Stepanakert, Nagorno Karabakh. La población de la capital está “dividida” y puede ser fatal teniendo en cuenta su situación. Manifestación en el centro de la ciudad (a continuación). Pero no todo es política, una familia me abrió las puertas de su casa, contándome la difícil situación que les trajo aquí durante la guerra.
Hace tres días, un coche derrapó al lado de un grupo de chicos y eso se considera una falta de educación en esta sociedad. (Derrapar o en general, algún movimiento extraño con el coche. Aquí se lleva mucho eso de fardar con el coche entre ellos (hablo en masculino porque las chicas aquí no tienen nada que ver, ni siquiera conducen)). Tan falta de educación es, que finalmente acabó en una pelea, y la pelea, en destrozarle el ojo a uno de ellos.
La gente denuncia este tipo de casos una y otra vez pero la policía no hace nada en consecuencia. Se dice que teniendo de referencia la revolución política de Armenia por la que la capital pasó hace unos pocos días, teniendo unos victoriosos resultados, (algún día hablaré de eso, creo que es fundamental en este blog). La oposición ha “copiado” cómo revelarse, echándose a la calle de forma pacífica, para quitar de sus puestos a los letrados que han hecho justicia sobre este y muchos otros casos con tristes resultados.
Hoy, hablando con Edgar, politólogo para Artsakh Media, comenta que es un problema el que la policía ignore los problemas internos y permita esa inseguridad entre civiles teniendo en cuenta, que el enemigo está a pocos kilómetros. Es muy importante que la seguridad se mantenga firme de parte del estado porque el enemigo busca esa vulnerabilidad. Pero entre la gente, ya no solo se habla de echar a ese grupo de jueces del poder judicial. Hay otra cuestión en la lucha; una parte quiere un cambio de políticas determinante.
Tercer día de concentración sin pausa, día y noche. La calle está cortada por la policía.
Pero… No todo es política: la gente de Stepanakert me abre su corazón.
Alisa, mi compañera de viaje y traductora (nada de esto sería posible sin ella) y yo fuimos a ver qué historias nos contaba la gente que vive aquí. Una familia de cuatro generaciones conviviendo en un mismo espacio y que muy amablemente nos recibió invitándonos a café y “miles” de dulces, nos contó la historia sobre cómo vivieron la guerra. Svetlana tiene dos hijas gemelas, por aquel entonces, tenían dos años y medio. Era diario el ver cómo “helicópteros” Azeríes (aviones de guerra) sobrevolaban Stepanakert lanzando “grad” (granizo en ruso), se les llama así porque “caen del cielo”. Pequeñas bombas que arrojaban sin ton ni son sobre la ciudad. Svetlana, embarazada de un hermanito de las pequeñas gemelas, debía ser evacuada rápidamente por su seguridad y la de su familia, de la ciudad a un sitio tranquilo. Nos contaba que, un día estando en casa, escuchó desde el jardín cómo las gemelas, aterrorizadas, chillaban “¡helicóptero, helicóptero!”. Sin pensarlo salió corriendo; cuando llegó, vio a sus hijas con una manta echada por encima, tumbadas en el suelo llorando y chillando ¡esa maldita palabra!. Cuando quiso entender porque sus hijas gritaban eso, se dio cuenta que el sonido que escuchaban era el de un tractor que pasaba por su lado y habían confundido con el de un “helicóptero”.
Esas palabras me hacen enloquecer; en cómo siendo niños saben lo que es Temer, en cómo asimilan un trauma no merecido, en cómo se hacen mayores antes de tiempo. Esto me saca de mis casillas. Soy consciente de cómo la niñez influye en el transcurso de la vida adulta y me duele pensar que estos niños deben (no es una opción) arrastrar “mil” traumas consigo. Ellos te lo cuentan adornándolo para que no sientas lo que ellos vivieron; porque su abuela nos decía “no deseo los días de la guerra que yo viví ni a mi peor enemigo, ni Azerí, ni Turco”. Ellas solo desean paz, nada más.
Aquí, abuela, nieto (hijo de Svetlana) y bisnieto.