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La conjura de los necios
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El Zurdo | 23-08-2017 | 17:31

Trece años después de los atentados del 11-M en Madrid, los yihadistas han vuelto a matar en España. Esta vez la tragedia ha tenido como cruento escenario Barcelona, capital de la multiculturalidad, y, en concreto, las Ramblas, donde los turistas han pasado de ser tachados de terroristas por los hijos de la anarquía a víctimas. Víctima también ha sido la inteligencia, violada por los novios de la muerte. El 17-A ya es una fecha marcada en rojo sangre. Pasará a la historia universal de la infamia como una victoria pírrica más de la conjura de los necios, de esos que como Ignatius J. Reilly, el inadaptado y anacrónico protagonista de la novela de John Kennedy Toole, quieren devolvernos a la Edad Media. Porque el fanatismo, de uno u otro signo, tanto de los islámicos como de los islamófobos, tanto del Daesh como de Trump o Le Pen, se nutre de los estúpidos.

Carlo M. Cipolla clasifica a las personas en cuatro tipos: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos. El incauto beneficia a los demás aun perjudicándose a sí mismo. El inteligente se beneficia a sí mismo y a los demás. El malvado actúa movido solo por el beneficio propio sin importarle perjudicar a los otros. El estúpido daña a otras personas sin obtener provecho alguno, o incluso peor, perjudicándose (hasta incluso perder la vida, como los terroristas suicidas), como reza la tercera (ley de oro) de ‘Las leyes fundamentales de la estupidez humana’ formuladas por el historiador económico italiano.

La primera ley es que siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. La segunda (ley de hierro) es que la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona, pues la estulticia no hace ninguna clase de discriminación; el estúpido puede ser analfabeto o licenciado, rico o pobre, joven o viejo, de izquierdas o derechas, creyente o ateo… La cuarta es que los no estúpidos siempre subestiman el potencial nocivo de la gente estúpida; constantemente olvidan que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar o asociarse con estúpidos supone invariablemente un error costosísimo. Y la quinta es que el estúpido es el tipo de persona más peligrosa que existe, más que el malvado. A juicio de Cipolla, cuando el malvado perfecto actúa se produce una transferencia masiva de riqueza y bienestar a su favor, pero la sociedad en su conjunto no sale ni beneficiada ni perjudicada. Sin embargo, cuando los estúpidos entran en acción, la sociedad entera se empobrece. Además, las sucias acciones de un malvado se pueden prever, porque son racionales, responden a una lógica; no así las del estúpido, de ahí que sea imprevisible.

Ahora bien, dichos cuatro tipos de persona suelen darse mezclados. El inteligente puede tender a ser incauto o malvado. El malvado puede ser inteligente o estúpido. El incauto oscila entre la estupidez y la inteligencia. Y el estúpido está a medio camino entre el malvado y el incauto. La decadencia de una sociedad depende del aumento de la actividad de los estúpidos por la permisividad de los otros grupos, así como de la creciente presencia de malvados estúpidos en puestos de responsabilidad y poder y el incremento de la cantidad de incautos estúpidos que los eligen o les consienten.

(Publicado en el diario HOY el 20 de agosto de 2017)

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