El autillo en el tronco del olivo, en la rama del plátano de sombra, emite su tiuu aflautado escondido en la noche y solo se le descubre por su canto. Pues solo se sabe del autillo (Otus scops) cuando se oye su rítmico silbido, que emite cada dos o tres segundos las noches cálidas de finales de primavera e inicio de verano, antes de hacer la puesta.
Hace ya algunos años, cuando aún vivía por La Madrila, había un altísimo plátano de sombra (también llamado plátano falso o plátano de paseo) cerca de la Plaza de Albatros. A finales de primavera ya empezaba a escucharse, bien entrada la noche, el canto del autillo sobre este árbol. Y por más que observé hasta con prismáticos cada una de sus ramas, nunca vi entre ellas a esta pequeñísima rapaz nocturna. De plumaje críptico, fundido con los dibujos y el color de las ramas del plátano de sombra, pasaba desapercibido para mi mirada, pero me dormía con su canto, una nana que me ayudaba a conciliar el sueño aún sin comprender su misteriosa invisibilidad.
Recuerdo que había autillos en el Parque de Cánovas. Me paraba a escucharlos cuando subíamos de la Plaza Mayor y a tratar de descubrirlos también sobre los plátanos de sombra (diría que es su árbol preferido en la ciudad), pero terminaba corriendo tras mis amigos que ya me sacaban una considerable ventaja camino de La Madrila, donde terminábamos las noches del fin de semana.
Ya no se escuchan autillos por la ciudad, al menos yo no los oigo, es cierto que salgo menos de noche, quizás sea por eso… La última vez que escuché uno fue hace aproximadamente veinte años en la zona que llaman del Nuevo Cáceres, por entonces un barrio muy reciente que aún hoy en día conserva los olivos que pertenecieron a la finca sobre la que se levantó el polígono de San Antonio. Desde mi casa, sobre uno de estos olivos, se escuchaba por las noches el canto aflautado de un autillo, y yo esperaba el año entero para volver a escucharlo hasta que ya no se oyó más.
Es posible que los siga habiendo cerca de la ciudad, me atrevo a asegurarlo. En la Sierrilla, en el Olivar Chico de los Frailes, o en la Sierra de la Mosca, en la falda de La Montaña, en las huertas de la Ribera del Marco o en el Parque del Príncipe.
Aún quedan espacios poco urbanizados alrededor de la ciudad de Cáceres, una ciudad que, según publicaciones recientes, “triplica la media de árboles por habitante del país”.
https://www.hoy.es/caceres/caceres-triplica-media-20190321002425-ntvo.html
Bienvenidos sean los nuevos árboles, y los árboles viejos sobre los que cantaba el autillo cada primavera.
Ojalá sirvan para que vuelva a escucharse su canto algún día, para esconder su silueta y hacernos soñar con los misterios que aún nos depara la increíble naturaleza.
Clip Natura. el Autillo Europeo, Fundación Aquae.
Coordinado y narrado por Mónica Fernández-Aceytuno (Bióloga y escritora de la Naturaleza).