Un día después del Solsticio de Invierno*, salimos a pasear en familia por las cercanías del pantano de Valdesalor, y aunque es mejor escuchar los sonidos de la naturaleza en soledad, pasear en familia también tiene su encanto.
No es necesario ser buena observadora para darse cuenta de que cada cual decide vivir la naturaleza a su manera. Y aunque me fastidie un poco ver que las chicas prefieren hacerse fotos con las últimas luces de la tarde, mientras que los chicos siguen subiéndose a las peñas como cuando eran niños, respeto las diferencias y las acepto. Por mi parte, sigo fijándome en lo escondido y misterioso, en el ombligo de Venus que crece al amparo del musgo entre las rocas y en los sonidos que pasan desapercibidos bajo la conversación de los que pasean: el leve piar de los mitos buscando larvas en el envés de las hojas de las encinas, el trino del solitario petirrojo, el áspero y sonoro reclamo de la garza real según nos acercamos al agua.
Al menos, todos coincidimos en hablar en susurros para escuchar la llegada de las grullas al dormidero.
En mi opinión, este es uno de los espectáculos más bonitos de la naturaleza, pues las grullas llegan cuando apenas queda un halo de luz. Parece increíble cómo se orientan para encontrar el lugar de la dormida, siempre cerca del agua, al resguardo de los depredadores nocturnos.
Todavía hay tiempo para ver a varias parejas de ánades reales volar hacia charcas más pequeñas para pasar la noche, los cormoranes hacen lo propio buscando grandes árboles para la dormida y los gansos del Nilo –ya instalados en el embalse desde hace algunas temporadas- sobrevuelan nuestras cabezas y nos permiten observar su singular silueta en el contraluz.
El ulular del cárabo nos sorprende e inquieta, lo imaginamos en lo alto de algún roquedo o escondido en el corazón de un tronco.
Sonido del cárabo al atardecer:
https://www.youtube.com/watch?v=Z7-uMUYnYq0
Regresamos, y conocemos el camino aunque esté prácticamente a oscuras, lo hemos recorrido en otras ocasiones, con luz o sin ella.
Seguimos escuchando las grullas a nuestra espalda. Bulliciosas, se van dejando caer sobre el embalse, revolviendo sus aguas. En pocos minutos quedarán en silencio, durmiendo y vigilando a la vez, atentas a cualquier movimiento o sonido extraño que las hará levantarse aun en plena noche.
Llegada de las grullas al dormidero:
https://www.youtube.com/watch?v=zJA5ZuFT1Jc
Acaban de empezar a alargarse los días y ya vemos el horizonte más claro.
Sólo me queda desearles a los lectores una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo 2020.
“Dicen que, a veces, el alma se queda.
Entrelazada.
Agazapada en el silencio del fondo de un valle.
O escondida en el corazón de los troncos.
Escuchando
el ulular del cárabo en la noche.
O vaga libre por entre los montes,
en pos del viento,
besando las laderas.
No quiere el alma despegarse de la tierra.
Dicen que, a veces,
se escucha la risa cuando el alma juega.
Y se huele la humedad de la hierba,
y el frescor de los prados
donde el alma sueña.”
*El Solsticio de Invierno tuvo lugar el Domingo, 22 de Diciembre, a las 5,19 h.
Las fotografías que ilustran esta entrada son cortesía de David Rodrigo y María Rodrigo.