O también llamado el aprecio/desprecio hacia la increíble cultura latina.
Miércoles por la noche, juega el Elche y no funciona la televisión. Y mira que a los de Badajoz, el Elche como que no nos quita mucho el sueño. Pero si pago por algo, quiero que funcione. Qué narices.
Pues nada, a llamar a la compañía de turno. Aquí no me decanto por ninguna, porque el servicio de pacotilla que ofrecen en muchas ocasiones es común para todas.
Quince minutos y treinta insultos más tarde, descuelgan el teléfono y… ¡sorpresa! Un acento latinoamericano nos dice, casi sin respirar, que buenasnoches,minombreesAlfredo,enquepuedoayudarle. Y tú te acuerdas de la madre y el resto de la familia del fundador de la compañía. Y cuando cuelgas, te sale ese venazo patriótico y gritas: ¡si soy español, que no me atienda un guachupino!
Ole.
Te levantas el jueves por la mañana y ya te has olvidado del Elche y de Alfredo. Eres un parado más, angustiado, cansado, desanimado. Y al final te decides, haces las maletas y te marchas del país.
Llegas a la Alemania, Inglaterra, Irlanda o China de turno y te agobias aún más. Si yo no tengo ni idea de inglés, ¿dónde me he metido?. Bueno, con gestos se entiende la gente, ¿no?
Pero oye, que el que estés fuera de casa no significa que dejes de ver al Elche. Tú, tu Internet de pacotilla y las peores patatas del mundo. Porque aunque sean de bolsa, como las de casa, ningunas.
Y se pilla el Internet, y ahí te ves. Meses después, misma situación. Te armas de valor, apuntas las frases clave en inglés para llamar por teléfono a la compañía, y marcas.
Cuan grande es tu sorpresa cuando te encuentras, una vez más, ese acento sudamericano, ese Alfredo que una vez más te pregunta: goodnightsir,mynameisAlfredo,howcanIhelpyou?. Con las lágrimas en los ojos, le hablas en castellano, y te responde. Y tú estas más contento que unas pascuas. ¡Viva el español!
Dobles raseros, mucha hipocresía, demasiados prejuicios y pocos valores. Abramos la mente a un mundo más globalizado y dejemos los prejuicios atrás.
Que en España hay más de 6 millones de personas a las que les gustaría ser ese Alfredo.