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Pilar López Ávila

Vivir con la naturaleza

VIVIENDO JUNTOS

Aludiendo a uno de los títulos de la serie documental “La vida a prueba: historia natural del comportamiento (The trials of life, 1990)”, escrita, dirigida y presentada para la BBC por Sir David Attenborough, viviendo juntos hace referencia a las relaciones que se establecen entre individuos de especies diferentes.

Relaciones que van desde el parasitismo, en la que el parásito perjudica a su huésped pero trata de no matarlo para así seguir aprovechándose de él; hasta la depredación, mediante la que un ser vivo se alimenta de otro provocándole la muerte; pasando por algunas más complejas como el inquilinismo (utilizar como vivienda alguna parte de otro ser vivo o estructura fabricada por el mismo); simbiosis (unión de por vida, indisoluble, para obtener beneficio mutuo, como el caso de los líquenes); y cooperación o mutualismo, que es la relación que nos ocupa en esta entrada.

La cooperación entre especies tan diferentes como una vaca y una garcilla (la garcilla desparasita a la vaca a la vez que obtiene una fuente de alimento), o un cangrejo ermitaño y las anémonas (el cangrejo transporta en su concha a las anémonas para protegerse del ataque de los pulpos y las anémonas viajan gratis obteniendo alimento), resulta tan fascinante de observar y entender, como la que se establece entre las hormigas y los pulgones que tengo aquí mismo, en mi terraza.

Podría afirmar que mi terraza se ha convertido en un auténtico microecosistema con hábitats diferenciados y nichos ecológicos que ocupan diferentes especies que obtienen alimento y cobijo entre los maceteros. Sus condiciones ambientales son severas, pues al estar en las alturas soporta largas horas de insolación, vientos fuertes, y temperaturas extremas tanto en invierno como en verano.

Las especies de plantas que crecen en la terraza constituirían la base de este microecosistema, creándose hábitats como los parterres y las macetas, más amplios y diversos los primeros, más exclusivos y limitados los segundos. La compostadora, que recibe los restos de vegetación y de algunos alimentos, podría considerarse otro hábitat que contribuye al mantenimiento de este sistema vivo.

Las salamanquesas se alimentan de los insectos que pululan por la compostadora, entierran la puesta en los parterres y se esconden tras la sombra húmeda de las macetas durante el día.

Las arañas cuelgan sus telas en la buganvilla; los caracoles salen de noche desde sus escondrijos para comerse las lechugas recién plantadas; las abejas cortahojas excavan sus agujeros en la tierra de las jardineras a la vez que realizan numerosas muescas semicirculares en las hojas de los lilos; las flores de éstos, junto a las caléndulas, jaras y jazmines, son el refugio de multitud de insectos polinizadores; y he visto a las avispas mordisquear las ramas para poder hacer esa pasta de papel con la que construyen sus avisperos, y las he visto también beberse el néctar de las flores del frambueso.

Pero lo más extraordinario de la terraza es la relación que han establecido las hormigas y los pulgones.

 

Los pulgones extraen la savia de la enredadera.

 

Las hormigas aparecen al comienzo de la primavera, al igual que los pulgones. Las primeras se alimentan de los restos de la compostadora, se esconden en hormigueros instalados tras los rodapiés y son laboriosas y diligentes hasta principios del otoño. Los pulgones, por su parte, se instalan en los extremos de las ramas de la enredadera, y succionan su savia.

Para contarnos con más detalle esta relación, he invitado a colaborar en el blog a mi alumna de 4º ESO, Jimena Martín García. A Jimena le gusta la Biología, eso está claro, y tiene multitud de especies preferidas. Pero los insectos puede que sean el grupo que más le llama la atención. Y como hemos estado viendo durante este confinamiento el tema de las relaciones interespecíficas entre los seres vivos, nos cuenta así la que se establece entre las hormigas y los pulgones:

Todos conocemos a las hormigas como unos insectos expertos en allanar nuestras moradas e introducirse en nuestros hogares para conseguir alimentos. Siempre se han sentido atraídas por alimentos dulces y pegajosos. Es por eso, por lo que comienza esta relación de mutualismo.

Los pulgones o áfidos, una vez que han absorbido la savia de las plantas, excretan un líquido rico en hidratos de carbono llamado melaza. Excretan este líquido porque las plantas que parasitan, como las adelfas, son extremadamente ricas en azúcares pero pobres en proteínas. Esto hace que los pulgones necesiten absorber más savia para conseguir los aminoácidos necesarios para su metabolismo, provocando un riesgo de saturación de azúcares en sus cuerpos. Por ello, expulsan este líquido. Por desgracia, esta melaza favorece el crecimiento del moho para la planta habitada por estos pulgones, y sobre todo, estos pequeños pulgones transmiten numerosos virus que podrían producir efectos devastadores sobre la planta, llegando a transmitir hasta 117 tipos de virus.

Las hormigas extraen esta melaza que tanto les gusta, frotando sus antenas en la parte dorsal del pulgón, estimulándolo para que excreten este líquido.

 

En esta secuencia se puede ver cómo la hormiga estimula el abdomen del pulgón para obtener la gota azucarada.

 

El beneficio que obtienen las hormigas es alimentarse de este líquido tan delicioso para ellas, pero yo creo que los pulgones obtienen más beneficios por parte de las hormigas.

El principal objetivo de los pulgones al asociarse con las hormigas, es evitar que los depredadores, como las mariquitas, se los coman. Otras tareas que las hormigas les facilitan a los pulgones, son la de retirar los exoesqueletos secos de sus cinco mudas, ayudándolos a transportarlas. También los ayudan a limpiar sus cuerpos, y les trasladan los pulgones recién nacidos a otras partes de la planta que aún no estén parasitadas.

Así contado, parece una relación perfecta en la que los dos individuos salen beneficiados, pero lo cierto es que, como en toda relación, existen desventajas. Las hormigas transportan las crías de los pulgones a lugares más seguros, y estas los acogen en la cámara de crías del hormiguero. Allí, los pulgones acaban siendo agresivos para ellas, ya que aprovechan la gran cantidad de larvas de hormigas que se encuentran en la cámara de cría para clavarles sus estiletes. Estos estiletes son unas estructuras bucales que los pulgones usan para chupar la savia de las plantas, y para succionar la hemolinfa de las larvas de las hormigas.

Por lo tanto, a pesar de ser una relación perfectamente estructurada y acordada entre hormigas y pulgones, como toda relación, puede llegar a tener sus inconvenientes.

 

Secuencia completa de la relación entre hormigas y pulgones:

https://youtu.be/_-hIWV_pPKg

 

La sombra de esta relación se proyecta sobre la pared:

https://youtu.be/wfY5BPJPrjs

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Sobre el autor

“Desde siempre me gustaron los pájaros, las mariposas y las flores. También escribir cuentos para niños. Hoy les hablo a mis alumnos de los misterios de la biología, paseo por el campo cuando puedo y escribo. Creo que es esencial vivir con la naturaleza, comprender sus ciclos y seguir su ritmo. Y compartir con otras personas lo vivido.”


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