En la escuela, los primeros años de infantil nos enseñaban a leer con imágenes. Nos mezclaban dibujos y textos. A veces, resultaban un tanto incoherentes. Uno, que me llamaba especialmente la atención, te venía a decir que un niño se estaba comiendo (dibujo de un cuchillo y un tenedor cruzados) un bocadillo. Quien ideó semejante ‘mensaje’ seguro que también cortaba con cubiertos el jamón. También recuerdo otro en el que te dibujaban un símbolo de beber y un cartón de leche… con la de veces que me habrá llamado la atención mi madre por chupar directamente del envase.
Sin embargo, lo más socorrido en estos temas, eran los animales. Te dibujaban toda la granja: los patitos en el estanque, las gallinas poniendo huevos, los conejos comiendo hierba… Pero por muy ameno y atractivo que fuese para la vista, querías que a ti te mandasen leer libros con solo texto o, como mucho, con una imagen grande cada pocas páginas. Eso significaba progreso, que eras de ‘los mayores’ de la clase.
Ahora, en cambio, parece que nos estamos volviendo todos tontos con los emoticonos de Whatsapp. Si estamos enamorados, abusamos de frases con muñequitos con corazones y con animalitos tiernos. Si estamos tristes o cabreados, también tenemos muecas detestables de sufrimiento y dolor para añadir a nuestro texto. Y para cuando no sabemos qué cara poner, tenemos la de “El grito” de Munch, que resulta más cómica que siniestra, o la de La Gioconda, para mostrarnos enigmáticos. Sustituimos adjetivos y sustantivos por muecas expresivas.
Pero esto va más allá. Cuando vamos a tomar un café, ponemos el emoticono de una taza, y cuando queremos decir que estamos viendo la televisión, la pantalla de un televisor destaca en el mensaje de nuestro Whatsapp. Ya ni siquiera poner un OK puede considerarse economía del lenguaje, ahora un pulgar levantado es más corto y explícito. Decir un ‘me aburroooo’, dándole mucho énfasis a la ‘o’ final, antes podía funcionar, pero ahora, si no pones la caquita con los dos ojos para añadir lo típico de ¡vaya asco de vida! o ¡la vida es una mierda!, estás fuera de onda.
Para rematar, la semana pasada me mandaron al Whatsapp un juego de emoticonos de averiguar películas. Los tres primeros, tenían su gracia, luego deja de ser sorprendente por la cantidad de combinaciones posibles que hay. Aunque, a decir verdad, prefiero cadenas de mensajes cómicas de este tipo a las típicas de ‘si no pasas esto a diez contactos en menos de veinte minutos, el amor de tu vida morirá’. Mucho mejor los juegos de palabras con imágenes que nos llevan acompañando desde que aprendimos a leer en nuestra infancia que el rollo médium y místico.
El lenguaje de los ‘sms’ ya ha decaído. Podría decirse que ahora estamos adentrándonos en el lenguaje de los emoticonos. Empiezan a ser una pieza comunicativa importante en nuestro día a día, una manera más amena y efectiva de captar la atención de nuestro destinatario en Whatsapp.