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Los Alumbrados: Sexo, hostias y posesión
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Israel J. Espino | 07-11-2016 | 21:07

A finales del siglo XVI y principios del  XVII se extendió por Extremadura una corriente religiosa a cuyos adeptos se les llamó “Alumbrados”. Aunque esta herejía católica había hecho su aparición en Castilla  alcanzó aquí un gran éxito de público, aunque no de crítica, ya que  la Inquisición la persiguió con ahínco, salpimentando los juicios del temido Tribunal de Llerena entre 1573 y 1582.

La Santa Inquisición les acusó de herejes porque sus doctrinas atacaban postulados católicos fundamentales, pero también porque practicaban una gran promiscuidad sexual con la estupenda excusa de que el Mesías habría de nacer de la relación entre uno de sus clérigos y una doncella. Otro de sus preceptos era que a Dios se llegaba a través del goce carnal, por lo que no es extraño que le creciesen los seguidores (y las seguidoras) como setas tras lluvia de otoño.

Los motivos de la expansión de esta secta por la Baja Extremadura son variados, pero seguramente tenga algo que ver la escasez de varones que dejó la emigración a América, la represión sexual de la mujer, el excesivo número de clérigos (la mayor parte de ellos nada ejemplares,  sin vocación y oportunistas, como acertadamente señala Manuel Maldonado) y la omnipresencia del clero en todos los aspectos de la vida rural. Pero para la iglesia, precisamente, la explicación era mucho más simple: Todo era obre de Satanás, el eterno Enemigo.

De hecho, el fraile extremeño y principal perseguidor de los Alumbrados, fray Alonso de la Fuente, afirma en cierto memorial que los jefes de la secta, más que miembros de la Iglesia son:

“grandes hechiceros y magos (…) se aprovechan de la magia para alcanzar las mujeres y aprovecharse de sus cuerpos, para el cual efecto les ayuda el demonio grandemente, el cual viene a las mujeres y las enciende terriblemente en deseos de carne con tan grande opresión, que las hace ir rabiando a sus maestros a pedir la medicina de aquellas grandes tentaciones porque ninguna otra persona puede remediarlas. Y los dichos maestros aplican el remedio natural tratando con las tentadas deshonestamente, y dándoles a entender que no es pecado, porque aquellas obras carnales llaman regalos de gente espiritual, y que haciendo aquellas cosas con necesidad espiritual no es ofensa de Dios”.

Las alumbradas andaban "encendidas en deseos carnales como un fuego de Babilonia" (Jimber)

           Este mismo fray Alonso cuenta que tuvo su primero encuentro con esta secta a finales de 1570 en su pueblo natal, Fuente del Maestre. En esta villa habría de sucederle un evento que el propio fraile califica como obra evidente de Satanás. El suceso, recogido por García Gutierrez en su obra, lo relata vivamente el dominico:

Habiendo, pues, yo predicado, esta mujer se halló presente al sermón  (…) y luego que yo me bajé del púlpito, se levantó disimuladamente de su lugar y, llegándose al lugar de la predicación, arremetió de golpe y fue corriendo por la escalera del púlpito, y en un instante se puso en los alto; en lo cual se vio una obra evidente de Satanás, que, siendo la escalera del púlpito esperísima y que tenía quebrado un escalón, y muy alta, la subió con tanta velocidad y ligereza como si fuera un gato; y fue cosa certerísima que de tres mil ánimas que había en el templo ninguno pudo entender cómo subiese a lo alto tan ligeramente si no fue ayudándola el demonio (…) y queriendo proceder adelante con su desatino, no le dieron lugar, porque luego la Justicia arremetió contra ella para derribarla  de lo alto, y ella se defendía asida a las verjas del púlpito; y estuvo tan fuerte y poderosa para resistir a la Justicia, que fue necesario, según entendí, que la asiesen de partes vergonzosas para hacerla bajar, y de esta manera se dejó vencer; y luego la bajaron muy deshonestamente, descubiertas sus carnes y las piernas arriba y la cabeza abajo, con grande ignominia de su persona”.

 La protagonista de esta historia, más parecida a un película de posesiones que a un suceso rural, es Mari Sánchez, la más violenta y enardecida de todos los alumbrados extremeños, hasta el punto  que llega a estrangular a una compañera de secta, Inés Alonso, cuando ambas están ya presas en las mazmorras inquisitoriales. Afirma que ve a los muertos y que es atacada de tormentos y de rabia, y da grandes gritos y alaridos retorciéndose en la cama cuando no colma el hambre de eucaristía. Y  es que tanto Mari como sus compañeras morían y mataban por una buena hostia (consagrada, eso sí).

No es extraño si descubrimos que las beatas, según recoge Víctor Chamorro, al comulgar experimentan un amor sensible tan poderoso

“que no hay ardor en el mundo que tanto inmute corporalmente y crecen tanto estos ardores que las matan de amores y las revuelven en pasiones del sentido por un modo sabrosísimo que sabe la serpiente antigua. Aquí se descubre un misterio que de las rameras y mujeres infames se hacen contemplativas…”.

Estas sensaciones son tan poderosas e “inflaman tanto a las mujeres que se les hinchan algunas de ellas su natura, y andan como perras”. Entonces el Demonio “les lleva la mano a su natura y les hace venir en mil torpezas”.

 Al entrar el Demonio en el cuerpo de las Alumbradas estas sufren un calor sensible y material que las “enciende la carne, tanto que a veces escupe conchas en el rostro y en aquellas partes donde da”. Los lugares que reciben este calor son el corazón, el pecho, la espalda y el brazo izquierdo. Y tanto es el calor que sienten que a veces, si no está a mano su confesor, se tienen que aliviar entre ellas, por lo que “desnudas, en la cama, en tanta manera que se abrazan y besan y meten la lengua en la boca y juntando las partes vergonzosas vienen a tener poluciones”.

Las alumbradas se unían carnalmente a Cristo... o eso creían (Jimber)

Para el anonadado Fray Alonso está claro que es el demonio quien, adoptando la forma de Cristo crucificado, con sangre en las llagas y el costado, se acerca a ellas y

“…las posee carnalmente de forma abominable, y después de consumar los actos libidinosos las deja hambrientas y encendidas en deseos carnales como un fuego de Babilonia.”

Este ardor “como fuego de Babilonia” que hace siglos asombró al pobre Fray Alonso también nos sorprende a nosotros hoy, sobre todo cuando descubrimos que algunas mujeres no soportaron tales éxtasis y encontraron la muerte en estas orgías místico-eróticas. Suponemos que aunque no muriesen en gracia, al menos lo harían sonriendo.

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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