La plenitud en cualquiera de sus vertientes es un estado que se basa en la satisfacción y armonía con uno mismo, en un rebosante bienestar que conlleva mayoritariamente sentimientos y emociones positivas y que se alarga a lo largo del tiempo.
Es un estado de fortaleza y seguridad, en el que exploramos, desarrollamos y exprimimos todas nuestras herramientas y opciones para sacar el máximo partido a cada situación.
El camino a recorrer parar llegar a la plenitud personal no es fácil. Es un camino pedregoso que debemos recorrer paso a paso para llegar a la ansiada meta.
Hoy en día, estamos inmersos en una sociedad en la que la inmediatez y las presiones nos impiden pararnos a reflexionar y afrontar de manera constructiva las situaciones que se nos presentan. Es fundamental que este proceso de enfrentamiento a la realidad se haga de una manera meditada, con unas metas claras, considerando el porqué y el cómo vamos a responder a estas diferentes situaciones que nos puedan resultar problemáticas o que nos afecten de manera negativa en algún ámbito de nuestra vida.
Cuando se nos presenta un problema, solemos buscar una rápida solución que consideramos como mejor opción. Actuamos directamente y, muchas veces no detenemos el reloj para pensar en las diferentes opciones y consecuencias que ese acto conlleva.
El caos y la incertidumbre psicológica que una situación complicada nos produce causa una sensación de incomodidad la cual necesitamos solventar, esta necesidad nos conduce muchas veces a la inmediatez, obviando así, muchas opciones y herramientas que tenemos a nuestro alcance.
Es importante que tomemos conciencia de la situación, analicemos nuestra realidad y consideremos diferentes puntos de vista.
La toma de conciencia es un proceso en el que meditamos cómo hemos llegado a este punto, qué factores han causado esta situación y hasta qué punto nos está afectando tanto social como afectiva y emocionalmente.
Ser conscientes de nuestra realidad, nos ayudará a conocer mejor las causas y los componentes que rodean al problema. Por lo que es necesario mirarse al espejo con la mente abierta, sin miedos ni inseguridades.
El siguiente paso se basa en la organización. Ya tenemos claro qué nos pasa y porqué nos pasa, ahora es el momento de analizar diferentes opciones y herramientas de afrontamiento para solucionar el problema de la mejor manera posible, de la manera más constructiva y beneficiosa.
Este paso supone un tiempo de reflexión, es aconsejable apuntar opciones y meditar hacia dónde nos lleva cada camino. Debemos tener en cuenta que esa solución debe crearnos un equilibrio emocional con nosotros mismos, es decir, debe ser coherente y congruente. Actuar como otra persona lo haría no hará que te sientas mejor, cada persona tiene unos pensamientos, ideas o creencias que debe respetar, unos sentimientos y emociones que deber escuchar y una forma de comportarse que tiene que valorar. Por lo que este proceso es individual e interno.
Llegar a este equilibrio es llegar a un punto de satisfacción bastante alto, mantenerlo a lo largo del tiempo producirá un crecimiento personal exponencial.
Este crecimiento y desarrollo fortalecerá nuestros pasos, aumentará seguridad y autoestima, fomentará nuestra autonomía y nos hará tomar el control emocional de nuestra vida, consiguiendo así la plenitud psicológica.