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¿Cómo solucionar rápido y barato un conflicto?

Mediador entre dos manos en conflicto. / Martín Olmos

Mediador entre dos manos en conflicto. / Martín Olmos

¿Es posible resolver una controversia entre partes, sin necesidad de tramitarla en un juzgado, de forma mucho más rápida y barata que mediante un pleito? Pues sí, con la mediación, que puede llegar a costar hasta una décima parte de lo que nos gastaríamos en caso de ir a juicio.

Además, cuando uno acude a los tribunales creyendo que tiene razón podemos perder los pleitos porque, o bien no teníamos tanta razón como creíamos, o el juez no nos la da.

El sistema de mediación, regulada mediante la denominada Ley de Mediación, consiste en que las partes, con una clara vocación de resolver el conflicto de forma rápida y económica, nombren uno o varios mediadores, a los que se les hará entrega de toda la documentación e información necesaria a los efectos de que, siendo absolutamente imparciales, con conocimiento en la materia y con los suficientes elementos de juicio, ayuden a encontrar una solución dialogada y voluntariamente aceptada por ambas partes.

Pueden ser mediadores personas físicas o jurídicas (sociedades profesionales, etc). Deberán tener título universitario o de formación profesional superior, contar con formación específica para ejercer la mediación y, además, tener un seguro que cubra su responsabilidad civil.

La formación como mediador debe adquirirse mediante uno o varios cursos específicos impartidos por instituciones debidamente acreditadas, y además deberá tener un seguro que cubra su responsabilidad civil.

El mediador ayuda a tomar la decisión, aconseja, el acuerdo lo toman las partes, pero si éstas no están de acuerdo con el criterio del mediador, no hay acuerdo y se acabó la mediación.

Si hay acuerdo de mediación, éste podrá elevarse a escritura pública, sirviendo de título ejecutivo, cuya ejecución podrá instarse ante los tribunales en el supuesto de que alguna de las partes lo incumpliere.

Se trata, en definitiva, de un procedimiento muy sencillo y económico en el que la clave estriba tanto en los conocimientos y solvencia profesional del o los mediadores, como en la voluntad e interés de las partes de llegar a un acuerdo lógico, evitándose los, en muchos supuestos, engorrosos largos y costosos procedimientos judiciales.