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Dentro o fuera

Anoche se entregaron en Plasencia los premios Extremeños de HOY en reconocimiento a la trayectoria de personajes tan relevantes como Reyes Abades, especialista en efectos especiales; Antonio Huertas y Antonio Núñez, que ocupan la presidencia y la vicepresidencia, respectivamente, de Mapfre, y Victorino Martín, que aunque no nació en Extremadura lleva medio siglo afincado en la región.
En el caso de los tres primeros, extremeños de nacencia, el éxito les ha llegado tras abandonar los límites de la tierra donde vieron la luz. Es una circunstancia comprensible: Extremadura nunca ha estado densamente poblada ni ha contado con tal variedad de opciones vitales y económicas que hicieran desaconsejable el camino de la emigración. Es así desde la Edad Media, casi desde los tiempos en que las fronteras de la reconquista iban desplazándose desde las tierras por encima del Tajo hasta las de más al sur del Guadiana.
Recuerdo que durante mi infancia, a pesar de la encendida retórica que identificaba a Extremadura como «tierra de conquistadores» la idea de la emigración siempre se vinculaba a una decisión triste, de desarraigo, a una circunstancia forzada por la penuria económica, no por el entusiasmo patriótico de conquistas lejanas… Desde niño uno comprendía enseguida que emigrar era en la mayoría de los casos una mala solución o la forma de sortear esas trampas que te tiende la vida aunque tú no quieras.
Conservo como oro en paño el libro ‘Guía secreta de Extremadura’, del gran Víctor Chamorro, en cuya portada figura la estatua ecuestre de Pizarro en Trujillo al que sigue una cola de resignados extremeños con sus maletas camino de la emigración… Ambos conceptos (conquistadores y emigrantes) unidos en esa imagen que es algo más que una metáfora: la plasmación visual de aquella frase que identificaba a España durante el régimen anterior  con «una unidad de destino en lo universal». Los de más edad seguro que saben a qué me refiero…
Es verdad que Extremadura lleva siglos sin conseguir dotarse de una estructura económica que frene la sangría de la emigración, aunque ahora en vez de aportar mano de obra barata para otros países y otras regiones lo que ofrezca son jóvenes titulados  con posibilidad de acceder a mejores empleos que los que tuvieron que aceptar sus abuelos o sus padres.
¿Quiere eso decir que nada ha cambiado? Por supuesto que no. Extremadura es ahora muchísimo mejor que hace diez años. Y hace diez años era mejor que hace veinte y  hace veinte mejor que hace treinta.
La diferencia es que ahora, con todas  las limitaciones que se quiera,  hay dos proporciones que han variado: la de los que triunfan fuera de la región –bastante más numerosos que décadas atrás– y la proporción de los que triunfan sin necesidad de coger la maleta y marcharse lejos. Sigue habiendo muchos Luis Landero o Javier Cercas que alcanzan el éxito lejos de su tierra, pero cada día son más también aquellos a los que el triunfo les saluda trabajando en su casa de siempre. Otra cosa es que sepamos (y reconozcamos) que viven entre nosotros.

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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