SER CURA: TRES DOCENAS DE AÑOS.
El pasado 22 de mayo, participaba en la fiesta de San Atón en Badajoz, allí conviviendo con los seminaristas actuales, recordaba mi historia, que desde los once años está vinculada con esa casa, ahora ya hace tres decenas de años que salí como sacerdote de esa casa: En san Atón
Hoy hace 36 años… que siete jóvenes, Antonio Becerra, Casto Acedo, Juan Antonio Delgado, Joaquín Reina, Manuel Calvino, Manolo Velez y yo, -entre 23 y 26 años- fuimos puestos al servicio del pueblo de Dios, para vivir el ministerio sacerdotal en medio de la gente.
Entonces éramos: ilusión, temor y temblor, confianza, ganas, fuerza, creatividad, luchadores, utópicos, rebeldes, eclesiales, modernos, reflexivos pero más activos, nos queríamos comer el mundo¡¡¡
Ahora somos los mismos pero no de la misma manera, ilusionados con lo pequeño y lo fiel, con menos temblor y con más temor de si estamos siendo auténticos, confiando más en El y menos en nosotros y en la institución, queriendo tener más ganas de las que tenemos y buscándolas en la Palabra y en la vida, fuertes para aquello de lo que estamos convencidos una vez que la vida nos ha enseñado a priorizar, más contemplativos que activos, pero actuando con más profundidad, no desertamos en la lucha porque hay objetivos nuevos y los vinos nuevos no nos asustan queremos beberlos, la utopía ahora la vivimos a pie de calle hasta con nosotros mismos que nos soñamos renovados, no podemos dejar de ser rebeldes aunque a veces sentimos la tentación del “yo ya”, eclesiales a tope aunque no nos guste lo que vemos y sentimos en algunos espacios, pero el papa nuevo nos está dando estopa, modernos pero ya más gordetes, vistosones que diría mi abuela, ya no nos vale cualquier actividad buscamos la acción, el proceso, y ya no nos queremos comer el mundo, pero nos gustaría dejarnos comer, ser buen pan para el pueblo.. y seguimos diciendo, en el nombre del Señor, “Tomad y comed que esto es mi cuerpo..” queremos vivirlo más y hacerlo más verdad. Y estamos contentos, con ganas de continuar, porque “Señor, a dónde iremos…si tú estás llenado nuestra vida”.
Y esto lo vivimos agradecidos, ya estamos totalmente convencidos de que este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, y esto por dos motivos: el primero, que nuestras debilidades nos han convencido fuertemente de que somos vasijas de barro, sabemos de nuestra imperfección y reconocemos nuestros pecados, la gracia nos ha sobrepasado y lo que llevamos en nuestras manos y en nuestro corazón no proviene de nosotros, porque eso tenemos claro que cada día hemos de avanzar para predicarnos menos a nosotros mismos y ser más testigos de Jesús y su evangelio, nos mueve ser fieles a aquél nos llamó y nos invitó a seguirle en este camino. El segundo motivo es la verdad de la vida, ya no creemos porque lo diga el evangelio, sino porque lo que dice el evangelio se cumple en la vida, y aquí nuestro Dios nos ha ganado por goleada, según hemos ido viviendo, con ilusión y desilusión, con aciertos y desaciertos, hemos comprobado que la gracia de Dios va más allá de nosotros mismos y nos sobrepasa en la vida de la gente, en medio del pueblo. Somos testigos de cómo Dios nos ha mostrado su encarnación, vida, muerte y resurrección en miles de rostros humanos sencillos en lo cotidiano de la vida del pueblo. Por eso estamos agradecidos, porque Dios nos ha hecho más curas, más ministerio, a través de la vida de la gente que se encarna, vive, lucha, se entrega, gasta su vida, muere por los demás, y se convierten en verdaderos signos de resurrección.
Dios no nos pide hacer milagros ni signos, sino ser testigos de todos los que El hace en medio del pueblo con la gente. Vosotros, los hombres y mujeres de a pie, los de las comunidades y movimientos por los que hemos pasado nos habéis hecho más sacerdotes, más servidores, por eso no podemos no seguir, os necesitamos, ya no somos curas por empeño, sino porque somos felices caminando con vosotros, ya no tenemos a donde ir, necesitamos la comunidad y la vida, el deseo de la fraternidad y llenar nuestra vida de sentido con todas vuestras vidas. Gracias a Dios y gracias a vosotros, que sois su verdadero milagro y signo para todos nosotros.