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Lucía Madera del Río

Positiva-Mente

Beneficios de una sexualidad positiva

 

Si vamos a caer, que sea en la tentación.

El sexo es una parte fundamental, básica y esencial en nuestras vidas.

La importancia de una sexualidad sana y positiva está al mismo nivel que cualquiera de los ámbitos sociales y emocionales que nos preocupan y ocupan nuestra vida diaria. La sexualidad forma una red de vivencias que son básicas en el desarrollo, crecimiento y maduración del ser humano.

Biológicamente estamos preparados y capacitados para que el sexo, no sólo forme parte de un proceso de reproducción,  estamos física y mentalmente preparados para disfrutar de él.  Hoy quiero que nos centremos en la importancia emocional y social de una vida sexual satisfactoria.

Poco a poco estamos quitando esa densa barrera que nos impedía hablar de nuestra sexualidad con normalidad, pero aún en ciertos ámbitos de esta sociedad, sigue siendo un tema tabú que, desde mi punto de vista, sólo crea inseguridad y desconfianza en uno mismo.

Desde la educación y el trabajo de una sexualidad positiva, no se pretende ni se fomenta el libertinaje o el desfase sexual, sino que se lucha por el cultivo de una buena y saludable educación y una formación sexual satisfactoria. Una sexualidad positiva es fundamental en el desarrollo personal y la satisfacción a todos los niveles de un sujeto.

Las consecuencias psicológicas de cualquiera de los impedimentos que tenemos a la hora de disfrutar del sexo  pueden afectar a todos los niveles emocionales y sociales de un individuo.

Una vida sexual satisfactoria tanto individual como en pareja, es fundamental para el desarrollo de una estabilidad personal y emocional que, al agrietarse, podría tener consecuencias negativas a corto y a largo plazo. El buen trabajo para la consecución de esta mirada apropiada hacia la sexualidad potencia significativamente nuestro bienestar.

A corto plazo un trato normalizado y satisfactorio de nuestra sexualidad podría evitarnos miedos y ansiedades innecesarias. Estos tabúes suelen comenzar en la niñez. Nuestra cultura está avanzando lentamente a la hora de educar sexualmente de una manera positiva a nuestros niños.

Querría destacar este punto, ya que me parece uno de los principales pilares que pueden evitar posibles problemas en un futuro. Además, crear un vínculo de confianza entre padres e hijos (respetando siempre las limitaciones adecuadas) fomenta un círculo familiar de seguridad y tranquilidad. Este punto debe estar equilibrado con otro propósito importante: respetar la intimidad de la persona. Por lo que, en resumen, debemos informar  y enseñar que la vida sexual es algo fundamental y que debe ser sana y normalizada y, a la vez, educar en valores de intimidad y respeto en este ámbito.

Luchar por una vida sexual normalizada comienza con una educación basada en valores de intimidad y libre de tapujos y miedos.

A largo plazo, las consecuencias de una sexualidad nula o poco satisfactoria nos mina emocionalmente, debilita nuestra confianza y seguridad; reduce significativamente nuestra autoestima y provoca sentimientos de frustración y fracaso, disminuye de manera importante la libido natural, las ganas de innovar y el deseo sexual desaparecen poco a poco, hasta que el sexo se convierte en un mero trámite que crea sentimientos de resentimiento y, por supuesto, descontento en niveles afectivos y anímicos.

Es triste, que en la actualidad, este problema aún se repita con tanta frecuencia.

El primer paso para la superación de este problema necesita la valentía de considerarlo como tal, un problema a superar. La ambición de vencer estos miedos o baches que entorpecen nuestro crecimiento e influyen negativamente en la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, no sólo nos librará de tabúes, sino que nos proporcionará un crecimiento emocional y afectivo que se verá reflejado en una mejora física y mental, en un bienestar general necesario.

Luchemos por una vida sexual normalizada y trabajemos por una sexualidad satisfactoria y saludable.

 

Lucía Madera del Río

 

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Sobre el autor

Lucía Madera del Río (@lmadelrio) es psicóloga y terapeuta de conducta emeritense especializada en temas de salud mental y nutricional. También es la ideóloga del proyecto Positiva-Mente, basado en la psicología positiva.


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