sobre adoquines, los ingenieros rompían las barreras de la física con motores experimentales y las marcas se jugaban el cuello por fabricar la máquina definitiva.
Sacad la cerveza bien fría de la nevera o vuestra bebida favorita. ¡Metemos primera, soltamos embrague y abrimos gas a fondo!
A mediados de los setenta, el Mundial de Velocidad estaba sufriendo una mutación salvaje. Las rabiosas, ligeras y humeantes motos japonesas de dos tiempos (2T) estaban devorando la parrilla y arrinconando a las pesadas, pero gloriosas mecánicas europeas de cuatro tiempos (4T). Pero el 18 de agosto de 1974, en el peligroso y viejo circuito urbano de Brno, el británico Phil Read contuvo la invasión a lomos de su legendaria MV Agusta de cuatro cilindros.
Con una victoria magistral bajo el cielo checoslovaco, Read asestó el golpe definitivo para sellar el Campeonato del Mundo de ese año. Fue la victoria clave que coronó el último título mundial de la categoría reina conquistado por un motor de cuatro tiempos antes de que las 2T impusieran su dictadura de ricino durante casi tres décadas. Una oda al orgullo de la vieja escuela mecánica que se negó a arrodillarse ante el progreso sin dar una última y atronadora batalla
Si hay un lugar sagrado en el mundo para cualquier motero, ese es la Isle of Man. A mediados de agosto de 1923, se disputó la primera edición del Manx Amateur Road Races (que más tarde conoceríamos como el legendario Manx Grand Prix), la antesala de los pilotos amateurs que querían consagrarse en el peligroso circuito de la montaña.
Correr allí en los años veinte significaba enfrentarse a carreteras de cabras, polvo, muros de piedra y ovejas cruzando la pista con motocicletas de frenos testimoniales. Aquella semana de agosto se cimentó el espíritu del verdadero road racing: una competición salvaje donde no importaba el dinero ni el patrocinador, sino el valor puro de hombres dispuestos a desafiar los límites de la física sobre dos ruedas.
19 de agosto de 1944 | Las herederas de la resistencia: En plena liberación de París durante la Segunda Guerra Mundial, decenas de mujeres motoristas de la resistencia francesa cruzaron las líneas enemigas a lomos de viejas René Gillet y Terrot para llevar mensajes clave. Valientes que demostraron que la libertad se conquista a golpe de puño de gas.
23 de agosto de 1981 | El dominio absoluto de “Fast Freddie”: Un jovencísimo Freddie Spencer asombra al paddock del Mundial al conseguir un podio histórico con la rapidísima pero indomable Honda tricilíndrica de dos tiempos. Fue el aviso definitivo de que la vieja guardia del motociclismo tenía los días contados ante una nueva generación de pilotos capaces de hacer bailar a las bestias de 500cc.
Haciendo los honores al águila de Mandello del Lario que tanto nos gusta, nos quitamos el sombrero ante la moto que redefinió el concepto de “cruiser” europeo. Aunque se ideó un par de años antes, fue en agosto de 1967 cuando las primeras unidades de la Moto Guzzi V7 entraron oficialmente en servicio para la Policía de Tránsito Italiana y los cuerpos de escolta presidencial.
Por qué es especial: Porque en agosto del 67 nació la configuración mecánica que hoy en día sigue definiendo el alma de Moto Guzzi. La V7 demostró que una moto de gran cilindrada podía ser tan dura como un camión militar y, al mismo tiempo, tener la elegancia necesaria para escoltar a jefes de Estado. Una moto con tanto carácter que las patrullas americanas de la policía de Los Ángeles (LAPD) terminaron importándola años después, plantándole cara a las mismísimas Harley-Davidson en su propio terreno.
Mirando las historias de esta tercera semana de agosto mientras ajusto la tensión del acelerador en el taller del clubhouse, me doy cuenta de una cosa: es muy fácil subirse al carro ganador cuando las modas cambian. En el 74, todo el mundo corría a comprarse una japonesa de dos tiempos porque eran lo nuevo, lo rápido, lo que llevaba la corriente de los tiempos. Eran motos que entregaban la potencia de golpe, como un soplido violento que impresionaba a cualquiera.
Pero a mí lo que me pone la piel de gallina es la cabezonería de Phil Read y su MV Agusta aquel 18 de agosto. El tipo sabía que el futuro iba por otro lado, que las 4 tiempos estaban sentenciadas a muerte por la tecnología emergente. Y, aun así, el tío se plantó en la línea de salida, apretó los dientes y defendió su bandera frente a hordas de motos más modernas. Ganó por pura experiencia, por consistencia y por no traicionar los principios de la fábrica que le daba de comer.
Esa misma esencia de respeto, tradición y autenticidad es la que te encuentras cuando te pones el casco y ruedas hacia eventos que se hacen con el corazón. Sin ir más lejos, este fin de semana en la concentración del Moto Clube de Setúbal se volvió a demostrar lo que es la verdadera cultura motera. Da gusto ver una organización impecable, volcada al cien por cien con la gente, y ver cómo año tras año somos más los españoles que cruzamos la frontera hacia este país hermano. La hospitalidad portuguesa no es una pose: es su plato fuerte, un auténtico lujo que hace que te sientas en casa nada más pisar su tierra.
En la carretera, y especialmente dentro de la familia que formamos en un Moto Club, pasa exactamente lo mismo. Vivimos en una época donde la gente cambia de chaqueta, de grupo o de valores a la velocidad a la que se actualiza una pantalla de móvil. Abundan los que se apuntan a lo que está “de moda” o a lo que hace más ruido en ese momento.
A mí, con los años, cada vez me gustan más los hermanos tipo “MV Agusta del 74”. Esos tíos que defienden la posición cuando todo el mundo huye, que mantienen su palabra aunque mantenerla sea la opción más difícil, y que saben acoger al compañero con la mano abierta, como hacen nuestros hermanos al otro lado de la raya. Gente de cuatro tiempos: pesados, ruidosos, predecibles, pero con un empuje constante y una lealtad que no se agota a las primeras de cambio.
Las modas pasan rápido y se queman como el aceite de mezcla, pero el orgullo, la consistencia y el aguantar el tipo cuando las cosas se ponen cuesta arriba son las únicas piezas que te garantizan llegar al destino. Seamos de los que defienden la plaza.
Un enorme agradecimiento a la directiva y socios del Moto Clube de Setúbal por el trato, y un abrazo a cada uno de los moteros tanto españoles como portugueses con los que compartimos ruta y charlas este fin de semana.
Buenas rutas, disfrutad de lo que queda de agosto y, como siempre… ¡nos vemos en la carretera!
Tony Márquez “PicaDura”
Presidente de Moteros de Hoy MC
Saludos y ráfagas.