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Cómo explicar a los hijos qué es la corrupción
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Carlos Pajuelo | 09-11-2014 | 19:16

Educar también es enseñar a los hijos qué es la corrupción

Ayer me llamó mi amiga Paqui para contarme que su hija María de 13 años  le preguntó a su padre, de la manera más natural, “Papá ¿tu eres corrupto?”,  justo en el momento en el que las noticias acababan de hablar del enésimo caso de corrupción.  “Hija, por qué me preguntas eso contestó  el padre un tanto azorado. No sé, como tú trabajas en un banco”.

No son buenos tiempos para la lírica, asistimos día a día a una cadena de noticias sobre corrupción que parece no tener fin. La corrupción no es un problema ajeno, la corrupción no es  cosa exclusiva  de “políticos” aunque en ellos, por su función de representación de la ciudadanía  es extremamente vergonzante. La corrupción es la mayor inmoralidad del comportamiento social del ser humano. El otro día leí, no sé dónde,  un refrán muy apropiado para el tema “quien anda con miel  termina  chupándose los dedos“.

Todas estas noticias y debates sobre la corrupción nos deben de recordar que educar a los hijos  es también enseñarles el peligro de “trincar”. Educar a los hijos frente a la corrupción supone algo más que  escandalizarse, supone tomar conciencia de que robar es robar aunque lo llames de la manera que te dé la gana.  Educar a los hijos es guiar, enseñar a distinguir cuales son los comportamientos ejemplares.

A mi amiga Paqui le  propuse esta “historieta” como argumento  para hablar con los hijos respecto a qué es esto de la corrupción.

“Mira hija, imagina que en el colegio vais a hacer una fiesta y  toda tu clase decide hacer una gran tarta de chocolate y tú  te ofreces a hacerla. Lo primero que haces es un presupuesto y como quieres que la tarta sea un éxito eliges los mejores ingredientes. El presupuesto es de 29 euros por lo que cada compañero de la clase pone 1 euro para hacer la gran tarta.

A la hora de comenzar a comprar los ingredientes, se te ocurre que en vez de comprar harina de repostería, que sólo necesitas un  kilo, la coges de la despensa de casa, y te ahorras así 1,35  euros.

Luego, para la mantequilla, que habías seleccionado la mejor del mercado de 9,5 euros el kilo, le dices a tus amigas Pili, Lola, Carmen y a tu amigo Juan que les  das 1 euro  si te traen la mantequilla de sus casas y Pili dice que un euro es poco y tú, enfadada, le dices que en vez de traer mantequilla traigan margarina que vale menos dinero. Así tú te quedas con 5,5 euros, Pili y sus amigos con 1 euro cada uno, tú tienes un producto de menos calidad y sus madres se quedan sin nada.

Para los huevos en vez de comprar docena y media compras un sucedáneo de huevo y te ahorras más dinero. Con el chocolate, el azúcar y el resto de ingredientes haces igual: Compras los más baratos.

De tal manera que del presupuesto de 29 euros te has gastado 9 y te has quedado con 16 pues le has dado a tus amigas y a Juan 1 euro a cada uno.

Unos días después les dices a tus compañeros que has ido a comprar y que los precios ya no son lo que eran por lo que les pides que pongan un poquito más cada uno, 30 céntimos, para tener la mejor tarta. Con lo cual te haces con 9 euros más.

Por otra parte te vas a la Asociación de Madres y Padres del colegio y les cuentas tu proyecto de tarta y les pides que te ayuden con 15 euros para la compra de velas y adornos para la tarta. Y para terminar tu “negocio” te vas a la clase de Infantil y le dices a los niños de 3 años que por un euro tendrán derecho preferente a elegir el mejor trozo de la tarta pero te callas que ese derecho preferente solo lo podrán ejercer después de que tus 29 compañeros de clase hayan cogido su trozo.

Al final terminas haciendo la tarta con 9 euros, has repartido 4  y tú te has quedado con 54 euros. La tarta solo tiene forma de tarta y lógicamente muy poca calidad.

Eso es corrupción. Porque te quedas con dinero que no es tuyo, porque utilizas mediante engaño materiales que no son tuyos, porque usas peores materiales que los que ofreciste, porque te quedas con ayudas que no necesitas e impides que vaya a sitios donde hace más falta,  porque defraudas a tus compañeros, porque utilizas los recursos de los demás para tus intereses privados.  Porque ofreces beneficios a sabiendas de que no los va a haber. Porque aunque no te lo parezca te has comportado como una autentico timador, ladrón.

Hijo, comportarse así no significa que eres un lince de los negocios, no. Ni significa que eres  un emprendedor, ni que eres el más listo,  simplemente significa que eres un corrupto.

No olvides que intentarán decirte cosas del tipo “si eso lo hacen todos” pero eso no es verdad.

No lo olvides tú, ni yo.

En el próximo post:  El reto de cómo educar en la ejemplaridad

Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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