José Luis Pablo: mirando a Carlos V desde L’Hospitalet de Llobregat

José Luis Pablo en L'Hospitalet
Nacido en 1954, en Navalmoral de la Mata, José Luis Pablo Sánchez es un ejemplo más de extremeño integrado en Catalunya, amante de su tierra de acogida, pero sin olvidar su Campo Arañuelo natal. Profesor y literato, ha publicado obras de varios géneros, desde la novela, al relato de viajes. Admirador de la figura de Carlos V, reivindica una mayor atención hacia la obra de autores extremeños residentes en otras comunidades, que en muchas ocasiones no está disponible en la propia región.
José Luis, ¿cuándo dejó Navalmoral de la Mata y por qué motivos? Me vine de Navalmoral en 1965, con once años, para poder estudiar porque allí no había instituto. En aquellos años la medicina, la cultura, el progreso,… se encontraban lejos. Fueron años sangrantes para Extremadura. Para mí fue como pasar del siglo XIX al siglo XX. Y si para mí fue duro, para la generación de mis padres aún fue peor, porque ellos por desgracia llegaron tarde a todo.
¿Casado con una catalana y con un hijo, qué sentimiento tienen ambos hacia Extremadura? Mi mujer es catalana y siente un gran aprecio por nuestra tierra y por sus gentes. Dice que toda Extremadura es un parque natural virgen, que hay que saber disfrutar. Le encanta sobre todo la magia que trasmite la noche cacereña. A mi hijo también le gusta y disfruta cuando viene. Desde pequeño tiene amigos con los que se comunica a través de las redes sociales.
¿Qué impresión tiene del Navalmoral actual respecto de la que conoció en su infancia? No he perdido nunca el contacto. Incluso cuando era joven, que tenía a mis padres en Francia, cuando iba a Barcelona, un quiosquero de la Plaza Cataluña, al lado del Corte inglés, me guardaba todos los HOY, porque aunque fueran retrasados se los compraba. Y los dos contentos. Era el único cordón umbilical que tenía por aquellos años con la tierra. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado y puedo visitarla tres veces al año. El Navalmoral de ahora no tiene nada que ver con la que yo dejé en los sesenta. Ha ganado en servicios, sanidad, cultura, comunicaciones, infraestructuras, calidad de vida,… Siempre será una ciudad privilegiada, por el lugar en que le ha colocado la historia en el mapa, cerca de Madrid.
¿Qué recuerdos conserva? Dice Valle Inclán: Las cosas no son como las vemos sino como las recordamos. Yo recuerdo aquellos atardeceres cuando volvía del campo con mi tío. Aquella luminosidad, aquel cielo azul inmaculado.
También, como no, la primera novia – me temo que la chica ni se enteró, eran amores tremendamente platónicos-; el primer cigarrillo en el “Canchigordo”; las primeras historias, el gusto por oír contar relatos a los vecinos sentados al fresco contemplando las estrellas, o al calor de la lumbre en invierno.
Son muchas las imágenes que se me agolpan: aquellas largas colas en la escuela, haciendo turno para la leche y el queso americano, todos con un vasito; el reloj de San Andrés, que marcaba el paso del tiempo; los toques de las campanas que te avisaban a misa, nacimiento, muerte, quema,…; la llegada del tren con sus máquinas de carbón que cargaban y todos los viajeros que aprovechaban buscando aprovisionamiento; la llegada del Auto-Res; o de las revistas nuevas al kiosco,…
Me estaría todo el día hablando de nostalgias, pero la vida continúa y no es bueno viajar con las maletas del recuerdo repletas.
¿Creo, y a así lo tengo escrito, que Navalmoral cuenta con una de las mejores vistas de Extremadura: esa impresionante barrera de Gredos perfilada ante sus ojos? Efectivamente, y sobre todo cuando se cubre de blanco, las mejores vistas de la Sierra de Gredos se ven desde Navalmoral. El sombrío macizo de los montes Carpetanos, como decía Don Miguel de Unamuno, que por cierto, siempre que podía se escapaba a las Villuercas o por el norte de Extremadura. Eran paisajes que le encantaban.
LITERATURA
¿Por qué empezó a escribir? En realidad creo que he escrito toda mi vida: escribía cartas, en la revista del colegio, tenía un diario personal, participaba en concursos,… Sin embargo fue en el año 1988, que por motivos de salud no tuve más remedio que quedarme un año encerrado en casa. Los compañeros del mundo de la enseñanza, tanto de mi mujer como míos, me regalaron una montaña de libros. Aquel año me puse a leer de una manera compulsiva, como si me fuera la vida en ello. Fue como un vaso que se llena y se desborda. Y sentí la necesidad de escribir. Creo que de no haber sido por aquella montaña de libros, leídos en la soledad de mi habitación en aquel año adverso, no sé si me hubiera lanzado a escribir. En fin, el tiempo juzgará si la decisión fue acertada.
¿Qué representa para usted la literatura? Para mí la literatura es una forma de evadirme de la soledad, de los problemas. Es una forma de vivir la vida más intensamente. Son experiencias que transmites a través de la pasión. Y aunque nos pasamos la vida cabalgando, entre la distancia de lo que uno es y lo que desea ser, entre la realidad y el deseo, como “Don Quijote”; yo sólo cojo la pluma cuando un tema me reclama, cuando un personaje quiere que le de vida y me mueve para ello la pasión.
Sus dos últimos libros Extremadura, descanso del Emperador y La Encrucijada de Yuste, están vinculados con la figura de Carlos V y del monasterio de Yuste. ¿Por alguna razón especial? Creo que el interés por esta figura tan emblemática me viene desde niño. En verano hacíamos unos cursillos en Jarandilla y cada año, como el que va a la Meca, nos llevaban andando al Monasterio de Yuste. Cuando descubrí que el hombre más poderoso de su tiempo había elegido aquella austeridad y sencillez para acabar sus días, aquello me conmovió. Años más tarde, en 1980, pude pasar dos días en la comunidad de los Jerónimos. Aquello acabó de inclinar la balanza para que me decidiera a escribir sobre el Monarca.
Así fue cómo surgió primero el ensayo: Extremadura, descanso del Emperador. Después, habiendo leído tanta bibliografía sobre él, pensé que estaba el terreno abonado para escribir una novela. Y salió La encrucijada de Yuste. Ahora incluso se ha publicado en una revista la ruta literaria basada en este libro, para visitar los escenarios del Siglo XVI extremeño, que después de 500 años persisten tal como eran, con el mismo aspecto que tenían cuando los habitó Carlos V.
¿Algún proyecto en ciernes? Como decía nuestro querido escritor ya desaparecido, Manuel Vázquez Montalbán: Después de publicar una novela hay que retirarse una temporada al desierto para llenar las alforjas. Yo estoy ahora en esa travesía, tengo varios proyectos en el cajón y medito por dónde tirar.
¿Tiene alguna relación con movimientos o grupos literarios, extremeños o no, bien en Catalunya, bien en Extremadura?, ¿cómo ve el panorama literario extremeño? Por supuesto pertenezco a diferentes asociaciones y estoy al corriente del devenir literario actual. Creo que nunca como ahora se había escrito en Extremadura tanto y con tanta calidad: poesía, narrativa, ensayo,… Atrás queda la literatura de la Extremadura negra: Los santos inocentes, La familia de Pascual Duarte, Jarrapellejos, Las Hurdes tierra sin pan, …
También me llamó la atención, cuando escribía Por el norte de Extremadura, la falta de información y material, por parte de los ayuntamientos y bibliotecas, sobre los autores autóctonos que me constaba que habían publicado: poesía, narrativa, arquitectura,… sobre sus pueblos y zona. Sólo tenían constancia de la gente si había hecho carrera eclesiástica o militar. Cuando es la literatura la que ha hecho famosos a muchos lugares. Y son los autores que publican los que hacen más importante esa población, ese paisaje, ese enclave,… creando un signo de identidad. Ya que las gentes y sus vidas son el alma de los pueblos y ciudades.
¿Qué percepción tiene actualmente sobre la región y como la ven los catalanes? Extremadura estas últimas décadas ha cambiado mucho y más que va a cambiar, aunque esta dichosa crisis haya frenado el ritmo. Ahora bien, aparte del lugar geográfico en que la ha situado la historia, contra el que no hay nada que hacer, Extremadura sigue teniendo un sin fin de problemas. No es normal que haya un número tan alto de universitarios que acaben la carrera y tengan que marcharse de su tierra. Se marcha gente muy bien preparada y llega una mano de obra no cualificada.
Los extremeños que estamos en Cataluña, a pesar de la distancia, seguimos teniendo un fuerte sentimiento de afecto, arraigo y unión hacia nuestra tierra. Este sentimiento nada tiene que ver con las manifestaciones de determinados políticos de una y otra comunidad, que tratan de manipular y enfrentar la opinión pública.
En cuanto a cómo nos ven los catalanes, yo haría una división motivada por el gran desconocimiento mutuo que se da entre las dos comunidades. Cuando escribí el libro de viajes Por el norte de Extremadura. De la Vera a las Hurdes, hubo muchos amigos y conocidos catalanes que se lanzaron a la aventura de visitar nuestra tierra por primera vez. Cuando volvían venían encantados y coincidían en la idea tan errónea y equivocada que tenían de Extremadura.
Volviendo a Navalmoral, una última cuestión, ¿cree que se pone suficientemente en valor a personajes históricos como Antonio María Concha, Urbano González Serrano o Emilio Luengo Arroyo? Me contaba el director de un colegio de Navalmoral que sentía vergüenza, porque llegó la televisión extremeña y empezó a preguntar qué sabían de estos grandes personajes que tanto prestigio dieron al pueblo y la gente se quedaba en blanco. Y es que se peca de una falta de autoestima, de no sabe valorar lo que se tiene. Aunque sin llegar al prestigio de estos grandes personajes históricos, yo dediqué una novela a Navalmoral, Nostalgia de una pasión, una novela que en su día se calificó como costumbrista e histórica, en la que se hace una gran labor arquitectónica para dar a conocer cómo era la población en el siglo XX. Curiosamente se puede leer en las bibliotecas de Cataluña pero no en las de allí.
En fin, como decía el gran poeta Salvador Espriu: No hace falta ir tan lejos a buscar la leña, cuando tienes el bosque a la puerta de casa
Tengo a gala conocer bastante bien el territorio de Extremadura y la mayor parte de sus lugares emblemáticos. Sin embargo hay uno, del que había oído hablar mucho, pero al que aún no había tenido oportunidad de visitar: el Balneario de Alange. El pasado 13 de abril, sábado, de la mano de la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo de Extremadura (APETEX), tuve la ocasión de saldar esa vieja cuenta pendiente. Y la mejor expresión que se me ocurre para describir mis sensaciones es: ¡lo que me he perdido durante estos años!
La visita a Alange se enmarcó en las actividades que periódicamente organiza APETEX, con su presidente Francisco Rivero a la cabeza. Durante toda la jornada estuvimos acompañados por Fernando Fernández-Chiralt, director del Balneario, quien hizo de perfecto cicerone, mostrándonos todos los detalles de este magnífico enclave, ducha escocesa y baño incluido. En el almuerzo también contamos con la presencia del alcalde de la localidad, Juan Pulido.
Aunque para muchos ha sido una auténtica novedad, las termas de Alange forman parte del conjunto arqueológico de Mérida que en 1993 fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial. Desgraciadamente esta circunstancia ha permanecido en el olvido durante casi dos décadas, sin que ambos enclaves, Mérida y Alange, se hayan podido beneficiar mutuamente de las sinergias que se podrían haber creado.
Mi descubrimiento de la localidad y de sus termas estuvo acompañado por unas circunstancias privilegiadas, que no siempre se conjugan. Por una lado, después del largo y lluvioso invierno, nos sonrió una de las primeras jornadas verdaderamente primaverales del año. Por otro, debido precisamente a las precipitaciones caídas las últimas semanas, el nivel del embalse a cuyas orillas está el balneario es inusualmente alto, por lo que luce en todo su esplendor. Lo que sí pude comprobar es que la zona reúne todos los ingredientes para disfrutar de una jornada, o de unos días, de asueto y relax, tan necesarios en medio del estrés y el trajín de nuestra vida cotidiana. Más aún si tenemos en cuenta que las aguas de Alange están reconocidas en toda Europa como las mejores para afecciones del sistema nervioso.
Según nos contó Fernando Fernández-Chiralt, que a su vez es el presidente de la Asociación de Balnearios de Extremadura, entre los siete establecimientos termales que están operativos en la región reúnen más de 300.000 pernoctaciones, lo que representa el 14% del total de las que se producen en la región. Cuentan con más de 450 trabajadores y son uno de los principales motores turísticos de la comunidad, aportando a la economía extremeña más de 20 millones de euros. En el caso concreto de Alange, la localidad, con una población de 1.971 habitantes, cuenta con 460 plazas hoteleras, de las que 246 corresponden al propio balneario, produciendo 45.000 pernoctaciones.
ENCLAVE CON ENCANTO
Puedo decir que en las distintas partes del balneario y de sus instalaciones, además de la impronta evidente de una historia que se remonta a la época romana, se entrevé el amor y el gusto por las cosas bien hechas.
El más reciente de sus alojamientos, el Gran Hotel Aqualange, inaugurado en 2006, es una suma de cuidados detalles, en los que se nota la mano de sus propietarios.
Desde la cristalera del patio central, inspirada en la que aparece en la película La Casa de los Espíritus, protagonizada entre otros por Jeremy Irons, Meryl Streep, Glenn Close y Antonio Banderas; hasta la claraboya vidriada que ofrece una magnífica luz cenital a la estancia, pasando por los visillos de ganchillo de las habitaciones o las colecciones de cerámica de su gran comedor, todo está armoniosamente hilvanado. Y lo mismo ocurre en el más modesto hotel Varinia Serena, un tres estrellas muy acogedor, con una estructura de terrazas a lo largo de la ladera, desde cuya parte superior hay unas magníficas vistas hacia el conjunto del balneario, del embalse y de los cerros y elevaciones colindantes.
Con todo, lo mejor fue sumergirse en las aguas del balneario. Primero en la terma romana, tras una ducha escocesa con la que el cuerpo empezó a tonificarse. Es de esas ocasiones en las que me he sentido como transportado a otra época, como si fuera un figurante inserto en otro mundo, un Zelig trasladado a la época romana. Allí, inmerso en el agua caliente, mirando la bóveda de la terma, mientras el sosiego te invade, te sorprendes compartiendo el mismo espacio que ya otros utilizaron hace casi 2.000 años. Y es una percepción diferente a la que tienes cuando paseas o pisas espacios exteriores de cualquier enclave histórico. En este caso se trató de algo más íntimo, más profundo, yo diría que más emocional.
La segunda inmersión, estética y sensorialmente encantadora, fue en la laguna del manantial. El agua, que brota a 28º, pero que está a 24º por la pérdida de calor del espacio, contrasta con la calidez de la terma romana, y sirve para reactivar el organismo y renovar las energías. Rodeada de paredes forradas de azulejos, con el suelo compuesto de cantos rodados de pequeño tamaño, sumergirte en sus aguas y dar unas cuantas brazadas, lentas, en penumbra, escuchando apenas tu respiración, resultó una experiencia gratificante y vivificadora, que nos preparó para el posterior almuerzo.
Tampoco hay que olvidar otros atractivos, como la piscina exterior, que aún no estaba abierta al uso esta temporada, o el paseo repleto de hortensias y glicinias que lleva desde el balneario hasta el hotel Aqualange.
En definitiva, y volviendo a lo apuntado al principio, un auténtico descubrimiento, que recomiendo a todos aquellos que aún no las conozcan. Entre ellos, por supuesto, a los muchos catalanes aficionados al termalismo y a los muchos extremeños que, residiendo en Catalunya, desconocen este pequeño, coqueto y encantador enclave: las Termas de Alange, un redescubierto Patrimonio Mundial en el corazón de la provincia de Badajoz.
Uno de los efectos más nítidos de la globalización es la internacionalización de la gastronomía. Hoy en día es posible tomarse un buen cocido español en Londres, una excelente polenta italiana en Madrid, un delicioso sushi japonés en Barcelona, un estupendo humus libanés en Estocolmo o un rico cuscús marroquí en Badajoz. Y, por supuesto, nos permite a catalanes y extremeños tener acceso a productos de nuestra tierra con relativa facilidad, aunque vivamos fuera.
Los aromas y sabores de nuestra infancia son de las cosas que uno más encuentra a faltar cuando reside fuera de su tierra. Recuerdo que al principio de vivir en Extremadura, a finales de la década de los ochenta del siglo pasado, era prácticamente imposible encontrar aquí alguno de los productos catalanes más típicos. Quizás, no recuerdo bien, la única excepción era el fuet, que sí encontrabas en algunos sitios.
Acostumbro a contar la anécdota vivida el año 1990 en Plasencia, cuando con varios compañeros de RNE decidimos hacer una comida campera mixta, con platos y productos extremeños por un lado y catalanes por otro. César Serrano, buen gourmet y manitas en la cocina, que también había vivido varios años en Catalunya, se encargó de preparar unas butifarras frescas que él mismo había elaborado. Las acompañamos con unas magníficas patatas revolconas, con sus torreznitos y todo. Una de las cosas que nos hacía falta era un buen pan de payés, cocido al estilo tradicional, en horno de leña. Ni corto, ni perezoso, unos días antes llamé a mi buen amigo Rafael Vallbona, para que me procurase dicho pan. Y allí que se fue, a Vilassar de Dalt, a comprar varias hogazas que me hizo llegar por medio de Seur.
En sentido inverso, la situación no era exactamente la misma. La numerosísima presencia de extremeños en Catalunya, ha facilitado que siempre haya habido más facilidad para adquirir algunos productos de Extremadura, sobre todo chacinas ibéricas, aunque igualmente era complicado encontrar otros como los espárragos, el pimentón de La Vera, los quesos, aceites o vinos.
Ahora la situación ha cambiado de forma muy notable, haciendo mucho más accesibles los productos catalanes en Extremadura, y extremeños en Catalunya, y ampliando la variedad de los mismos.
Internet ha supuesto, también en este ámbito, una auténtica revolución. Las tiendas on line facilitan que cualquiera pueda adquirir productos de su tierra y recibirlos cómodamente en su casa, se encuentre donde se encuentre. Un ejemplo es la página www.saboraextremadura.es, que ha puesto en marcha Pedro Castilla García, desde Los Santos de Maimona. Según nos explica, tiene una media de 6 pedidos mensuales con destino a Catalunya: algunos meses son más y otros son menos, pero sí, tengo bastantes pedidos mensuales con destino a la comunidad catalana, especialmente de las provincias de Barcelona y Girona. Suelen ser pedidos medianos, que oscilan entre los 50 y 120 €, y entre los productos más demandados están los embutidos y el vino dulce Eva, producido en Los Santos por la Cooperativa Virgen de la Estrella.
Pero no sólo las nuevas tecnologías han ayudado a que los productos extremeños y catalanes sean más accesibles, sino que también han contribuido las superficies comerciales, al incorporarlos en mayor cantidad a su oferta.
Según datos que nos ha facilitado el Departamento de Comunicación de Carrefour, los productos catalanes que se venden en sus establecimientos de Extremadura son: cavas, mona de pascua, patés, pizzas, conservas de pescado (destacando las famosas anchoas de La Escala), preparados/cocidos cárnicos; vinos (D.O. Penedés, Priorat y Cataluña) y embutidos (fuet, butifarra catalana). En cuanto a los productos extremeños que se pueden encontrar en los centros de Catalunya son: embutidos (jamón Ibérico, chorizo, salchichón, morcilla, panceta,…), quesos (Torta del Casar, quesos de oveja y de cabra), cerezas, picotas, aceitunas, castañas, ciruelas,…
En definitiva, hoy en día ya podemos dar respuesta sin excesivos problemas a nuestra morriña gastronómica. El lado malo de esa globalización, es que ya es mucho más difícil sorprender a alguien cuando vuelves de un viaje, porque aquél producto que has traído pensando que era muy original, te lo encuentras al día siguiente cuando vas al supermercado y, bastantes veces, más barato.
Josep Morató es un empresario de Sant Feliu de Guíxols (Girona), que desde 2009 desarrolla su actividad en el sector de las butacas de descanso para las habitaciones de hospital, con la empresa Decam. Ahora, junto a empresarios extremeños, acaba de crear una nueva sociedad, Abatibles de Extremadura, S.A. (ABEXSA), con la que quieren producir en Mérida nuevos modelos de butacas abatibles, tanto eléctricas como manuales, no sólo para el reposo de visitantes, sino también para mejorar la atención a personas de escasa movilidad, tanto en el ámbito hospitalario, como en los propios hogares.
Los prototipos de las nuevas butacas podrán verse los próximos días, del 14 al 17 de febrero de 2013, en Badajoz, en el recinto de IFEBA, con motivo de la celebración de la XVI edición de la Feria de los Mayores de Extremadura.
El gerundense Josep Morató, uno de los impulsores del proyecto, lleva desde los 18 años vinculado a diversos proyectos empresariales, alguno de los cuales a punto estuvo, hace casi 40 años, de traerlo ya a Extremadura.
Según nos explica, entre 1971 y 1981 trabajó en una pequeña empresa familiar de tapones de corcho y le faltó poco para instalarse en Extremadura, ya que un empresario catalán le ofreció venir como gerente de una empresa que se dedicaba a la preparación del corcho. Tras ese paso por el sector suberícola, Josep Morató se ha dedicado a sectores como el inmobiliario, las inversiones en hostelería y turismo en países como Bulgaria y Brasil, la participación en empresas industriales, la creación de suelo urbanizable o la fabricación de mobiliario para centros hospitalarios.
Precisamente le preguntamos por ese último sector, que es el vinculado a la nueva sociedad que ha puesto en marcha en Extremadura.
¿Qué le lleva a introducirse en este sector de actividad?, ¿desde hace cuánto tiempo? El proyecto de Decam comenzó en el año 2009. Mi actividad inmobiliaria me hizo entrar en contacto con las necesidades de las personas discapacitadas, tanto en proyectos de viviendas tuteladas, como en la reconversión de hoteles para hacer residencias asistenciales. Eso, unido a otras circunstancias, me llevó a reflexionar sobre una necesidad que detecté: mejorar el descanso de aquellos familiares que acompañan al paciente en la habitación de un hospital. De ahí surgió el proyecto de mejorar las butacas abatibles existentes en los centros hospitalarios. La fórmula consiste en depositarlas gratis, de tal modo que el paciente no pague nunca y el acompañante sólo lo hace si las utiliza al completo, es decir, si la convierte en cama. En ese caso la tarifa es de 5€ por día. Es una inversión que te hace sentir bien, pues estás solventando una necesidad de mucha gente, y te la planteas para rentabilizarla sin prisas, a medio plazo.
Este sistema de depositar las butacas (vending), actualmente solo está disponible en Catalunya, a pesar de que otras comunidades también nos han pedido la posibilidad de la instalación gratuita. Como empresa, creo que debemos crecer en función de la inversión que podamos destinar… no podemos morir de éxito.

De izquierda a derecha, Leonardo Martínez, Josep Morató y Jorge Gruart
¿Cómo llega la decisión de dar el salto e iniciar actividad en Extremadura, constituyendo ABEXSA? El salto e inicio de actividad en Extremadura llega después de muchas reuniones con el empresario Jorge Gruart. Hace más de un año vino a visitarnos por primera vez a nuestras oficinas de Decam, en Sant Feliu de Guíxols. Después tuvimos nuevas reuniones en Madrid y Sevilla. Nos convenció para venir a Extremadura y constituir una sociedad, para realizar diferentes proyectos en fase de desarrollo.
Para ultimar algunos detalles técnicos del nuevo prototipo va a contar con el apoyo de CETIEX. ¿En qué va a consistir? En su proyecto, ABEXSA quiere ir de la mano de CETIEX. Su asesoramiento debe ser fundamental en los ámbitos de investigación, innovación, fabricación y marketing. Desde luego no tengo más que palabras de agradecimiento para la acogida que han brindado a nuestro proyecto. Ya hemos tenido una primera reunión con los responsables y técnicos de CETIEX, y van a ser claves en el futuro de ABEXSA. Espero que estemos a la altura que nos requieran y podamos trabajar juntos en estos proyectos ya iniciados, uno de cuyos resultados tiene que ser, sin duda, la generación de puestos de trabajo.
¿Conocía Extremadura antes de esta aproximación empresarial?, ¿le ha sorprendido especialmente algo de lo que ha visto en su reciente visita? Sí, estuve hará unos 10 años. Me gustó muchísimo. Recorrimos toda la comunidad. Fue un disfrute. La gente es muy simpática y te hacen sentir muy bien.
De mi reciente viaje con motivo de las primeras presentaciones que hemos hecho del nuevo prototipo de butaca eléctrica, me ha sorprendido Badajoz, una ciudad para vivir. La he encontrado muy cambiada, mejor ordenada y actualmente con mucho atractivo.
Entrando en un terreno más personal, usted es un empresario que en un momento dado, realizó un fugaz paso por la política municipal en su pueblo. ¿Qué le ha parecido esa experiencia? En cuanto a lo que me comentas de mi experiencia en la política municipal, la verdad es que sólo he permanecido en ella 14 meses. Alguna vez tenía la obligación de probar. Fue a través de una candidatura independiente de ciudadanos de Sant Feliu y, ciertamente, no me gustó. Estaba convencido de que el gobierno de la ciudad acabaría dejándose ayudar, que podía aportar unos años de mi vida a mejorar mi localidad, solamente en los asuntos en que podía aportar experiencia. Les demostré que pagaban facturas 4 ó 5 veces más de lo que realmente valían las cosas, pero no hubo forma. Si no estás en su equipo, no quieren ninguna ayuda. Como yo seguía teniendo inquietudes profesionales, salí sin hacer ruido. De todas formas, creo que tenía que intentarlo, no me arrepiento…
Fernando García (Bienvenida): 40 años en la cocina del área de servicio del Penedés (Tarragona)
En sus casi 40 años de profesión, Fernando García, natural de la localidad pacense de Bienvenida, ha dado de comer a miles y miles de personas que, en algún momento u otro, se han detenido a descansar en el área de servicio del Penedés, en la conocida como Autopista del Mediterráneo, la actual AP-7, que une la frontera francesa con Algeciras. Como jefe de cocina de este punto estratégico, ha visto evolucionar la sociedad española, sus gustos y actitudes, y, también, con satisfacción, el paulatino éxito de los productos extremeños.
Fernando García trabaja como jefe de cocina en este área de servicio de la población tarraconense de L’Arboç del Penedés. El restaurante, bajo la enseña Medas, pertenece a la compañía Áreas, empresa barcelonesa especializada en el ámbito de la restauración para viajes (carreteras, aeropuertos, estaciones de tren, etc.) con amplia presencia internacional.
Según nos cuenta, reside en Catalunya desde 1966. Me trasladé con mis padres, como tantas otras familias de nuestra región, por los motivos que todo el mundo conoce de aquella época. Desde los 12 hasta los 16 años residí con ellos en Salou. Posteriormente, por motivos de trabajo, vivía las temporadas de verano en Salou y las de invierno en la Vall d’Aran. Hasta los 19 años, cuando comencé en el área de servicio del Penedés, como jefe de partida. Desde entonces vivo en la comarca del Baix Penedés. Respecto a su integración en la sociedad catalana considera que fue fácil, tanto por la gente, como por el idioma, ya que entonces no se utilizaba tanto el catalán en la vida diaria.
Aunque su horizonte personal pasa por seguir viviendo en Catalunya, tengo aquí los hijos y los nietos, reconoce que a medida que se hace mayor, va añorando más su tierra. Aunque se trata de un sentimiento de ida y vuelta, porque lo mismo le pasaría si hiciera el viaje al revés: si me fuera a Extremadura una vez que me jubile, echaría mucho de menos Catalunya. En relación a sus hijos comenta que desde pequeños han tenido a sus abuelos y tíos en Catalunya. Debido a esto no tienen demasiada relación con Extremadura, aunque la han visitado varias veces durante su infancia.
Pese a todo intenta mantener la vinculación con su Extremadura natal. Cuando puede, visita la región durante las vacaciones: cada dos o tres años, alternando con Andalucía, donde reside la familia de mi mujer. También mantiene contacto con otros extremeños a través de la Asociación Cultural de Extremadura de El Vendrell (Tarragona), en la que es integrante del coro Raíces Extremeñas. Sigue la actualidad de la región a través de internet, de la revista Imagen de Extremadura y, hasta su corte de emisión, a través del Canal Internacional de Extremadura.
EL REY JAMÓN
Fernando García lleva 32 años como jefe de cocina en el área de servicio del Penedés, una de las más concurridas del país, con gran afluencia de público nacional y extranjero.
Hablamos de Extremadura y de sus productos. Reconoce que en los últimos años sí que hay más presencia de productos extremeños, pero que todavía son muy desconocidos, por lo que la gente no puede valorar toda la variedad que existe. Los preferidos –según su experiencia- son los productos de cerdo ibérico fresco, tales como el cochinillo, la presa y el secreto, aunque sin dudarlo, el producto más demandado, el rey, es el jamón ibérico de bellota extremeño. Por otra parte echo en falta que la comunidad autónoma divulgue más los productos y la imagen de Extremadura, como el vino de denominación de origen Ribera del Guadiana.
En estos 32 años ha visto cómo ha evolucionado tanto el servicio que se presta en estos puntos de descanso para los automovilistas, como la actitud de estos ante lo que se les ofrece. Al principio nos dice- la empresa era mucho más pequeña y se actuaba con más autonomía en cada centro. Actualmente, al ser una empresa española con amplia presencia internacional, el criterio es más homogéneo (centralización de compras, gama de productos de venta definida, etc). Con el cambio de la sociedad española, el cliente se ha vuelto mucho más exigente en calidad, precios, etc. Sobre la fama de caros que acompaña a las áreas de servicio y establecimientos similares, considera que en la actualidad los precios están muy igualados a los que puedan encontrarse en los núcleos urbanos, teniendo en cuenta que estos centros son de gran volumen y se mantienen todos sus servicios durante las 24h del día.
No se siente profesionalmente coartado por no trabajar en un establecimiento propio. Sí, hay alguna diferencia. En una empresa así, la gama de productos a ofertar ya viene definida, aunque eso no quiere decir que yo no pueda expresar mi creatividad en la cocina. Es verdad que en un negocio propio puedes sentirte más realizado con tu oficio, pero, para mí, lo más positivo de trabajar en una empresa como Áreas es que tengo una mejor calidad de vida. En un local propio estás supeditado a tener una jornada laboral más sacrificada.

























Fco. Javier M. Romagueras
