Llegó el 4 de Julio y una servidora tenía ganas de ver de qué iba el sarao este del día de la Independencia. Si hay una película y todo, debe de ser gordo.
Total , que ahí voy yo a ver los cohetes. Siendo de Badajoz, el listón estaba muy alto. Y cuando llegamos al parque, todo el mundo estaba allí con su mantina de cuadros blancos y rojos, su cestita de picnic, sus sándwiches pisoteados y sus cervecitas mejicanas. Pero, ¿sabéis una cosa? Aquí no se tiran los cohetes sólo desde un lugar, con su primer cohete, sus corazoncitos y estrellitas, su traca final y su a-ver-cuál-llega-más-alto. Aquí hay un descontrol que parece mentira que seamos nosotros los organizados.
Cohete por aquí, dos minutos más tardes cohete por allá, y yo ya no sabía a dónde mirar. Peor que Wimbledon vaya. Qué por cierto, no veas Djokovic ,¿ eh? El séptimo trofeo allí ya. Bueno, que me lío.
El caso es que me harté de tanto cacao sin leche, cogí mi sándwich pisoteado y me fui a alquilar una película. Sí, sí, a alquilar. Como en los viejos tiempos.
Al día siguiente, todo fue barbacoa, petardos, solecito y piscineo. Muy normalillo. Los cohetes eran rojos y azules, pero por lo demas, nada fuera de lo normal.
Así que recuperé mi espíritu patriótico y me fue a casa tarareando el ¨1 de enero, 2 de febrero, 3 de marzo, 4 de abril…¨. (¿A que lo habéis leído con el ritmillo?)
Que por cierto, aquí también se van a poner ahora a correr con los toros. O los búfalos, como dice mi padre. Y a tirar tomates. Previo pago de su importe, claro está. Algo habrá que sacar.
Tanto esperar para nada. Bueno, nada no. El viernes no curré. Que ya es más que suficiente.