El pasado día 25 de octubre fue un hombre, el día 9 de noviembre ha sido una mujer, el 28 de noviembre otro hombre. Si alguien no sabía hasta dónde puede llegar la desesperación de una persona, cuando se siente tan acorralada por la dramática situación que pueda vivir su economía, ya está teniendo respuestas.
Un hombre de Granada, un intento al arrojarse desde un balcón en Burjassot, una mujer en Barakaldo, un hombre en Santesteban. Estamos llegando a la fase de la desesperación.
Sin ánimo de señalar, la ‘primavera árabe’ empezó con un suicidio. El paro no deja de arrojar datos igualmente dramáticos subiendo un puñado de escalones. El grado de desesperación aumenta y aunque la indignación no alcanza todavía a la calle, se alzan voces contra los desahucios desde todos los puntos.
No quiero mirar a Grecia porque se me desgarra el alma y me acuerdo horrores de aquello de ‘cuando las barbas de tu vecino…’
¿Qué hace el Gobierno? ¿Qué hacen los bancos?
¿Cómo se puede tener el corazón tan duro como una piedra?
Me uno al juez decano de Barakaldo al pedir un cambio legal en la normativa hipotecaria, pero mientras llega y no llega y se escriben las leyes, se aprueban, se llevan a efecto y demás… el tiempo seguirá corriendo y quizá mañana sea tarde.
¡El Gobierno debe poner la solución, que para eso gobierna! Quiere decirse que tiene potestad para ello y por eso debemos exigir que desde ahora mismo PARE TODOS LOS DESAHUCIOS.
Miren; luego buscaremos la forma de pagar a esas hienas que son los bancos, que todo lo devoran y les da igual las situaciones familiares, pero ahora mismo lo importante es la persona y no las cifras.
¿Qué fue de la reunión PP-PSOE? Mucho titular de prensa pero ¿cuántas soluciones? Una muerte más desde que iniciaron conversaciones que a ningún puerto han llegado.
Unos y otros se echan la culpa y mientras tanto España llora y lamenta. Todos nos preguntamos ¿Hasta cuándo?
Necesitamos un Gobierno para las personas. Somos un pueblo digno, con orgullo, trabajador, honrado, noble, emprendedor, cumplidor, optimista. No. No crea que estoy adulando a nadie. Los que hemos nacido en este país, nos sentimos así o al menos la gente que yo conozco.
Bueno, todos no. Los de los trajes no.
Una llamada a los ayuntamientos. Dejen de amortizar deuda (de forma extraordinaria) y atiendan las necesidades básicas del pueblo. Es su obligación y sobre todo si lo han prometido en sus programas electorales. ¡Para eso se les ha elegido!
Ni los animales que llamamos salvajes tratan tan mal a sus congéneres. ¡La ley de la selva…! Me río yo de la ley del asfalto.
‘Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano‘. Martin Luther King