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Pilar López Ávila

Vivir con la naturaleza

LO QUE ESCONDEN LOS RATONES

Lo pequeño e insignificante pasa, a menudo, desapercibido para nuestros sentidos.

Una mañana salí a dar una vuelta para ver cómo estaban los árboles que habíamos plantado en el patio del centro: el castaño había echado hojas nuevas y crecía despacio pero seguro; los cerezos tenían algunas flores y los limoneros parecían haberse agarrado a la tierra. A los olivos les estaba costando algo más salir adelante, pero los setos de lentiscos que los rodeaban lucían bien gracias al riego por goteo.

En estas observaciones estaba, cuando reparé en una encina que había brotado sobre una palmera. Crecía en el hueco que se forma entre el trozo que queda del pedúnculo de la palma, cuando ésta se corta, y el estípite, que es el tronco de la palmera. Este hueco se llena de restos vegetales que caen de la propia palmera y forma un sustrato fértil muy adecuado para que crezcan otras especies vegetales.

¿Pero una encina? En el patio del centro las hay, pero están alejadas de esta palmera, y el viento no podía haber hecho llegar hasta allí una bellota.

 

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Se lo comenté a mi compañero Antonio Salas, al que también le gustan las cosas del campo, y me dijo que la bellota la habían llevado los ratones.

Yo había leído que algunos animales esconden bellotas para consumirlas en épocas desfavorables cuando escasea el alimento. Lo hacen así los arrendajos, por ejemplo, que las esconden bajo tierra y luego se olvidan de dónde guardaron algunas y son éstas las que germinan y forman un árbol nuevo. También hacen esto mismo las ardillas y, por supuesto, los ratones. De esta manera, estos animales, llamados dispersores por esta práctica, se convierten en los auténticos sembradores de los bosques, dispersando las bellotas de roble, encina, quejigo, alcornoque… lejos de los árboles que las formaron para así llegar el árbol a lugares alejados de donde crece y vive. Una estrategia evolutiva de las propias plantas, que ni piensan ni hablan ni se expresan, pero tienen instinto de supervivencia.

 

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Estos animales son los denominados dispersores, porque se encargan de transportar las bellotas y almacenarlas en aquellos lugares donde no puedan ser descubiertas por otros. Así disponen de una despensa durante los días duros de invierno, donde apenas hay nada que comer. Sin embargo, algunos de los almacenes quedan olvidados por sus dueños, ya sea porque no son capaces de recordar todos los puntos donde guardan sus bellotas o, porque simplemente, animales superiores, carnívoros en busca de alimento, como zorros o garduñas, dan muerte a los dispersores y sus bellotas quedan así sin consumir. Las bellotas enterradas y olvidadas darán lugar, si las condiciones son adecuadas, a nuevas plántulas de roble que remplazarán los ya vetustos árboles de Montejo manteniéndose así la dinámica natural del bosque.*

Así, un pequeño e insignificante Ratón Común (Mus musculus) puede sembrar a lo largo de su corta vida varias decenas de bellotas y otras semillas sin apenas darse cuenta de lo que está haciendo.

En el caso de la palmera del patio, esta encina no prosperará a no ser que se trasplante a otro lugar. Y lo mismo le ocurrirá a las demás encinas, pues dando la vuelta al tronco había varios ejemplares más (puede que alguno de alcornoque), incluso un pino piñonero y una especie de arbusto de la familia Cotoneaster (posiblemente Cotoneaster coriaceus).

 

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Cuando aquella mañana regresaba del patio después de este curioso hallazgo, me fijé en una higuera que crecía en el rodapié que había debajo de la papelera de las escaleras de entrada al edificio. ¿Cómo había llegado hasta allí una semilla de la higuera que está más abajo, al lado de la pista de deporte? Esta vez no podía ser un ratón, pero quizás sí las hormigas, y no sería extraño encontrarse un inmenso hormiguero detrás del rodapié y debajo del patio entero.

Pero esto de las hormigas lo dejaremos para otra historia…

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* PEREA GARCÍA-CALVO, RAMÓN. ¿Quién siembra las bellotas en el Hayedo de Montejo? Departamento de Silvopascicultura. ETSI de Montes. Universidad Politécnica de Madrid, 2007.

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Sobre el autor

“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”


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