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Marina Asensio

El Ojo Atento

Hablando con un soldado Armenio

Las expectativas para mi proyecto son inconcebibles en la realidad. Lo primero que hice al llegar a Nagorno Karabakh fue ir al Ministerio de Relaciones Exteriores para obtener mi Visa. En la cual debes escribir exactamente qué sitios y en qué fecha quieres visitarlos. En el caso de no cumplir con la fecha o salir del territorio mencionado en la Visa es motivo de deportación directa a tu país de origen. Eso ya me cerró muchas puertas porque mi intención era moverme sobre la marcha. Lo segundo y lo peor fue cuando me dijeron que la posibilidad de tomar fotografías de todo lo que tenga que ver con la fuerza Militar es nula. La policía puede pararme en cualquier momento y ver el contenido de mi cámara; toda fotografía que contenga información militar: soldados, coches de las fuerzas armadas, bases militares, edificios oficiales, radares militares e incluso de algunos pueblos cerca de la frontera, es motivo de sospecha y como consecuencia tienen derecho a borrar los documentos. Pueden creer que eres espía y eso puede pasar a problemas mayores (no es la primera vez que se da tal situación). Siquiera puedes acercarte a menos de unos cuantos kilómetros de la posición del ejército en la frontera la cual está protegida por la Seguridad Nacional. Aparte de todo esto, la realidad es que somos dos chicas,  con una estética totalmente diferente a la ordinaria, viajando “solas” (para que lo entiendan: sin un hombre), con la mochila a cuestas y eso no pasa, ni pasará nunca desapercibido. Sentimos cómo las miradas se clavan en nuestro camino y esto no nos beneficia.

De alguna manera, cuando estás aquí todo se ve con otros ojos. Entiendes qué trasfondo tiene todo esto, entiendes su historia y sus raíces. Entiendes cómo estas personas viven en un mundo diferente al tuyo. Se entiende el cómo se aferran a sus tierras, cómo sienten la necesidad de servir a su nación y cómo luchan diariamente contra lo que mató a sus familiares y su dignidad. Pero por otra parte sientes cómo dos humanos se apuntan con un arma mortal por un poder autoritario e increíblemente fuerte que nunca pensará en cómo afecta a la psicología de su sociedad. Una idea política que surge entre cuatro adinerados y sus beneficios, y no entre humanos en primera línea de batalla.

El jueves decidimos ir a Hadrut, al sur de la República de Nagorno Karabakh, donde conocimos a Vigen. Soldado activo de la Fuerzas Armadas de Armenia. Él tiene treinta y cuatro años y lleva ocho sirviendo en el Ejército. Combatió en los cuatro días de guerra de abril de 2016. Alterna catorce días de trabajo y los mismos de descanso. Su trabajo consiste en permanecer en la trinchera, a 30 metros de los soldados azeríes. Nos cuenta que escucha disparos a diario a lo largo de la línea que los divide. El más mínimo movimiento se considera ofensivo, apto para abrir fuego.

Pero algo que me sorprendió fue cuando me habló sobre la relación entre soldados azeríes y armenios. Nos cuenta cómo de vez en cuando comentan entre ellos sobre los distintos puntos de vista del conflicto o sobre su vida cotidiana. Entienden que entre ellos no hay problemas personales y respetan que cada uno defienda sus valores. Pero a pesar de todo esto, nos queda claro que, si la situación lo requiere, siempre estará dispuesto a disparar.

Esto es una situación de su día a día pero también la de todos sus compañeros de batalla. Después de todo… Deben ir a casa a cuidar de sus familias, hacer vida “normal” y volver para exponerse al peligro un día más.

Enviado desde Hadrut.

Temas

Blog del diario HOY sobre la situación en Armenia y el conflicto de Nagorno Karabaj.

Sobre el autor

Cursé estudios de Fotografía Artística en Talavera de la Reina, mi inquietud por la humanidad y la naturaleza me llevó a adentrarme en el reportaje social. Las emociones se quedan en un segundo plano en la sociedad en la que vivimos; pero todos somos humanos. En mis fotografías intento que el espectador empatice con los problemas sociales que existen, rozar el corazón que todos tenemos y erradicarlos. Mi filosofía puede resumirse en la frase "Lo efímero de un gesto, es lo eterno de una fotografía".


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