Día 6, campamento ‘Rico’.
Día soleado, la temperatura mínima fue de -13ºC. ligera brisa de 7 – 11 km/h de viento Nordeste con rachas moderadas de 20 -29 km/h con sensación térmica de -26º C.
Si queréis situaros durante nuestro recorrido en un mapa interactivo de Svalbard hacer clic aquí
La mañana nos despertó el calor que había dentro de la tienda de campaña. Medimos la temperatura y nos sorprendió los +15ºC que teníamos, pero, al salir a hacer el primer piss fuera, la cosa seguía igual de gélida como todos los días.
El brillante Sol y la poca brisa nos animaba a explorar el lugar. El paisaje nítido y el azul del cielo contrastaban con el hermoso paisaje blanco del enorme valle de Bünson Land.
La ruta marcada para este día, sería remontando el valle hasta el fondo de este, para luego virar hacía el siguiente paso de montaña.
Al mirar el mapa, vimos marcado un cuadradito negro cerca del río helado que estábamos remontando. Correspondía a la única cabaña de emergencias de todo el valle. Decidimos que pararíamos a tomar un picnic al abrigo de esta.
Jamás habíamos visto ninguno de nosotros tal cantidad de nieve a nuestro alrededor. Si haber estado en la Antártida se nos antojaba un paisaje parecido. Todo el valle franqueado de montañas de paredes verticales cubiertas de nieve virgen recién caída de la noche antes.
Abrir huella con los esquís sobre esa nieve pura nos inspiraba durante el avance a pesar del freno que hacían las pulkas. Había que tener especial cuidado y protegerse de la gran refracción del sol, o nos quemaría la poca piel que quedaba al aire y como no! ir siempre con las gafas de sol más oscuras que llevásemos.
A lo lejos encontramos la cabaña marcada en el mapa, al acercarnos a ella, nos llevamos un pequeño chasco, estaba clausurada por el mal estado. Pesamos, si en algún momento necesitásemos guarecernos, agarraríamos una palanca de hierro que había apoyada cerca de la puerta apuntalada y para adentro..
Durante la merienda al abrigo de la cabaña abandonada, el viento comenzó a subir por el valle. Era un aviso y la hora de recoger y seguir nuestro camino hacia el fondo del valle.
Al ir cerca del rio Gipsdalselva del valle, pudimos ver el efecto llamado de ‘overflow’. Se trata de una inundación de agua helada pero en estado líquido que rebosa por encima del hielo, y que a veces está tapada por nieve recién caída. Esta situación puede entablar cierto peligro, ya que, sin darte cuenta entras en una zona de ‘arenas movedizas’ que te puede hundir y empapar.
Decidimos rodear las zonas azuladas del valle, a fin de evitar esas ‘arenas movedizas’.
El viento, nuestro enemigo
Remontábamos el valle siguiendo una huella dejada por las dos únicas motos de nieve que pasaron cerca. La subida fue cómoda al ir pisando las roderas. Solo bastaron unos 200 metros de desnivel para darnos cuenta que la nieve era de otra calidad, más consistente y asentada, lo que ayudaba a deslizar con menos resistencia las pulkas.
De pronto, el suave viendo procedente del mar roló, y nos comenzó a golpear de frente. La sensación térmica bajó de repente helando manos y cara. Había que seguir, pero antes, parar para coger un par de manoplas más gruesas, otra bufanda y colocarnos las gafas de ventisca para cubrir aun más la cara.
Un par de kilómetros más tarde, se intuía el paso de montaña, pero ya era tarde para comenzar a subir, y decidimos parar con más tiempo esta vez, y recrearse en montar el campamento. Esta vez la nieve asentada facilitaría el montaje de la tienda y sobre todo podría instalar mejor los postes de la valla de alarma perimetral.
Campamento ‘Rico’
Con qué poco nos conformamos, pensamos, hoy hay nieve asentada en una superficie completamente llana para dormir, y encima, esta vez, podemos admirar el majestuoso paisaje.
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