Reírse siempre ha sido el símbolo de felicidad, el polo positivo que contraponía al llanto.
Llorar, por motivos emocionales (no el provocado por el dolor o el sufrimiento físico) se ha considerado normalmente un signo de tristeza y debilidad. Hoy explico por qué estas afirmaciones no son ciertas y hablaremos de los beneficios que obtenemos al llorar.
Como ya sabemos reírse tiene numerosas ventajas a nivel psíquico y fisiológico. A nivel físico la risa, favorece la prevención de infartos, reduce la presión arterial, refuerza el sistema inmune, mejora la respiración, facilita la digestión y tiene un efecto tonificante en la piel. A nivel psicológico, reírse alivia síntomas de la depresión, elimina el estrés y la ansiedad, incrementa seguridad, confianza y autoestima, facilita habilidades sociales, descarga tensiones y ayuda a desfogar y canalizar sentimientos negativos y potencia la creatividad
Que la risa es positiva siempre lo tuvimos claro, pero cuando hablamos de llorar nuestra expectativa de las consecuencias cambia.
Actualmente investigadores destacados aseguran que los efectos saludables de la risa son muy parecidos a las del llanto. Aseguran que llorar no sólo viabiliza el desahogo y ayuda la distensión de emociones negativas, sino que aumenta la capacidad de razonar con más lógica aquella situación que vivimos.
Normalmente hemos asociado el hecho de llorar con estados de ánimo bajos o incluso depresivos. Lejos de la realidad, está demostrado que los pacientes depresivos lloran menos que las personas que no sufren este trastorno del estado del ánimo. Este hecho se explica con una sencilla razón: los pacientes depresivos muestran más indiferencia y apatía, menos pasión y un aumento en el aislamiento de la realidad que les rodea, es decir, poco les hace reír, pero también es poco lo que les hace llorar.
Ante una circunstancia o situación determinada que nos produzca sensaciones, emociones o pensamientos negativos es conveniente y beneficioso para su salud física y mental llorar.
Por lo que esa asociación que teníamos del llanto con la debilidad es completamente falsa. El ser humano, es muy complejo y, debido a ello, tiene mucha carga emocional. Aprender a canalizar estas cargas emocionales es necesario para tener una vida sana y equilibrada. Muchos no nos permitimos llorar por esa falsa premisa sin fundamentar en la que creemos que mostraremos flaqueza emocional pero, justo lo contrario, hay que saber cuándo se necesita llorar y afrontar este hecho como lo que es, un hecho normal, saludable y necesario. Nuestras emociones necesitan conseguir un equilibrio y nunca debemos reprimir ni esconder ninguna de ellas, sólo aprender a manejarlas de una manera positiva y sana.
Los beneficios del llanto se extienden a todos los niveles y, como la risa, llorar es saludable tanto física como mentalmente. Los dos procesos están estrechamente vinculados con una función que nos permite descargar tensiones y regular y equilibrar las emociones de nuestro organismo.
En primer lugar, llorar hace que emociones negativas tales como la rabia, ira, tristeza o miedo se canalicen de una manera mucho más positiva, las reduce en intensidad y las modifica a nivel cognitivo al canalizarlas.
Llorar nos ayuda en la aceptación de la situación que se nos presenta, la circunstancia que nos daña o en la superación de realidades dolorosas. No sólo aumenta la aceptación, sino que fomenta el aprendizaje y la racionalización de nuestros diferentes problemas.
Además nos facilita la expresión de nuestros sentimientos y emociones, es una forma más de transmitir lo que sentimos, bien para desahogarnos, desfogarnos, pedir ayuda o simplemente canalizar y conseguir una distensión emocional que nos bloquea.
No sólo produce beneficios el hecho de llorar, sino que las consecuencias del llanto también son muy positivas. Después de llorar aparece un sentimiento de descanso, liberación y alivio.
Llorar, al igual que la risa, libera estrés, sacia ansiedades y calma rabias e iras, disminuye tensiones tanto emocionales como físicas.
En conclusión, ya basta de asociar el llanto a fragilidad, aumentemos nuestra inteligencia emocional, entendamos las emociones como algo que disfrutar y que sacar provecho. Si te apetece llorar… ¡llora! No te avergüences, no escondas tus lágrimas al igual que no escondes tu sonrisa, tus lágrimas no muestran debilidad sino valentía y conocimiento.
Alivia tus pesares, disminuye las represiones, si te apetece llorar… llora.