Quiero hablarles hoy de una prenda o complemento que tanto hombres como mujeres usaron en tiempos pasados y ahora apenas se encuentran por las calles.
Hablo del sombrero. En invierno protege del frío y en verano impide que el sol abrase nuestras cabezas.
Es curioso que cuando se trata de salir al campo, prácticamente todo el mundo utiliza un sombrero, una gorra, un pañuelo o cualquier elemento que cubra la testa.
En la playa, en los espectáculos de día al aire libre y en múltiples ocasiones, su presencia es igualmente evidente.
Pero otra cosa es en el día a día, en el cotidiano caminar por la ciudad, cuando nos movemos de casa al trabajo, de compras o paseo sin más.
En Plasencia es algo que, todavía, llama nuestra atención.
En las fechas invernales, en las mañanas frías, llevar un sombrero da calidez y es reconfortante. Les puedo asegurar que si lo usan sentirán una protección casi paternal.
En nuestros veranos, cuando el sol castiga implacablemente, resulta casi obligado. Me aconsejó mi dermatólogo hace ya unos diez años, que utilizase en mi rostro, alguna crema protectora y así lo hago. Además cubro mi cabeza con un precioso sombrero Panamá hecho a mano en Ecuador con paja Toquilla.
Llegó a mi desde lejos y traído por una mano amiga. Desde aquel día han pasado por mí, otros cuantos.
Les puedo decir que me he acostumbrado a usarlo en todas las épocas y ya cuando salgo y por algún motivo no lo llevo, echo de menos su protección.
Aún, a veces, cuando me cruzo con alguien conocido, hacen algún comentario por mi atuendo.
Decir que es recomendación facultativa parece justificar el uso y no creo que sea necesario hacerlo pero lo hago. ¿Por qué demonios tengo que explicar a nadie?
Para mí, además de la función de protección tiene otra que me encanta y es cuando me encuentro con alguna amiga. Quito mi sombrero con la mano derecha y saludo delicadamente. Se genera una fotografía del momento en que una dama recibe la cortesía de un caballero.
Deberían probar. Les gustará. Pero todo con mesura.
Decía el poeta alemán Johann Chistoph Friedrich Von Schiller: Hablar con mucha cortesía a veces conquista y otras empalaga.