Miro de nuevo por la ventana, los cristales están repletos de las gotas de esta lluvia buena que lleva tres días cayendo casi sin parar, los mismos que llevo metida en casa, con un catarro que me ha obligado a quedarme sentada en el sillón sin ganas de moverme, y me siento extraña, porque no va conmigo estar así, pero el cuerpo es sabio y te dice cuándo tienes que parar.
Me pregunto qué habrá sido de la mariposa vanesa que vi días atrás revoloteando entre el olmo y el granado, cuando no había ni una nube en el cielo y a mediodía te sobraba la ropa que te habías puesto a primera hora de la mañana porque refrescaba. Es increíble cómo cambia el tiempo en tan solo unos días, y es que el otoño es así, es como un ecotono, una transición entre estaciones que recoge lo mejor de ambas y las mezcla en ricas y sugerentes propuestas. De la riqueza de los ecotonos nos hablaron precisamente en las jornadas LINA de este año, literatura, infancia y naturaleza. Es en estos parajes que actúan de paso entre dos ecosistemas, donde se concentra una enorme biodiversidad, la de los ecosistemas que separan y la propia de estos espacios, en los que surgen nuevas especies que se adaptan a vivir en ese intermedio rico de las mezclas. Unas jornadas, las del LINA, que no me perdería ya por nada del mundo.
En este tiempo de otoño, el olor de la canela se mezcla con el dulce de membrillo, el azúcar con las ciruelas para convertirse en mermelada, los granos de las granadas con el zumo de limón para tomarlos de postre después del estofado de calabaza. Las castañas se asan en las brasas, las aceitunas de verdeo se aliñan con orégano y tomillo salsero, los parasoles se cocinan vuelta y vuelta en sartén con una gota de aceite y un poquito de ajo. Y con las cáscaras de las granadas, tiño un pañuelo de seda que regalaré a alguien en primavera.
Ahora que se van llenando los cielos de grullas, vuelvo a preguntarme por la vanesa, y después de averiguar que esta especie tiene dos generaciones anuales, una de las cuales puede verse todavía en los tibios días del otoño antes de invernar, me maravillo con el recuerdo de sus alas oscuras de bandas color naranja, salpicadas de puntos blancos y una pincelada de azul cobalto, y me alegro de que todavía haya mariposas en este tiempo ecotono de agua de lluvia y de tierra colmada de dones, que camina sin prisa, pero sin pausa, hacia los días fríos del invierno.