Hubo un momento en nuestra historia en que la fuerza de una melodía irrumpió de tal manera que pudo dar tregua a una guerra: era la primera Guerra mundial, el año 1914. La melodía: Noche de paz. Soldados de diferentes bandos pudieron ser capaces de bajar sus armas en la noche de la Noche buena. Ellos encendieron la Navidad y eso les hizo formar parte de ella. ¿Te animas tú también a encenderla?
Hay momentos en la vida que uno vive en la oscuridad, o al menos a veces en una luz tenue donde se hace difícil ver las cosas con claridad y ante eso el corazón anhela esa luz que le permita ver de nuevo las cosas de otra manera. En esa búsqueda incesante uno trata de aferrarse a lo externo, y a veces
equivocadamente se puede enganchar a cualquier destello o reflejo para atisbar algo de esperanza. Pero es cierto que no vale cualquier cosa. Porque lo que vale no es lo que está fuera sino lo de dentro, lo que reside en el corazón.
A veces, está como dormido, es necesario despertarlo y que no solo venga a nuestro recuerdo como aquello que estuvo presente en un tiempo atrás, sino para encenderlo y que prenda de tal manera que pueda permanecer para siempre. Eso es lo que trae la verdadera Navidad, que llama a nuestra puerta cada año con la intención de hacer acto de presencia inundándolo todo para poder contemplar la realidad de una manera diferente.
Es necesario preparar el corazón, pues todo encuentro es más verdadero cuando así sucede. Soltar todo aquello a lo que permanezco aferrado, y estar abierto a la novedad ayudará a que en un determinado momento se produzca ese click: algo toca tu interior y se establece una conexión especial con esa Luz que hace que todo a tu alrededor parezca nuevo. Y así es pero no es que sea algo mágico, aunque es cierto que la Luz viene de fuera lo que favorece esa conexión especial es que tú has decidido tenderle la mano, acogerla. Ahí es donde comienza un camino de transformación. Y así es porque la Navidad no es cualquier cosa, sino que viene a tu vida para darte esa nueva oportunidad para hacer el cambio que tú quieres en ti. Hacerlo tuyo y tu compromiso personal para hacerlo posible te ayudará a formar parte de una eterna Navidad, y así poder ser portador de esa Luz para otros.
“De igual modo que una vela enciende otra y llegan a brillar miles de ellas, así enciende un corazón a otro y se iluminan miles de corazones”.– León Tolstoi-
Cuando eres participe de esa luz, cuando ha llegado a ti y se ha producido ese encuentro te conecta de tal manera que cambia tu mirada sobre la cosas que vives: esa luz es valiosa. Es cierto que puede irradiarse hacia el exterior pero otras veces también puede guardase. En algún momento de nuestras vidas todos buscamos personas que nos aporten luz. La Navidad es un buen momento para que aquellas personas que hemos recibido esa luz podamos ser portadoras de ella y llevarla a los demás, y aquellas que están en esa búsqueda quizás de algo distinto para iniciar un cambio en su vida, estén atentos para descubrirlas y encontrarlas para que así ellos puedan también convertirse en personas de luz y ser portadoras de ella.
“Eres también luz de Navidad, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás
con la bondad, la paciencia, alegría y la generosidad”.
-Papa Francisco-
La Luz de la Navidad, no puede agotarse, tiene que expandirse a lo largo de todo este año, como la estela que dejo aquella estrella en una bendita Noche de Navidad, tú también puedes encenderla y ser parte de ella.
Con mis mejores deseos: ¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD!