Cuesta de enero, tiempo de rebajas, comienzan las dietas por los excesos, renovación de hábitos echados en el olvido.
Qué difícil se está poniendo lo de llegar a fin de mes, esto del euro ha sido un cuento que nos ha dejado tiritando.
Con eso de que se igualó a los 20 duros, hemos palmado poder adquisitivo de una forma escandalosa. Los redondeos fueron sorprendentes, pero lo que más me llamó la atención es que si un café costaba cien pesetas, pasó a costar 1 euro. Esto, junto a esta maldita crisis entre otras cosas, ha producido que llegar a fin de mes sea cada vez más penoso. Son muchas las familias que lo están pasando mal. Aquello de que España va bien nunca lo vi claro.
Y nadie hace nada, da igual que lo digamos mil y una veces, que no pasa nada. Nadie coge el testigo y busca una solución. ¿Qué más nos dará que el dólar esté más bajo o más alto? Si no llego a fin de mes, menos podré ir a Estados Unidos de vacaciones.
1 de enero es también; subida de la luz, agua, carburantes, butano y con valores incluso superiores al 5%. En la firma de convenios colectivos… ¿Qué digo? Ya no se firman convenios.
Lo de las rebajas es una cosa que también me llama la atención. ¿Cuánto ganarán en las tiendas para que de un día para otro pongan los precios a la mitad? Ayer 100, hoy 50. ¿Serán los mismos artículos? ¿Quién comprueba que ayer valía el doble?
Lo que si es cierto es que las tiendas están a reventar. Escuché decir alguna vez: al desnudo le hacen más dos que no uno. ¿Será por eso?
Otro punto destacable en enero son las dietas en las comidas. El que más y el que menos se ha puesto ‘morao’ de turrones, mazapanes y demás mandangas propias de las fiestas más esperadas del año y para rematar la faena, los roscones que ahora se han inventado con nata, trufa, crema y todo esto ha hecho que hayamos empezado a darle a la lechuga como locos.
Hay otra cosa típica de enero… dejar de fumar (el tabaco nos convierte en sus marionetas), comenzar en un gimnasio, elegir a qué hora iremos a dar un paseo.
Qué poca disciplina tenemos y lo que nos cuesta hacer algo. Siempre que signifique un pequeño esfuerzo nos echa para atrás.
Cuando dejé de fumar, mi miedo era por el dolor que iba a sentir, el sufrimiento que me produciría un esfuerzo de control. Necesitaba contrarrestarlo con el convencimiento de que era bueno para mí y eso me ha valido para hasta ahora vencer, pero sigo en la brega.
Que agradable puede llegar a ser dar un paseo. El momento más difícil es conseguir levantarte del sillón o de la cama para salir de casa, pero una vez conseguido esto y a los pocos pasos comienza la felicidad, por haber sido capaz y por lo saludable que es.
Decía. Ludwig Van Beethoven: Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo y acabarás lográndolo.