Un año más en nuestros colegios en Extremadura han conmemorado el día de la paz. Gran trabajo tienen los educadores de promover este valor universal en una sociedad en donde continuamente se suceden situaciones en donde la agresividad y la violencia es el recurso que se utiliza para la resolución de conflictos. Aunque es cierto que la agresión y la violencia no surgen de un día para otro, pues poco a poco se va fraguando en el corazón humano por medio de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos. 
La humanidad siempre recordará los sucesos tan cruentos que en un momento de nuestra historia tuvieron lugar. Hace poco recordábamos el setenta y cinco aniversario de Auschwitz pero han sido tantos y algunos tan recientes que siguen ocurriendo tan cercanamente. ¿Cómo seguir hacia delante ante situaciones como estas? ¿Por qué unas personas pueden avanzar y otras no? Tengo claro que para poder dirigirse hacia delante en la vida y promover la paz es necesario tener una mirada de esperanza. Pero para construir la esperanza es necesario el perdón. No avanzamos hacia delante sino hay perdón. Las personas en nuestro recorrido por la vida pasamos por dificultades que nos duelen, que nos hacen daño. Por eso para llegar al perdón es necesario un tiempo, un recorrido en donde hay que pasar por el dolor y la rabia para que las heridas puedan curarse y cicatrizar y no se anclen en el corazón.
«El perdón puede salvar tu vida. Jamás he encontrado algo tan efectivo como el perdón para sanar las heridas profundas. El perdón es una medicina poderosa»
-Robert Enrihgt-
Cuando aparece el dolor, aparecen aquellos sentimientos que internamente nos hacen replegarnos, quizás desconfiar y por supuesto no querer volver a pasar por ello y pasarlo mal. Podemos tener este momento de tránsito, pero si como bien decía queremos tener una mirada hacia delante no podemos anclarnos en esta situación, dejando que este dolor nos quite libertad de maniobra y el determinismo de la violencia que se mantiene por el modelo lineal de víctimas y culpables, nos situé en bandos y nos encorsete en etiquetas. Pues el peligro que corremos con las etiquetas es el de generar enfrentamientos. 
El perdón es un acto que procede de nuestra voluntad, es una decisión. Muchas personas apuestan por ello. Víctor Frankl psiquiatra vienés de origen judío vivió en primera persona los campos de concentración de Alemania. Durante su permanencia allí escribió su famoso libro “el hombre en busca de sentido”, en donde redacto que a pesar de vivir lo vivido en ningún momento no permitió que nada ni nadie le quitara el poder de decidir como quería vivir aquel momento. Nos dejó este libro como legado en donde al final quedó escrito: “Nuestra generación es realista, pues hemos llegado a saber lo que realmente es el hombre. Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Israel en sus labios”.
Todo esto me hace pensar como la paz y la esperanza es posible solo cuando el perdón puede convertirse en el mejor bálsamo posible para curar nuestras heridas, y dejar paso al corazón para volver a apostar por el amor y así poder recomenzar y mirar hacia delante.