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Categoría: Historia
Cuatro arcos en el recuerdo: Bará, Barcelona, Cáparra y Mérida

Del conjunto de elementos que pueblan el universo arquitectónico, sin ser yo especialista en la materia, hay uno que siempre me ha llamado la atención por su singularidad: el arco de características triunfales, es decir, aquél que no forma parte de un edificio, sino que tiene personalidad por sí mismo y como tal ha llegado hasta nuestros días. A lo largo de mi vida he conocido unos cuantos, tanto en España como en el resto de países que he visitado, pero hay cuatro, ubicados en Catalunya y Extremadura, que por distintas razones son los que más íntimamente unidos están a mi memoria.

Arco de Bará

EL ARCO DE BARÁ

Está situado a unos 20 kilómetros de la Tarraco romana, al borde de la Vía Augusta, la calzada que nacía en las gaditanas columnas de Hércules y llegaba hasta los Pirineos.  El Arco de Bará es uno de los clásicos a lo largo de los años de estudio. Este arco monumental, del que unos dicen que era un arco del triunfo y otros que se trata de una delimitación fronteriza de territorios, forma parte de esa serie de ciudades, lugares, monumentos, pinturas, esculturas, etc., que uno siempre ha conocido a través de los libros y que, cuando por fin lo descubre físicamente sobre el terreno, siente una emoción muy especial.

Construido en el siglo I a C., es uno de los monumentos romanos más conocidos de la península y forma parte del legado arqueológico de Tarragona reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Arco del Triunfo de Barcelona

EL ARCO DEL TRIUNFO DE BARCELONA

El arco más íntimamente ligado a mi niñez. Sus 30 metros de altura me resultaban totalmente impresionantes, todavía me lo parecen hoy, e invitaban a mirar al cielo cuando pasabas por debajo de él.

Situado en el Paseo de San Juan de Barcelona, muy cerca del Parque de la Ciudadela, está construido en ladrillo visto, en estilo neomudéjar. Se concibió como pórtico de entrada a la Exposición Universal de Barcelona de 1888, lo que refuerza su carácter marcadamente cívico. La muestra supuso la recuperación para la ciudad de una zona, la ciudadela, que era el núcleo de la represión borbónica, sufrida tras haber apoyado los barceloneses al Archiduque Carlos de Austria de la Guerra de Sucesión a la Corona Española.

Ciertamente el paseo por los alrededores del Arco del Triunfo, en cuya proximidad se encuentra la librería y editorial NORMA, sigue siendo uno de mis favoritos de la capital catalana.

Arco de Cáparra

EL ARCO DE CÁPARRA

Para mi gusto, el más fascinante de todos. Lo conocí a finales de los años 80 del pasado siglo XX, cuando ocupé la dirección de RNE en Plasencia. Los entornos de la ciudad, con los valles del Jerte, del Ambroz y del Alagón, fueron lugares habituales de desplazamientos para cubrir informaciones de todo tipo. Y así fue como descubrí este impresionante arco, el único cuadriforme que pervive en la península.

Por aquél entonces, Cáparra apenas era el arco aislado sobre la calzada romana. Con el paso de los años la ciudad fue desentrañando sus secretos, con lo que cada visita era una nueva sorpresa y una forma diferente de percibir el lugar.

Otro de sus atractivos, a diferencia del resto de arcos de los que hablo, es su aislamiento. Estar allí, paseando por entre las calles de la antigua ciudad de Cáparra, bajo su atenta vigilancia, es uno de esos pequeños momentos entrañables en los que uno se reconcilia con el mundo.

Situado en medio de una zona de dehesa, uno no se lo encuentra al paso, sino que tiene que ir expresamente.  Desde la A66, la autovía de la Plata, a pocos kilómetros de Plasencia,hay que tomar el desvío a Guijo de Granadilla – Oliva de Plasencia. También se puede ir por la salida de Villar de Plasencia, en dirección al Embalse de Gabriel y Galán. A partir de ahí empieza a estar indicado.

Arco de Trajano, en Mérida

EL ARCO DE TRAJANO

El arco bajo el que más me he prodigado durante los últimos años es el de Trajano, en Mérida. Según los entendidos en la materia, esta denominación es totalmente aleatoria y sin fundamento alguno, siendo fruto de la tradición popular de los habitantes emeritenses. Tampoco parecen ponerse de acuerdo las distintas fuentes sobre su función, aunque parece que la más aceptada es que se trataba de una monumental puerta de acceso a un espacio sagrado.

En cualquier caso, de este arco, de unos 15 metros de altitud total, me impresiona sobre todo la pureza de la bóveda que describe y las dimensiones de los sillares de granito que lo forman, perfectamente sustentados unos en otros. Cuando uno ve ejemplos constructivos como éste, con dos mil años a sus espaldas y múltiples peripecias históricas, no puede por menos que pensar que las construcciones actuales no parece que vayan a tener la misma longevidad.

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Especial de “Memòria antifranquista del Baix Llobregat” sobre el genocidio franquista en Extremadura

Recientemente acaba de aparecer editado el número 12 de la publicación “Memòria antifranquista del Baix Llobregat”, portavoz de la Associació per a la Memòria Històrica i Democràtica del Baix Llobregat (AMHDBLL). Se trata de un número extraordinario de 120 páginas que reúne 18 artículos de diversos autores, que tratan aspectos como la cuestión agraria en Badajoz, los desaparecidos en la ciudad de Cáceres durante la Guerra Civil, la aplicación de la justicia militar en la provincia de Badajoz, los niños esclavos del franquismo en Extremadura o la depuración del magisterio primario de Sierra de Gata.

Portada del especial dedicado a Extremadura

Francisco Ruiz Acevedo, presidente de la AMHDBLL, en su presentación de este número extraordinario, indica que el mismo va dirigido a todas las familias extremeñas que padecieron, y no olvidan, todos y cada uno de los horrores represivos de toda índole perpetrados por los golpistas fascistas y que, a estas alturas, no tienen el menor conocimiento de sus familiares desparecidos y enterrados en fosas comunes, para ofrecerles el homenaje merecido y el consiguiente y digno enterramiento.

La publicación, añade Ruiz Acevedo, también va dirigida a todos los extremeños y sus descendientes que residen en Catalunya, que tuvieron que abandonar sus lugares de origen para huir del hambre y de la represión. En nuestra comarca del Baix Llobregat podemos cifrarlos en alrededor de un 10%, que se han organizado en asociaciones repartidas por toda la geografía catalana, y una parte de las mismas pertenecen al Baix Llobregat … Estamos en deuda y vaya nuestro mayor agradecimiento por la información facilitada por la Federación de Asociaciones Extremeñas de Catalunya.

Entre los autores que se incluyen en este número figuran historiadores como Francisco Espinosa, José Hinojosa, Javier Martín Bastos, Francisco Moreno Gómez, Candela Chaves, Manuel Díaz Ordoñez, María Jesús Milán, Ángel Olmedo Alonso, José Ramón González Cortés, Fco. Javier García Carrero y Fernando Barrero Arzac; miembros de la junta directiva de la AMHDBLL, como el abogado Antonio Martín Martín, y la catedrática de educación secundaria Agustina Merino Tena; el ex-magistrado Juan José del Águila Torres, el investigador Francisco Cebrián Andrino, el vicepresidente de la Asociación Memorial Democrático de Trabajadores de SEAT, Antonio Mayo Gutiérrez; Jesús C. Rodríguez Arroyo, licenciado en Ciencias Empresariales, y, finalmente, Cayetano Ibarra, coordinador del Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura (PReMEx).

Junto a los artículos, la publicación incluye cuatro anexos sobre los siguientes temas:

  • Reclusos-trabajadores procedentes de Cataluña internos en las colonias penitenciarias militarizadas en Montijo, condenados a 20 y 30 años de prisión.
  • Lista de asesinados por la represión franquista en Villanueva de la Serena.
  • Visión global de la represión franquista en la ciudad de Cáceres.
  • Relación de presos extremeños muertos en la colonia penitenciaria de Formentera entre 1941 y 1942.

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Fernando el Católico, Guadalupe y los payeses catalanes

La serie televisiva Isabel, que emite los lunes TVE, además de traer al primer plano de la actualidad la figura de la que llegó a ser reina de Castilla en 1474, también lo ha hecho con la figura del que fue su consorte, Fernando de Aragón. Como es bien conocido, ambos pasaron a la historia bajo el título de Reyes Católicos, siendo los primeros en unir bajo un mismo mando los dos grandes reinos peninsulares, Portugal aparte. La presencia aquí, en Catalana con jamón, de la figura de Fernado II de Aragón, se debe a que uno de los hechos más importantes de su reinado, la resolución del conflicto que enfrentaba a los payeses catalanes con la nobleza feudal, tuvo lugar en el Real Monasterio de Guadalupe.

Rodolfo Sancho, en el papel de Fernando II de Aragón, en la serie "Isabel" de TVE

La Sentencia Arbitral de Guadalupe fue dictada en el cacereño monasterio de Las Villuercas, el 21 de abril de 1486. Con su adopción se ponía punto y final a un largo período de conflictos en Catalunya, que había enfrentado a los payeses contra la nobleza rural y sus privilegios feudales, los denominados malos usos. Estos, similares a los que estaban sometidos en otros territorios los siervos de la gleba, consistían en que los payeses, pese a ser considerados hombres libres, no podían abandonar las tierras del señor para el que trabajaban, porque estaban adscritos a las mismas de modo forzoso y hereditario. La única forma de marcharse, y conseguir por tanto la libertad de movimientos, era mediante el pago de un rescate o remença.

La lucha por estos derechos, se entrecruzó con los habituales conflictos entre la realeza, representados en este caso por el enfrentamiento entre el rey de Aragón, Juan II, y su hijo Carlos de Viana, a cuenta de la sucesión al trono de Navarra. Hecho prisionero por su padre, las Cortes catalanas, reunidas en Lleida en 1460, deciden asumir su defensa. Su muerte en 1461, será el detonante del inicio de la guerra civil catalana, que enfrentó por una parte a los seguidores realistas y, por otra, a los nobles y a las instituciones autóctonas, como la Diputació del General y el Consell de Cent.

En medio de este fragor, que obligó al rey Juan II a exiliarse a Aragón, dejando como regente en Catalunya a su esposa, la reina Juana Enríquez, junto a su hijo Fernando, el futuro rey católico; se produce el primero de los levantamientos de los payeses, que se ponen de lado del bando real.

La contienda concluye en 1472, con la capitulación del bando nobiliario e institucional catalán, frente a los realistas, que habían recibido la inestimable y costosísima ayuda de las huestes francesas de Luis XI, a cambio de ceder los territorios catalano-aragoneses del Rosellón y la Cerdanya. Los payeses esperaban que su contribución en favor de Juan II se viera recompensada por la abolición de los malos usos. Pero no sucedió así. Juan II, viejo y enfermo, se dedicó a contemporizar con la nobleza, preocupado además como estaba por asegurar el enlace con Castilla a través de la boda de su hijo Fernando con Isabel.

La no resolución del problema, hizo que la situación del campesinado catalán fuera de constante conflictividad, con abundantes revueltas y levantamientos. Ya reinando en Aragón, Fernando II, en setiembre de 1484 se inicia la segunda guerra remença. La virulencia y persistencia del conflicto que enfrentaba a los payeses contra la nobleza y las instituciones catalanas obliga a Fernando II, enfrascado entonces junto a Isabel en la conquista de Granada, a buscar la negociación como vía de resolución, ofreciéndose como mediador entre las partes. Esta intervención cristaliza la ya mencionada fecha del 21 de abril de 1486, con la Sentencia Arbitral e Guadalupe, con la que se pone fin al enfrentamiento y se resuelven, en parte los problemas. Con la sentencia, los payeses consiguen el dominio útil sobre los terenos que cultivan a cambio de una cantidad relativamente pequeña. También consiguen, a cambio de otro pago, que se aboliese el derecho de los señores a maltratarlos y otros cuantos derechos feudales. Eso sí, deben seguir rindiendo pleitesía a los señores, aunque se elimina cualquier vinculo de servidumbre.

La libertad personal que los payeses catalanes consiguieron en el siglo XV, y que en el resto de la Península y en otros países europeos no se lograría hasta bien entrados los siglos XVIII y, según dónde, hasta el siglo XIX, supuso un importante impulso económico y social para Catalunya, porque eximidos de la vinculación al señor y al territorio, muchos de ellos pudieron cambiar de residencia y dedicarse a otras tareas, como las comerciales, artesanas e industriales.

La explicación del hecho de que la resolución se dictase en Guadalupe se debe a que los Reyes Católicos pasaron diversos períodos en el cercano Palacio de Mirabel.

 

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1835: Relación entre las sociedades económicas de amigos del país de Cáceres y Barcelona

José María Lama, amigo, historiador y socio, me hace llegar un documento que ha encontrado en una de sus múltiples pesquisas entre archivos y cartapacios. Se trata de una comunicación que dirige la Sociedad Económica de Amigos del País de Cáceres al gobernador civil de Cáceres (que era en ese momento José Álvarez Guerra, bisabuelo de los Machado), para que inserte en el boletín de la provincia un anuncio de la Sociedad Económica de Amigos del País de Barcelona.

Anuncio en el Boletín Oficial de Cáceres, del 21 de agosto de 1835

El anuncio, que aparece publicado en la página 4 del ejemplar del Boletín Oficial de Cáceres, del 21 de agosto de 1835, es un ejemplo de las relaciones que existían a mediados del siglo XIX entre las sociedades dedicadas al fomento del país de Cataluña y Extremadura.

El texto del anuncio hace referencia a un concurso convocado por la sociedad barcelonesa, para  premiar a quien mejor demuestre, a través de una memoria, la necesidad de la industria para el fomento de la agricultura. Entre las curiosidades del texto, llama la atención la catalogación que se hace del territorio de Cataluña, al que se considera como suelo estéril en su mayor parte.

Las sociedades económicas de amigos del país surgieron en varios países europeos, como España, Irlanda y Suiza, en la segunda mitad del siglo XVIII, al calor de las ideas de la Ilustración. Su objetivo era, y sigue siendo, fomentar el desarrollo económico y social de sus respectivos territorios, desde ambientes culturales y filantrópicos no vinculados directamente a las administraciones públicas.

En España, la primera de las que se constituyó fue la Sociedad Bascongada de Amigos del País, en 1765, por iniciativa del Conde de Peñaflorida. Pero no fue hasta 1775, con la publicación de la Real Cédula de Carlos III, y el apoyo de Campomanes a la creación de la Real Sociedad Matritense de Amigos del País, que recibieron el impulso definitivo para su extensión por todo el país.

En Extremadura, la Real Sociedad Extremeña Económica de Amigos del País de Badajoz, se constituyó en 1816, y mantiene su actividad hasta nuestros días, siendo su presidente, desde 1989, Francisco Pedraja Muñoz. En cuanto a la de Cáceres, desaparecida en la actualidad, su creación cabría situarla alrededor de los primeros años treinta del siglo XIX, aunque a través de las distintas consultas no ha sido posible hallar la fecha exacta. Por su parte, la Societat Econòmica Barcelonesa d’Amics del Pais, se creó en 1822, y hoy en día ocupa su presidencia Miquel Roca i Junyent.

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La huella de los caballeros catalanes en la primera reconquista de Extremadura

En el último tercio del siglo XII, en el año 1166, un grupo de barones catalanes participaron en la primera Reconquista de la Villa de Alcántara, acompañando a su señor, el Conde de Urgel, Armengol VII, quien a su vez servía al Rey de León, Fernando II. Entre estos caballeros figuraban Arnal de Ponte, Arnal de Sanahuja, Bernardo Mediá, Ramón Vilalta y, sobre todos, Pedro de Bellvís.

Castillo de Belvís de Monroy

Carlos Callejo Serrano, humanista, investigador y Cronista Oficial de Cáceres, (Barcelona 1911-Cáceres 1993), se remonta a dicho período para intentar explicar el origen, aparentemente catalán, del nombre de algunas localidades y topónimos de la provincia de Cáceres, como Belvís, Monroy o Miravete. Su estudio, titulado “Barones catalanes en la conquista de Extremadura”, apareció publicado hace 26 años, en la Revista de Estudios Extremeños que edita el Centro de Estudios Extremeños de la Diputación Provincial de Badajoz. Concretamente en el Tomo 42, volumen 3, correspondiente a septiembre-diciembre de 1986.

En su amplio e interesante artículo, Carlos Callejo explica que Fernando II de León donó Alcántara al conde Armengol por los buenos servicios que le hizo en la conquista de Extremadura. A la villa de Alcántara se le concedió un término que abarcaba hasta la Sierra de San Pedro, por el sur, y por el norte todas las tierras cuyas aguas caían sobre el río Tajo. Varios de los caballeros que le acompañaron en sus años de servicio al rey leonés, hasta su muerte en 1184, ocuparon puestos relevantes en la administración de los territorios ocupados. Así, Arnal de Ponte y Berenguer Arnal fueron nombrados custodios principales de la villa, y Bernardo de Mediá actuó a modo de secretario del conde. Sin embargo, el que más interés tiene, a los efectos de la tesis que planteó Carlos Callejo, es Pedro de Bellvís. Sabemos –explica el autor- que muy cerca de Alcántara los caballeros catalanes procedieron a edificar un castillo que defendiera o vigilara el acceso a la plaza por el sur, por donde venía un antiguo camino romano y podían venir huestes musulmanas hostiles. Este castillo se llamó, y se llama, Bellvís, el mismo que años adelante, y al servicio del rey de Castilla, puso el mismo nombre a otro castillo junto al Jarama. No disponemos de datos de las posibles relaciones de Pedro de Bellvís con los Belvís desparramados en la Extremadura castellana, pero se conjetura que, o fueron edificados por el mismo personaje, o son un eco toponomástico del primero de ellos.

A lo largo de su trabajo, Carlos Callejo se refiere tanto a aspectos lingüísticos, como a heráldicos, incursiona en las relaciones entre el Reino de León y el Condado de Urgel, bucea en la historia del clan de los Monroy, nos cuenta sobre las Extremaduras y las varias Reconquistas. Finaliza con una serie de conclusiones que se reproducen a continuación:

Sepulcro de Armengol VII y de su esposa, Blanca de Foix, exhibidas desde 1928 en el The Cloisters Museum de Nueva York

1ª.- Los topónimos de sonancia catalana y con paralelos en el área lingüística levantina, fueron con gran probabilidad impuestos a fines del siglo XII por los Barones o Caballeros catalanes que acompañaron al Conde de Urgel, Armengol VII, después de la toma de Alcántara en 1166, y a quienes fueron concedidos territorios en el valle del Tajo. Esto vale al menos para tres de ellos: Monroy, Miravete y Belvís. Del cuarto, Monfragüe, nada se puede afirmar, pese a su sonancia. Carece de paralelos en Levante y su etimología no está aún nada clara.

2ª.- Al producirse a fines del siglo XII el alud almohade, todos estos territorios se perdieron, pero no los topónimos. En la segunda reconquista de estas tierras, a principios del siglo XIII, fueron repobladas con los mismos nombres. El poco tiempo que estuvieron en poder musulmán, hace verosímil esto último.

3ª.- No parece demostrable que las familias extremeñas de los Monroy y los Belvís, pese a las similitudes heráldicas, descendieran de los caballeros catalanes compañeros de Armengol VII. Los pueblos citados se perdieron muy pronto y lo único que quedó en pie, como hemos dicho, fueron los topónimos, los cuales persistieron hasta volverse a ganar las tierras en la definitiva reconquista. Más tarde, nobles familias leonesas tomarían su apellido de estos topónimos, dando así origen a los linajes que tanto suenan en la Historia, de Monroyes y Belvises.

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>Catalanes en Extremadura (1763-1872) [y IV]: Los laneros. Los hermanos Calaff.

>Cuarta y última entrega del artículo del Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Extremadura, Miguel Ángel Melón, en la que se analiza la presencia de familias catalanas en la ciudad de Cáceres, entre 1763 y 1872. En esta última parte vuelve a aparecer uno de los apellidos que más han quedado vinculados a la ciudad, Calaff, en esta ocasión por sus negocios laneros.


El Lavadero de los Barruecos
El interés de los catalanes por el mercado lanero cacereño se advierte ya al poco de su llegada, si bien como una parte más de sus múltiples tratos, pero no, en principio, como la fundamental. Esto no sucederá hasta la tercera década del siglo XIX en que los hermanos Calaff harán una apuesta definitiva en esta dirección y convertirán el tráfico con lanas en su principal fuente de ingresos, culminando así los tres estadios en torno a los que configuran sus actividades los catalanes en Extremadura. En 1828, tras la separación de Miguel Calaff de la compañía de comercio Viuda de Segura Tomás y Compañía, junto con su hermano José Policarpo compra a la Condesa de Torrearias el Lavadero de los Barruecos -el más importante de los tres que funcionaban en Cáceres-, por valor de 340.000 reales. Por esas fechas, según las informaciones contenidas en el Vecindario de Cáceres de 1828, el total de lanas lavadas ascendía a 50.000 arrobas, la mayor parte de las cuales eran tratadas en el mencionado lavadero.
Aunque no se conservan datos acerca del funcionamiento del lavadero para la primera mitad del siglo XIX, los que conocemos para la segunda permiten establecerlo con claridad y, salvo matices, hacer extensibles algunas de las conclusiones obtenidas para todo el período aquí considerado, desde las formas de aprovisionamiento, hasta el siempre complicado asunto de estimar los costes de producción y el destino final de las remesas de lanas.
Lanas vendidas por Miguel Calaff en 1862
En cuanto a la adquisición de lanas durante el año 1862 -al que aparecen referidos cuantos cálculos se expresan a continuación-, el lavadero se surte de lanas leonesas, finas riberiegas y negras en los esquileos de la jurisdicción de Cáceres, lo que supone el 38,06 % de las 18.415 arrobas que compran los Calaff. En las comarcas meridionales extremeñas los acopios más importantes se realizan en Mérida, Almendralejo, Zafra y Fuente del Maestre, hasta completar el 41,1 %; el 20,8 % restante procede de las Vegas Altas del Guadiana (de Don Benito, principalmente).
Una vez conseguidas las remesas de lanas, cuyos precios variaban en función de su clase y calidad, eran llevadas al lavadero para ser tratadas y, posteriormente, enviadas a diferentes puntos de la geografía nacional y europea.
En el capítulo de gastos, los derivados de la adquisición, esquileo, recogida y transporte representan el 45,0 % y albergan notables diferencias según las zonas de procedencia de las remesas. Las compradas en los esquileos cacereños, en contrapartida a que por ser las de mejor calidad registran los precios más elevados, conllevan unos menores gastos de acarreo; por el contrario, las procedentes de tierras pacenses unen a unos precios más bajos unos desembolsos superiores por comisiones y transporte. El lavado de la lana absorbe el 36,76 % (tratamiento, jornales para mantenimiento de las calderas y embalaje), de donde resulta un coste medio por arroba lavada de 4,1 reales.
Por diversos motivos, relacionados con el hecho de que no a todas las lanas se da salida el año en que se adquieren, en las estimaciones de beneficios se ha de operar con extremada cautela, pero los resultados ponen de manifiesto la importancia del capital que movía una empresa lanera. En el año considerado, el valor de las 18.415 arrobas de lana se eleva a 1.548.251 reales, mientras que las 12.540,5 arrobas que saca al mercado le reportan un total de 1.851.895 realess. Si a la primera partida se añaden los costes de esquileo, transporte y tratamiento de la materia prima (134.529 reales), el valor global del desembolso es de 1.682.780 reales que, deducidos del producto final que recoge la contabilidad (1.863.355 reales), arrojan un saldo líquido de 180.575 reales, a los que vendría a añadirse el producto de las 5.887 arrobas que, ya lavadas, se almacenan para darles salida en posteriores ejercicios. Una primera conclusión que se desprende a partir de todo lo expuesto parece evidente: la rentabilidad que aseguraban estas empresas se encontraba muy por encima de la que proporcionaban otras actividades dominantes en Extremadura hasta entonces, como la explotación de la tierra o la renta inmobiliaria, amén de permitir unos amplios márgenes de beneficio susceptibles de orientarse en otras direcciones. Y todo ello a la vista de que, para entonces, la calidad de estas lanas, con relación a las que durante el primer tercio del siglo salían de Extremadura, era sensiblemente inferior.
Entidades y comerciantes relacionados con Miguel Calaff
La fase final del proceso, concerniente a la comercialización de la lana, permite dibujar con detalle la red de intercambios configurada en torno al mercado lanero extremeño, los puntos de destino de la materia prima y el área de actuación de la empresa de Miguel Calaff. En el exterior, y a diferencia de lo que ocurriera en la primera mitad del siglo, las fábricas de tejidos portuguesas de Covilha acaparan el mayor porcentaje de las arrobas vendidas (el 40,2 %); Inglaterra, por el contrario, ha pasado a ocupar un segundo lugar, pero mantiene operativa la estructura comercial configurada en aquel período. Desde Sevilla, el agente de los Calaff, José María de Ibarra, concierta todas las operaciones con la firma londinense Anselmo de Arroyave y Cía., destinataria en exclusiva del 25,7 % de la lana comercializada. En ambos casos las sacas y saquetas que se remiten son de la clase leonesa, en sucio, pero también lavadas de ganados finos riberiegos y de “piaras”, de menor calidad, esquiladas en el Lavadero de los Barruecos. Por razones que desconozco, el precio final de algunas de estas partidas se multiplica por cuatro con relación al de compra, lo que no ocurre con otras lanas lavadas o en sucio que también se exportan. En Francia es el comerciante Próspero Cartier, de Santa María de Oleron, quien recibe el 11 % del total de lanas vendidas.
En el mercado interior Extremadura absorbe el 19,6 %, sin que se conozca con exactitud el uso que a estas remesas dieran los tratantes cacereños como Jorge Rocandio, vecino de Alcántara, que a buen seguro exportara algunas a través de la frontera portuguesa con destino a Lisboa. Las cantidades vendidas a fabricantes de Béjar suman 350,9 arrobas, mientras que a Cataluña sólo se envían 228,7 arrobas, destinadas a los Señores Vinuesa y Compañía, de Barcelona, y Fontanet Hermanos, de Sabadell. Sin embargo, la firma comercial demuestra un interés creciente por consolidar las relaciones comerciales con los enclaves textiles catalanes, según se desprende del intercambio de correspondencia con los fabricantes de Sabadell. El 29 de enero de 1862, la Fontanet y Hermanos solicita de Miguel Calaff una partida de lanas, a lo que éste responde que “en jugo” no contaba con ninguna existencia y sí con 3.500 lavadas, aunque comprometidas ya con compradores extranjeros. Pero explica que “si bien, por otra parte, suponía yo que a ustedes no les convienen lanas lavadas, porque habiendo hecho el experimento más de una vez con muestras para Cataluña, como me ha sucedido últimamente con 6 sacas que deben hallarse sin vender en casa de los Señores Coll Hermanos y Barba, de Barcelona, he visto ya por experiencia que es mal negocio el envío del lavado”. Ante tal eventualidad, y dado el escaso interés que demuestran los fabricantes catalanes por las lanas lavadas, Calaff les remite 25 sacas, vía Sevilla, incluyendo en ellas lanas de todas clases, “porque es la manera de apreciar mejor el valor de unas pilas llevando vellones, añino, caídas y peladas” y manifestarles de ese modo “una prueba del deseo que me anima en hacer negocios con su respetable casa”.
Consideraciones finales
Fue otro erudito cacereño, Miguel Muñoz de San Pedro, descendiente de una familia de cameranos logroñeses que llegó a Cáceres por la misma época que los catalanes estudiados, quien, para explicar lo efímero de esta burguesía cacereña que se consolida a lo largo del siglo XIX utiliza un argumento, no carente de interés, pero mediatizado sin duda por la traumática experiencia de sus paisanos, los García Carrasco, cuya quiebra sobrevino a mediados de la centuria por una mala jugada en la bolsa madrileña: “En el fondo de todo aquello había, sin duda, en lo económico, algo momentáneo y artificial, porque las bases de las grandes casas señoriales eran sólidas, asentadas en las inmensas dehesas, mientras las de los García Carrasco se sustentaban en operaciones financieras, sujetas siempre a los inestables azares de la fortuna”. De aplicarse el análisis en los términos expuestos exclusivamente, quedarían al margen otras razones cuya influencia en lo limitado del fenómeno que se estudia no debe minusvalorarse.
Cabe destacar, en principio, una muy difícil capacidad de renovación y autoperpetuación del mundo que estos catalanes estaban contribuyendo a construir. Fuera de los pioneros como Juan Busquet, los Segura o los Calaff, escasea entre sus descendientes una preparación para los negocios y un espíritu tan emprededor como el que aquellos habían mostrado. Dejando al margen la escasa apertura de estrategias familiares que promovieron, la tan traída y llevada cuestión de la iniciativa empresarial fue algo que, al contacto con Extremadura, no consiguió arraigar más allá de esa primera generación. En ocasiones por la propia incapacidad demostrada por los herederos de los comerciantes para los negocios, pero sobre todo porque la tierra ofrecía otras alternativas más “tradicionales” que, a corto plazo y con menor asunción de riesgos, procuraban una más que evidente rentabilidad. Y así lo entendieron y pusieron en práctica muy pronto los Segura y los Calaff, si bien esta particularidad iba a poner pronto en evidencia sus límites y contradicciones.
Otra circunstancia, que incide en el mismo sentido de los argumentos expuestos anteriormente, concierne a lo limitado de los recursos que han de disputar y la necesidad de compartirlos con otros individuos llegados a Extremadura en idénticas condiciones y con parecidas inquietudes. La demanda de los productos en que traficaban podía verse incrementada en fases muy concretas, pero el contexto de la economía extremeña del siglo XIX no permitía las potencialidades que en otras partes del territorio nacional se estaban dando. A principios de la década de los treinta, por citar un ejemplo significativo, las aproximadamente 50.000 arrobas que cada año salían de los lavaderos de lanas cacereños, las 25.000 fanegas de cerales, 4.000 arrobas de aceite y 3.000 de vino que producía la capital debían disputárselas, además de con los arrendadores decimales, con las diferentes casas de comercio que existían, y las necesidades consuntivas que deparaba una población de 6.412 habitantes, que ocupaban 1.334 casas de habitación, no daban para muchas alegrías.
Quedaría por abordar, finalmente, siquiera a modo de línea de investigación en la que habrán de incidir futuros estudios, el tema del compromiso político que asumió esta burguesía en tierras extremeñas en el contexto de la crisis del Antiguo Régimen y la Revolución Liberal. De su participación en la vida municipal no faltan las noticias que dan cuenta de cómo José Segura Soler fue elegido concejal de Cáceres en 1812, 1820 y 1833; Miguel Calaff en 1833, 1835 y 1836; Santiago Calaff en 1836; Manuel Segura Ramón, por su parte, asumió la alcaldía en 1836 y Ramón Calaff en 1840. Su actuación, no obstante, iba a verse reducida a este ámbito local, consecuencia probablemente de haber sentido muy cerca la azarosa experiencia vivida por sus convecinos cacereños, la otrora todopoderosa familia García Carrasco, en su intento de traspasar las estrechas barreras de la política provincial y acceder a las esferas de la nacional, coto aquel reservado hasta entonces a las tradicionales oligarquías de campanario extremeñas.

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