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César Hernández

Pensamientos de Luz

Érase una vez el mejor cuento del mundo

– ¿Queréis que os cuente el cuento más corto del mundo?

– Síiiiiiiiiii.

– Érase una vez… colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Lo que empezó como una broma y entretenimiento para mis niñas, se convirtió en motivo de disertación para el padre.

No en vano, se trata del principio y fin del cuento de cada una de nuestras vidas. Todos, al nacer, traemos escrita la primera frase del cuento y, al morir, nuestro cuento se termina de escribir con esa última frase. Lo que ocurre entre ellas, es lo que transcribimos al vivir.

Desde el mismo momento del alumbramiento, nuestra historia se vuelve única, por nuestras características físicas, el entorno en que se produce, nuestras primeras reacciones a los estímulos de este mundo… algunos detalles más sutiles que otros, pero todos hacen de nuestro primer capítulo, una historia genuina.

Los siguientes capítulos se verán, sin duda, condicionados por el contexto social, época o lugar de nacimiento. Unos vivirán en un castillo con una enorme torre, otros cuentos se desarrollarán en una casita en el bosque o, incluso, en lo alto de una montaña. Sin duda se trata de unos años en los que, por suerte, vivimos tan emocionados y absortos de todo lo que ocurre alrededor, tan dedicados a jugar, aprender y a vivir, que no somos conscientes de la transcendencia de los caminos que elegimos tomar. Son esos caminos que nos llevarán a encontrar la madriguera del país de las maravillas o a cruzarnos con unos cuantos lobos que nos pondrán a prueba. Y si bien no son definitivos, estos capítulos sí que suelen marcar el género de nuestro cuento, ya sea comedia, drama, de aventuras o acción.

Si bien, dentro de un mismo cuento, la trama puede dar muchas vueltas y encontrarnos con giros inesperados. Unas veces se producen en los primeros compases del cuento, otras con la historia más avanzada, e incluso en ocasiones, simplemente sucede en el desenlace. Sea cuando fuere, estos giros, caso de producirse, coincidirán con el despertar de nuestra autonomía.

Esta emancipación de las condiciones del entorno es la que hará que nuestro cuento se parezca a las aventuras de Tom Sawyer o a las de Peter Pan, dependerá de si somos de los que construimos la casa de paja, madera o ladrillos o si nos consideramos un patito feo o el príncipe azul.

Pero no te confundas, los cuentos de la vida no siempre tienen un final feliz. Es posible que a Willy no lo liberen y muera a manos del capitán Ahab, mientras Moby Dick muere atragantada por tragarse a Pinocho. Quizá la Bestia decidiera irse con el jorobado de Notre Dame y la bella termine fregando suelos mientras sus hermanastras se casan con Alí Baba por su dinero. En otros cuentos, mientras Hansel se queda con la bruja que le da lo que quiere, Gretel se disfraza de princesa y besa a todos los sapos que se encuentra, en busca del príncipe que no llega.

Páginas en blanco, esperando ser escritas

Páginas en blanco, esperando ser escritas

Y entre tanto, la vida pasa, los capítulos se escriben y el cuento llega a su fin, sin apenas tiempo de mayores explicaciones. Lo escrito, escrito está, no existe Tipex ni Delete, un cuento vivido en directo cuyos testigos contarán en diferido. No importa cuántas páginas contenga, pues el tiempo es un regalo; no importa que sea de pasta dura o blanda, pues por mucho que lo quieras adornar, lo realmente importante es el contenido. Lo único cierto es que, al terminar, tras el colorín colorado, nadie sabe si se termina el cuento o si tan solo se trata del final de un tomo, de toda una colección, de todas las que hay en una balda de una gran estantería, de todas las que se encuentran en una habitación de una inmensa biblioteca que no hace más que crecer y crecer.

Y como así lo creo, mi epitafio no quiero que hable de ningún cuento acabado. En su lugar, al final de mi cuento escribiré: “Continuará…

Pensamientos de Luz

Sobre el autor

Ingeniero por vocación, coach por devoción, con el coaching y el Reiki he encontrado el equilibrio perfecto entre lo empírico y tangible con lo imperceptible y espiritual. Mi fascinación por la capacidad de la mente, generadora de realidades, y sus efectos sobre el mundo material, es la excusa perfecta para desgranar cualquier frase, sentimiento o pensamiento.Este blog nace con la simple intención de compartir mis soliloquios y divagaciones, sin más, así es que, si te gusta lo que ves, entra y coge lo que quieras.


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