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Antonio Sáez

Economía Anticrisis

¿Tienen los deudores una segunda oportunidad?

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Tienen los deudores una segunda oportunidad?

En España siempre nos hemos preciado de eliminar la posibilidad de ofrecer una segunda buena impresión. No hay ni una segunda oportunidad para resurgir de las cenizas de la crisis  ya seas particular, autónomo o empresario. Por eso, varios años después de la ley de dación en pago y de la  ley de la segunda oportunidad nos seguimos preguntando: ¿Existe realmente una segunda oportunidad para familias, autónomos y pymes.? ¿Han servido para algo, o ha llegado el momento de revisarlas?

Viviendas compradas a precios muy por encima de su valor real con tasaciones por encima de su valor de mercado y el enorme crecimiento del paro han dado al traste con la ilusión de miles de familias que han visto cóomo sus casas se perdían, junto con ellos, en los laberintos de las deudas insalvables, de la incomprensión de los Bancos, y de un gobierno y una legislación  poco proclive a ser soporte de las necesidades sociales que se estaban produciendo.

Cuando se aprobó la Ley de Dación en pago en el año 2012 como medidas urgentes de protección de deudores hipotecarios sin recursos, se planteaba como una alternativa a las ejecuciones hipotecarias. Cuando posteriormente se aprobó la ley de la Segunda Oportunidad en 2015, parecía que el Gobierno cerraba un círculo de opciones para que nadie por causa de sus cargas financieras, ya fueran particulares, autónomos o empresas que hubieran fracasado en su aventura, se quedara sin un vehículo legal que les ayudara a hacer frente a las deudas contraídas.

¿Qué ha pasado en realidad?

Casi nada. No ha pasado casi nada. Solo tienes que preguntarte cuántas personas, autónomos o pymes conoces que se hayan podido beneficiar de estas dos leyes, y comprobarás de nuevo que se trataba de normas de cara a la galería que tapaban huecos políticos que no respondían a  las necesidades reales de la sociedad.

La ley de la Segunda Oportunidad obligaba a un primer acuerdo extrajudicial con sus acreedores, en el que el deudor liquidara sus bienes y pagara, calendario de pagos, y plan de viabilidad. Si no había acuerdo, se instaba el concurso, y se liquidaban la totalidad de los bienes del deudor para el pago.

Los condicionantes, entre absurdos, como que en los cuatro años anteriores a la solicitud del concurso no hubiera rechazado una oferta de empleo adecuado a su capacidad, y cuasi insalvables, como que no hubiera sido condenado contra la Hacienda Publica, Seguridad Social o derechos de los trabajadores, han hecho de la Ley un bonito adorno político del Gobierno. Y para colmo, las deudas con Hacienda y Seguridad Social seguirían vigentes. Además, la arbitrariedad en la concepción de la “buena fe” podía dar lugar a la revocación de la exoneración de las deudas a solicitud de cualquier acreedor.

Podríamos hablar de las razones de la poca utilidad de la ley: Los criterios de aceptación en caso de  deudor particular o deudor empresario, el nombramiento de mediadores poco interesados si no había bienes, competencias judiciales entre juzgados de los Mercantil y de Primera Instancia, la afección de deudas de Hacienda y Seguridad Social, la complicadísima aprobación de los acuerdos extrajudiciales previos, la necesidad de tener bienes para poder reducir deudas en los acuerdos para poder continuar el proceso, etc, etc.

De la ley de Dación en Pago, qué decir. Para empezar, que para realizarla el Banco tiene que aceptarla en la negociación previa. Como los supuestos están muy restringidos, no existe la dación en pago necesaria o forzosa. La negociación dura meses, y durante ese tiempo corren los intereses y gastos, y si al final no hay acuerdo, te puedes encontrar con un 30% más de deuda que al principio. Además, las condiciones leoninas la han hecho inservible: no puedes tener otros bienes, ser la hipotecada tu única vivienda, y con valor inferior a 200.000 euros, no tener avalista, y que no tenga otras hipotecas.

Y si no sirven ¿qué se puede hacer?

 

Lo que no sirve, se cambia.

Por lo que ha llegado el momento de responder realmente a las necesidades sociales que se pretendían con estas dos leyes. La posibilidad de reestructurar las deudas empresarios y autónomos y defender las familias más vulnerables para que no se vean en la calle.

Tener una Segunda oportunidad supone una posibilidad de reestructurar las deudas de una manera viable, y ha llegado el momento de eliminar los restrictivos requisitos y tramitaciones para ese perdón judicial de las deudas, porque son los empresarios y autónomos los que crean empleo estable y tienen que poder levantarse para conseguirlo.

No debe destruirse la totalidad del patrimonio del deudor porque si no, cóomo volvería a crear riqueza? Y además, habría que ampliar el perdón de deudas a las deudas de Hacienda y Seguridad Social.

En cuanto a la dación, esta debe ser un derecho del deudor en caso de ejecución hipotecaria o concurso de acreedores pero, además, el perdón judicial de las deudas con la dación en pago debería ir aparejada de la posibilidad de quedarse en la vivienda con alquileres sociales y por 3 años ampliable a 5 años. Las familias en vías de deshaucio  deberían contar con la inembargabilidad sobre bienes y derechos incluyendo las prestaciones concedidas por la Administración Publica, y la gratuidad de la asistencia jurídica.

Encima de la mesa tiene el gobierno una proposición de Ley para enmendar esta situación que supone pasar de los cuentos de dos leyes inútiles a las cuentas del resurgimiento real de pymes y autónomos con una segunda oportunidad empresarial, y de las familias en situación de deshaucio con una nueva oportunidad de vida. Veremos qué hace con ella.

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Sobre el autor

Licenciado en Derecho y MBA por el Instituto de Empresa, se ha especializado en el mundo de la Economía y los negocios trabajando en varias multinacionales del sector servicios, en empresas de capital riesgo y Banca, e incluso ha disfrutado de la experiencia del servicio público en la Administración en áreas Economicas y de Empleo. Especializado en Márketing y Emprendimiento, también dedica sus conocimientos a la formación, la consultoría y la comunicación. En este blog quiere enseñar a los lectores a proteger su bolsillo en estos tiempos de crisis, enseñando a manejar bien los dineros desde la mesa camilla.


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