Llegan estas fechas tan esperadas para todos. Unos las reciben con alegría y otros con indiferencia.
Los alegres, ven un motivo único en todo el año para unir a la familia. Son los padres los que capitanean la idea de reuniones familiares en la que juntan a hijos, nietos y sus correspondientes parejas.
Los matriarcados son seña de identidad en nuestra sociedad y no hay cosa, ni mejor regalo para una madre que poder sentar a la mesa a sus seres queridos y ofrecerles aquello que con amor, ha preparado en sus fogones.
Las viandas no se cocinan pensando en ella. Son el ofrecimiento que hace como recibimiento a este encuentro que espera año tras año.
Los indiferentes, están en contra de fechas preestablecidas y reniegan del reconocimiento social de celebraciones navideñas. En muchos casos, porque la familia cada vez está más disgregada y faltan miembros de la misma, bien por distancia o por ausencia permanente.
Otro de los motivos es el consumismo y pensar que esto, tapa la verdadera Navidad. Hablar y presumir de sentimientos son palabras huecas, pues parece que todo se hace por obligación.
Luego está esa situación que sienta en la misma mesa a los, digamos, cuñados enfrentados. Es una imagen que recreo pero que muchos pueden reconocer. En no pocas familias, antes de estos encuentros, hay verdaderos ‘tira y afloja’ por la cesión de asistir o no hacerlo.
Muchos no están dispuestos a escuchar nuevamente lo bien que le va la vida al otro o la pregunta que todo lo ‘fastidia’ de… ¿y cómo te va a ti, has ascendido ya?
Es una forma de pintar la escena para que cada uno de nosotros ponga actores y diálogos pues muchos habremos, o no, vivido estas películas.
La otra escena y que muchos no vemos o no queremos ver, es la de aquellos que no pueden decidir sin son alegres o indiferentes. Son los que no tienen dónde cobijarse. Son los sin recursos. Son los sin familia.
Estos no se pelean con el cuñado, ni disfrutan del asado.
Vivimos días de solidaridad y cierto es que muchos, con la conciencia removida, donan alimentos, juguetes e incluso dinero para los más desfavorecidos.
He participado con un grupo de amigos, en una entrega de alimentos voluntaria y les puedo asegurar que a unos cientos de metros de nuestras casas, se vive de forma miserable la Navidad. Lo he visto con mis propios ojos.
Pero no pasa nada. Esperemos a que otro lo arregle y si no, con mirar hacia otro lado estamos al cabo de la calle.
En nuestro televisor vemos la maravillosa decoración de El Corte Inglés, los Harrods o el Rockefeller Center y nosotros a lo nuestro. El ser humano, cruel por naturaleza. Aún así y a pesar de todo quiero desearles ¡Feliz Navidad!
Para aquellos que crean en la Navidad, recordad, que su magia radica en las personas.