La flor del almendro es flor de invierno.
Chus García Fernández, poeta y periodista, me informa, desde la Campiña Sur extremeña, que pasada la segunda quincena de enero ya estaban floreciendo los almendros, y lo describe con estos dos bellos poemas:
“Ya brotan los almendros
pétalos menudos
saludan al invierno.”
“Diminutos copos de nieve
desnudaron los almendros
sedosas florecillas blancas
nacen para vestirlos.
La lluvia contempla dulce.
Desciende húmedo el invierno.”
Los almendros florecen para recordarnos que todavía es invierno, y que aún tardará en llegar la primavera.
Al norte de la campiña, los almendros florecerán más tarde, solo tienen que elevarse un poco las temperaturas después de los días fríos.
Las flores, blancas o rosadas, tienen cinco pétalos, los estambres amarillos.
El almendro las necesita tan temprano para que las polinicen las abejas y le dé tiempo a formar la almendra antes de que llegue el calor seco del verano. Entonces, el fruto habrá crecido y estará en sazón para no necesitar nada más de la tierra.
Es un árbol valiente, el almendro, se arriesga a las heladas antes que a la sequía del estío.
No sé qué habrá sido de los almendros de Garrovillas con la lluvia que está cayendo estos días. He leído que “las lluvias en floración provocan el lavado del polen del estigma de la flor” y que las “lluvias, bajas temperaturas y viento merman el trabajo de las abejas…”
Y es que el almendro es a Garrovillas de Alconétar lo que el cerezo al Valle del Jerte.
Mi querida María Salán, niñapájaro, me ha enviado un precioso collage que representa los recuerdos floridos de su infancia en Garrovillas, entre los que se encuentran los almendros.
Ella nos lo explica así:
“Primaverdor.
La obra es un collage digital integrado por fragmentos de piezas recortadas a mano y posteriormente digitalizadas, para crear un nuevo collage que reflejara los bonitos recuerdos de mi infancia en el pueblo de Garrovillas de Alconétar, en la provincia de Cáceres. Donde quise representar la primavera con elementos autóctonos de la flora y fauna del entorno como son: el almendro, la higuera, la golondrina y el precioso abejaruco (pájaro africano que pernocta estas tierras por primavera hasta que vuelve a migrar más allá del estrecho).
Es un trabajo que ensalza el valor de las pequeñas alegrías como son: la belleza de las flores y la felicidad de los pájaros surcando el cielo.
Un homenaje a mis orígenes rurales y a mis queridos antepasados como mi bisabuela Amelia y el precioso patio que con tanto cariño cuidó junto a su hija Braulia e Isabel, las tres almas de aquel precioso espacio.
Mi imaginario se nutre de mis recuerdos más bonitos, de la necesidad de transmitir, de representar mi memoria. Dejar volar los pajarillos de mi imaginación y contar una historia”.
Para mí, ver florecidos los almendros en pleno invierno, es una de esas pequeñas alegrías de las que habla María, una sensación de regocijo, de sentir que la naturaleza sigue su curso, y es puntual, que los almendros no faltan a su cita en el ciclo que se repite sin parar, año tras año.
En estos tiempos que vivimos me reconforta pensar que, tarde o temprano, todo volverá a estar en su sitio.
Volverán los abrazos, como dice niñapájaro, los abrazos floridos.
Enlaces a la web y redes sociales de niñapájaro (María Salán) para admirar sus maravillosos collages:
web https://www.ninapajaro.com
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