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Fernando Valbuena

La Cuchara de San Andrés

CHOCOLATES DE BILBAO

Chobil

 

El chocolate en Bilbao es asunto serio. En archivos judiciales queda una curiosa causa en la que un tal José Izco, vecino del Botxo, algo vago y maleante, de profesión torero, subrayo, torero, es procesado por malos rollos con una chocolatera llamada Clara Zabala. Corría el año de 1729. Es, quizá, la primera chocolatada de la que se tiene noticia en la Villa. De entonces hasta hoy, la lista es larga. Nombres envueltos en brumas de cacao y olvido: los Lopetegui, los Arana, los Orbe, los Larrea, los Iturbe y, hasta una medio paisana mía, Asunción Zulueta y Picaza, nacida en Orozco y casada con el patriarca de los Iturbe.

Para endulzarlo, a partir del siglo XVIII, se le añadía azúcar al brebaje. Luego entraron en el baile la canela y la vainilla. A las recién paridas se les servía con flor de azahar, los curas lo preferían con almendras, las monjas con compañía, algunos con frutas y las beatas con vino dulce. Pudiera ser. En todo caso se dice que en el País Vasco gustaba espeso frente a los melindres, siempre amanerados, de los franchutes. En Artecalle a finales del XIX había seis chocolaterías. De aquellos días aún triunfa, lo hace desde 1830, Martina Zuricalday, un referente en Bilbao. De visita obligada. En Oñate mandaba José Zahor. Un poco más allá, el irundarra Gabriel Elgorriaga; sus coches recorrían Bilbao en los años anteriores a la guerra para gloria de niños y golosos.

Pero en esta historia de moliendas de cacao, obradores en la trastienda y mármoles donde enfriar el chocolate, hay que traer a colación dos nombres que luego tuvieron gran importancia en la historia patria. Los Arrese, uno de los cuales, José Luis, fue ministro de Franco y autor falangista. Y los Aguirre, de los que José Antonio fue primer lehendakari de Euzkadi, así, con zeta. Su abuelo José Antonio Aguirre Aguirrezabal venía de cerca de Vergara y a finales del XIX era dueño de “Chocolates La Vizcaína” en Artecalle, 50. El propio lehendakari estuvo al frente de Chobil, “Chocolates Bilbaínos”, la marca de la doble X,… tabletas queridas de mi niñez.

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Sobre el autor

"Todo comienza con un chorreón de aceite al que se añaden unos ajitos. Sempiternas primeras palabras de los recetarios ibéricos, génesis indubitada del arte culinario nacional. Quiso Dios poner en cada cocina un clavo para que de él colgaran las ristras de ajos. Ristras soberanas de las viejas, de las muy nobles y muy invictas cocinas españolas. Alma y fundamento de asados, fritangas y guisotes. ¿Qué sería de España sin sus ajos? ¡Soberbios fogones patrios! ¡Alabados seáis!"


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