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Pilar López Ávila

Vivir con la naturaleza

NOS QUEDAN LOS LIBROS

En estos días de confinamiento en los que hemos perdido la libertad de entrar y salir a nuestro antojo, de hacer la vida a la que estamos acostumbrados, nuestra rutina diaria se ha visto modificada en profundidad y nos cuesta asumir y acomodarnos a esta nueva situación.

El título de esta entrada puede dar lugar a confusión: no solo nos quedan los libros.

Es mucho lo que permanece en nuestras vidas, lo que perdemos es tiempo empleado en otros asuntos, todo lo demás se irá recuperando poco a poco, despacio, con mucho esfuerzo desde luego, pero seguiremos adelante y puede que con otra mirada sobre lo que nos rodea. A la mayoría, el hogar nos acoge y nos protege, nos aísla del exterior que nos amenaza, nos encierra en su seno con las personas que hemos elegido para vivir, con los hijos que estaban y los que regresaron, o con nuestros padres, o viviendo nuestra intimidad como hasta ahora lo hemos estado haciendo.

Nos queda seguir trabajando, de otra manera, poniendo nuestras capacidades al servicio de los que ahora mismo más lo necesitan.

Estamos preocupados por los que no podemos ver ni abrazar, pero podemos comunicarnos con ellos por otros medios gracias a este mundo global y conectado continuamente, también las nuevas tecnologías tienen sus ventajas si se hace buen uso de ellas.

Pero en estos días en los que se han abierto miles de posibilidades para visitar, sin movernos de casa, museos y bibliotecas, para ver películas, asistir a conciertos, escuchar cuentos y poemas, disfrutar de obras de teatro o hacer cursos acelerados de cocina… en estos días yo me quedo con los libros, creo que nunca llegaría a aburrirme si tengo libros cerca de mí. Libros que me hablen, sobre todo, de la naturaleza que me queda ahora lejos y que no puedo disfrutar si no es desde mi ventana.

En relación a libros de naturaleza, los hay para todos los intereses y edades. En esta entrada hablaré sobre algunos que me gustan especialmente.

“Pájaros en la cabeza” es una breve novela juvenil escrita por Ramon Homs y Xavier Fàbrega y editada por Tundra (2017). Cuajada de anécdotas divertidas, narra las peripecias de un padre de familia que cae en la pasión por observar aves y se la transmite a sus hijos. Ideal para pasar un buen rato si se siente la misma pasión por las aves que el protagonista y, en mi caso, me identifico plenamente con la satisfacción que produce que alguno de tus hijos diga el nombre de un ave que ve a diario en el parque.

 

 

En una línea más rigurosa, me encuentro estos días leyendo “¿Para qué sirven las aves?” de Antonio Sandoval Rey (Tundra, 2012), obra que lleva ya cuatro ediciones. Magnífico libro divulgativo en el que el autor habla sobre la observación de aves como forma de vida, a la vez que desgrana historias de naufragios y misterios del pasado, o reflexiones políticas referidas principalmente a cuestiones ambientales.

 

 

Una de mis escritoras preferidas de naturaleza es la bióloga Mónica Fernández-Aceytuno, a la que sigo desde hace años a través de sus artículos en varios medios de comunicación, su blog de naturaleza y sus libros. El último libro que ha publicado en 2019, “Las 104 palabras más hermosas de la Naturaleza”, es una delicia para todos aquéllos a los que nos gustan las palabras que describen la belleza de la naturaleza que nos rodea, términos que siempre hemos escuchado o que resultan nuevos porque nunca antes los oímos aunque conozcamos de sobra lo que describen.

El silencio es el lugar donde nacen las palabras, reza en la contraportada, un libro para disfrutar durante los largos silencios que se generan estos días.

 

 

El álbum ilustrado es un tipo de libro que me gusta especialmente. Hace tiempo que colecciono álbumes de literatura infantil y juvenil, pero descubrir los dedicados a la naturaleza fue para mí una auténtica sorpresa. Recuerdo que el primero que compré con los ahorros de mi paga de fin de semana fue “Noah´s Ark” del dibujante Rien Poortvliet (Harry N. Abrams, Inc., Publishers, 1985) y que todavía conservo en un lugar preferente de mi biblioteca.

 

 

No caben en esta entrada tantos álbumes ilustrados de naturaleza que me fascinan, pero mostraré algunos.

“Vida. Bestiario ilustrado”, de Joana Santamans (Bridge, 2016), un recorrido por las especies más hermosas de aves, peces o insectos, entre otras, con ilustraciones de enorme belleza hechas con acuarelas. Los textos explicativos están escritos por Ernest Santamans.

 

 

“Winter Birds” (Bloomsbury, 2017), de uno de mis ilustradores preferidos, Lars Jonsson, con ilustraciones de mis aves favoritas: mitos, reyezuelos, herrerillos, carboneros, petirrojos, mirlos…un auténtico placer para la vista, con textos sobre las características y el comportamiento de las distintas especies.

 

 

También hay álbumes ilustrados para los más pequeños, no solo para que aprendan sobre los seres vivos, sino para que simplemente disfruten con las historias y las ilustraciones. En esta línea tengo un libro imprescindible que se titula “Para hacer el retrato de un pájaro” (Kalandraka, 2011), escrito por Jacques Prévert en 1943 e ilustrado por Mordicai Gerstein para esta edición. Lo mejor es leerlo con los más pequeños y disfrutar de la historia que nos cuentan a la par texto e ilustraciones.

 

 

Por supuesto, mi libro de cabecera, del que ya he hablado otras veces (“La felicidad de vivir con la naturaleza” de Edith Holden) siempre me brinda algún poema oportuno para cada época del año:

Esos narcisos

que aun a las golondrinas aventajan

y en flor afrontan al ventoso Marzo.”

Shakespeare.

 

 

Marzo, que ya termina, ha sido ventoso y frío, y en estos días extraños de ausencias, de silencios obligados, de incertidumbre en un futuro que no sabemos lo que nos va a deparar, pero también de esperanzas… los libros son un refugio, un bálsamo, una caricia para el alma, la paz para el desasosiego.

La naturaleza sigue su curso y no espera, pero la podemos disfrutar SIN MOVERNOS DE CASA.

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Sobre el autor

“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”


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