A veces, no queda otra que rendirse a uno mismo.
Salir de ese sueño para vivir la realidad, duela lo que duela.
Darse cuenta de que no es oro todo lo que reluce, pero… ¿quién necesita oro?
A veces sólo quieres desparecer, aunque te conformarías con volar de vez en cuando con los pies en la tierra… Y es que… ¿quién necesita alas?
A veces miras a alguien y te ciega todo eso que te hace sentir… y cuando eso pasa… ¿quién necesita sus ojos?
A veces la duda te invade y el miedo a pisar fuerte sobre esa baldosa que se tambalea bloquea la vida con la sueñas cada noche.
Romper las reglas provoca una enorme incertidumbre… pero, ¿quién necesita reglas?
A veces un segundo cambia tu vida y otras, tu vida no cambia ni por un segundo.
Decidir cambiar tardes aburridas de domingo por tardes de locura que nunca te atreviste a vivir… decidme… ¿quién necesita tardes aburridas?
Estar vivos, sentir, llenar tus pulmones de aire y que tu corazón bombee con fuerza… ¿Quién da más?
Locos, todos aquellos que viven, porque vivir es de locos.
Atreverse a vivirla.
Arriesgarse a sentirla.
Decidir saborearla.
Lanzarse a ella y comérsela, aunque sea sin patatas.
Lucía Madera del Río