La de cosas que han pasado y sólo llevamos 6 meses de 2014, ¿eh? Las murgas se tienen que estar “cebando” a noticias. Tengo ganas de que llegue febrero sólo para oír chistes nuevos sobre la abdicación del rey.
Estar lejos de casa en momentos históricos como ese es un asco. O como lo del mundial. Va, eso no es histórico, pero es que a lo bueno, pronto se acostumbra uno. El caso es que un día me levanto y tengo un whatsapp de mi hermano diciendo que el rey lo deja. Se pira. Pasa del tema. Nos dice adiós cocodrilo. Y yo me entero por un whatsapp. ¡Un whatsapp! Bienvenida al 2014, supongo.
Y luego que si manifestación, que si rey nuevo, que si mejor dos reyes, esa para los republicanos. Como nos han dicho siempre, ¿no quieres caldo? Pues toma dos tazas. Así le luce el pelo a la política española Y olé.
Bueno, luego que si el modelito de Letizia. Qué mona que iba. ¿Y qué me decís de las niñas? Uy, graciosísimas. Míralas, cómo saludan. Cuánto tema de conversación. Ya me imagino cómo los medios locales y nacionales han prácticamente asfixiado a la población española con todo este rollo.
Y yo, en Estados Unidos, me enteré por un whatsapp. Qué manera más cutre de enterarme de la abdicación del rey. Si no me escriben, como la que oye llover. Aunque eso es más bien un decir, porque con lo de la temporada de huracanes, no veas que tormentazos últimamente.
Bueno, que me pierdo. Que aquí esa intensidad, ese exceso de información, ese cabreo a la hora de comer,delante de tu gazpachito, cuando pones las noticias y dices ”estoy del rey hasta el….moño”. Eso no. Aquí no. Y que quieres que te diga, a mí me parece un poco soso.
Estas cosas hay que vivirlas, alegrarse, indignarse, protestar, o mandar whatsapps. Pero hay que vivirlas.
Historia. Ya me imagino a los niños en el colegio dentro de 300 años, esperemos que comiendo en casa y no en comedores sociales improvisados, estudiando cómo Juan Carlos I se piraba, vampiro, y dejaba el trono al príncipe Felipe. Miles de cuadros en institutos cambiados. monedas con caras nuevas.
Enredos. Enredos que nos toca vivir. Nos toca vivir la historia.