¿Se imaginan una planta para la que la primavera comienza el primer día del invierno y que el día de Navidad está totalmente cubierta de llamativas flores amarillas? Cuesta trabajo creer que exista, ya que la naturaleza parece funcionar en sentido contrario. Pues como si de un milagro de la Navidad se tratase, la Anagyris, que ese es el nombre de nuestra planta, inicia su ciclo vegetativo a principios de otoño. Le salen las hojas cuando las demás plantas las pierden, y en este momento los extremos de sus ramas se cubren de llamativas flores de color amarillo; hasta en esto se diferencia de las demás plantas típicas de Navidad, como el acebo o la flor de Pascua, de rojo intenso.
En primavera ya tendrá frutos, unos curiosos altramuces de color negro, y al inicio del verano perderá sus hojas, pues para ella esta época es su particular otoño. Se trata de un arbusto o arbolillo relicto de la flora subtropical que aún podemos encontrar en algunos lugares de Extremadura.
Solemos repetir con machacona insistencia que la naturaleza es sabia, y eso parece contradecirlo la Anagyris, que florece cuando prácticamente no hay insectos y tiene flores llamativas, como para quererlos atrapar. Pero nuestra curiosa planta es también sabia, y no utiliza insectos como polinizadores sino algunas de las pequeñísimas aves que viven en nuestro entorno, como currucas y mosquiteros, que van de flor en flor libando y llevando el polen para fecundar nuevas plantas. Realizan de manera magistral la labor que tantas veces hemos visto a los diminutos colibríes en las selvas tropicales. Es una planta ornitófila y por tanto no necesita que existan insectos para ser fecundada.
Es uno de los vegetales más llamativos y excepcionales de la flora de Extremadura y convierte el solsticio de invierno en su particular solsticio de primavera, floreciendo por Navidad. Por eso he querido que sea mi particular Flor de Pascua, para con ella felicitar la Navidad y el Año Nuevo a todos y, de manera especial, a mis amigos, que comparten con la Anagyris el ser seres excepcionales que bien merecen también estar estricta y cuidadosamente protegidos.
Por José María Corrales Vázquez