JESÚS MUÑOZ GARCÍA | ¿Quién no ha oído hablar de La Alberca? Pueblo serrano en la cercana Salamanca y peculiar por su arquitectura y conformación urbana. Pues resulta que a su alrededor se puede disfrutar de bonitos bosques y hendiduras producidas por el río Francia y otros a los que sólo se puede llegar caminando. Son los privilegios de los senderistas. Podemos acceder a sitios que no llegan los coches, las motos, los quads y por ello nos sentimos agraciados.
Como asociación abierta a que todo el mundo aporte, se eligió una ruta en estos entornos a instancias de algunas miembras y si la palabra suena mal, me acojo a la licencia de autor. Quizá en alguna otra ocasión tenga que hacerlo y principalmente para destacar que El Bordón lo conforman en su mayor parte, mujeres.
La aceptación fue tal, que fletamos dos autobuses y alrededor de cien personas, nos dispusimos a descubrir ese maravilloso entorno del que nos habían hablado.
Las poblaciones que atravesamos nos trasladaron a otras épocas quizá, donde las justas y los torneos eran actividades ordinarias. Miranda del Castañar con su castillo y defendido por murallas. Disfrutar Miranda es sencillo y se hace simplemente paseando sus calles observando sus casas, bellos rincones, iglesias y diversos balcones con vistas a la sierra.
Nuestro primer tramo destaca por la bajada hacia el arroyo y el encuentro en medio del bosque de extrañas siluetas en formación de sillas, hechas con hierro. Un contrapunto que alcanza casi el buen gusto y su enclave, sobre todo, por lo intrincado del lugar. Aquí, el puente de los ‘Tres ojos’ te hace preguntarte, cómo llegaron allí sus piedras, por el tamaño y para tan magna obra. El agua está presente como elemento principal y la vida surge en todo lo que nos rodea.
Nos encaminamos por un camino de herradura a Mogarraz y en llegando, el Medievo de este conjunto histórico, nos muestras estrechas calles, fachadas con entramados serranos de madera y balconadas típicas con influencias del mundo árabe y judío. En su plaza mayor, de forma ovalada, se celebran festejos taurinos.
Hasta aquí nos respetó el tiempo, pero tras un descanso, comenzó a asomar una fina lluvia que nos acompañó hasta el final. Las cosas se ven de otra manera bajo una capucha o un paraguas y el tiempo parece que apremia para llegar al destino con lo que la ruta, hasta ahora espléndida, se trocó en un simple, trecho a cubrir por las inclemencias. Aún así, no pudimos dejar de sorprendernos por la aparición de distintas canalizaciones a modo de levadas como las que existen en Madeira y que conducen el agua entre Mogarraz y Monforte. Paisajes intrincados, vegetación exuberante.
Las siguientes dos horas, pusieron a prueba nuestras indumentarias, los gore-tex y los cubre mochilas. Algunos más que otros nos mojamos de lo lindo, pero como, sarna con gusto no pica, llegamos aLa Albercacon el ánimo de probar un plato caliente de patatas ‘meneás’ o bien alubias del lugar y como no, cumplieron con las expectativas que habían levantado.
Una jornada de relación social al uso en nuestras andanzas, con una buena dosis de ejercicio saludable, conocer un nuevo lugar para muchos y recarga de pilas, para encarar otra nueva semana.
El agua es el elemento y principio de las cosas. (Tales de Mileto)