Tengo la fortuna de pasar parte de mi semana rodeado de chicos y chicas adolescentes y son muchos los que hacen de sus vidas un camino de crecimiento y madurez y en estos nos vamos a detener hoy. He celebrado una sesión de reflexión con 29 adolescentes de primero de bachillerato, entre 16 y 17 años, sobre la historia de una mujer soltera con un trastorno depresivo mayor. Se entregó una copia del caso a cada participante, se leyó la historia aclarando las dudas que iban surgiendo. Concluida la lectura y analizado el caso se les pasó una encuesta con 4 preguntas.
La primera cuestión es en qué se puede encontrar sentido en la vida, la segunda es si sus vidas tienen sentido, la tercera versa sobre qué harían si un amigo suyo perdiera el sentido para vivir y, por último, crees que el suicidio es una solución a los problemas personales. A todos se les entrega un folio y en silencio responden las cuestiones, al final de la sesión se recogen y se comentan pasados unos días.
A la primera pregunta contestan que el sentido de la vida les viene a través de la familia, de los amigos, de las personas que les quieren y de las creencias. Algunos, en concreto ocho, también afirman que del esfuerzo, del trabajo personal y de los planes de futuro.
Con respecto a si tu vida tiene sentido, todos dicen que sí a excepción de dos. Uno comenta que está pasando mala racha pero está convencido de que pasará y el otro afirma que se encuentra en pleno proceso de crecimiento y madurez y que aún no lo ha alcanzado pero que lo logrará (esta personas ha confundido, analizando sus respuestas, sentido actual de la vida con el nivel madurativo).
En cuanto a qué hacer con ese hipotético amigo que se ha quedado sin sentido para vivir nos encontramos con bastantes y sugerentes respuestas que van desde escucharle con tranquilidad, apoyarle y que se sienta querido, mostrarle todas sus cualidades y valores, invitarle a salir para que se entretenga, acompañarle para que no se quede solo, no presionarle ni hacerle muchas preguntas para no molestarle.
En cuanto a la última cuestión sobre el suicidio como conducta que soluciona los problemas todos coinciden en afirmar que no optarían por él. Una gran mayoría lo respeta aunque no comparte dicha conducta y tan solo 3 creen que es una salida espantadiza a los problemas personales. Creen que a esas personas hay que ayudarles para que recuperen el deseo de vivir y hacerlo sin críticas para que no se sientan culpables, porque eso empeoraría la situación.
A pesar de ser un grupo de chicos y chicas muy jóvenes, sus respuestas son respetuosas y muy acertadas y esto me ha animado a escribirlas y compartirlas con las personas que se acerquen a estas líneas. Es cierto que la adolescencia es una etapa difícil en la que surgen conflictos con los adultos y con ellos mismos, pero también es cierto que son años cargados de solidaridad y en la que se crece desde lo vivido en las familias, en los centros educativos y con los amigos, de ahí que sea tan importante el ejemplo que les damos los adultos.