El otro día fui con dos amigas a Body Bell para comprar champús con una promoción de 2X1 que hay. Como queríamos evitar comprar pintalabios, rímel, sombra de ojos… productos que siempre caen en la cesta de la compra cuando damos una vuelta por la tienda, más por consumismo que por necesidad, en este caso, fuimos directas hacia la planta de arriba, donde estaban los productos que de verdad nos urgían.
Sin embargo, justo antes de llegar a las escaleras, estaba la sección de perfumería y, sin darnos cuenta, nuestras manos se fueron directas a coger las muestras. Lo curioso era que no estábamos en la parte de perfumes de chicas, sino en la de chicos, y, mientras nos sentíamos tontas, nos emocionábamos a la vez, buscando, entre tantas como había, las fragancias de nuestros ex novios.
Allí estábamos las tres, comparando unos olores con otros, diciendo: “Pues este puede ser el que utilizaba el mío, o tal vez este, o quizás este otro”. Sin darnos cuenta, echamos media hora allí, tristes y melancólicas a la vez, recordando el momento en el que nuestras ex parejas nos abrazaban, pegaban su cuerpo al nuestro y sentíamos esa fragancia que ahora poseíamos en nuestras manos.
Al salir de Body Bell, además de llevar el 2X1 en champús, en nuestros bolsillos llevábamos el papelito para oler las muestras con las fragancias de nuestros ex. Para momentos de melancolía extrema. ¡Qué kamikazes somos las mujeres!