Skip to content

PaperBoy

2011 julio 24

Enrique Falcó. Adicto al papel.

 

 

 

Lo que son las cosas. Hace unos días, aprovechando las vacaciones, me entretuve revisando viejos papeles de entre polvorientas cajas de la mudanza, que, aunque gracias a Dios ya va quedando atrás, sus vestigios no dejan de aparecer constantemente por uno y otro lado de la casa. Me llamó la atención el hecho de no ser consciente hasta hace bien poco de mi síndrome de Diógenes en lo que a la cédula se refiere. De pequeño no tiraba nada. Conservaba siempre todo tipo de apuntes, recortes de prensa, posters de grupos musicales y deportistas, entradas de conciertos y sobre todo viejas cartas de amigos. Como si ya desde mi más temprana edad le hubiera otorgado al folio o la hoja una importancia real y un valor más allá de lo plenamente intrínseco. Desde que me emancipé he tirado a la basura docenas de bolsas en las que deposité previamente los recuerdos de toda mi vida. Hace ya muchos años que el papel se creó grandes enemigos que pronostican una inminente desaparición de todos sus soportes, incluido como no la prensa escrita. Mi menda, que va superando poco a poco y en la medida de lo posible su particular adicción, siempre ha mirado con buenos ojos la aparición de los ordenadores, y ni que decir tiene Internet o la digitalización de los documentos que mejoran y hacen nuestra vida más fácil. Y por supuesto siempre he sido consciente de mal uso que hacemos del papel y la poca sensibilidad hacia el medio ambiente que supone su uso desmedido e innecesario.

 

 

 

Internet es una de las maravillas del mundo, ya les he hablado en otras ocasiones de esta magnífica herramienta que proporciona servicios, cultura y ocio a partes iguales. Como era de esperar su irrupción en los medios de comunicación ha supuesto una total revolución, amén de una más completa y rica oferta informativa hacia los usuarios de dichos medios. La prensa escrita no puede rivalizar con la digital en cuanto a actualidad informativa se refiere, eso es evidente. Pero existen quienes no dejan de considerar la edición impresa como exquisitamente cómoda y práctica. Así mismo un periódico no se nutre solo de actualidad, pues no olvidemos que también ha de tener una función lúdica, y además de informar ha de procurar entretenimiento a sus lectores. Algo parecido ocurre con los libros y archivos. Para su búsqueda y consulta, y sobre todo por problemas de espacio, es tremendamente más práctico que se hallen en soportes digitales, ahora bien, para disfrutar de la lectura de una buena novela o un cómic de Tintín ningún soporte digital puede competir con el de toda la vida.

 

 

Nuestro periódico, el Diario HOY, se sumó desde hace pocos días a la oferta de la Plataforma Kiosco y Más, gracias a la que cualquier extremeño podrá leer el HOY desde cualquier parte del mundo disponiendo de un soporte digital con conexión a Internet. Efectivamente es un gran paso, y muchos hablan de él como el futuro de la prensa tal y como se entiende hoy en día. Pero yo sigo sosteniendo que la mejor forma de disfrutar del periódico será siempre la tradicional. Con el papel entre las manos, y esa deliciosa mezcla del olor de la primera taza de café con la tinta fresca del diario.

 

 

No quiero parecer un cenizo y ni mucho menos ir en contra del progreso, pero me da mucha pena ver como se ningunea cada vez más a los viejos periódicos de toda la vida. Cada vez se venden menos periódicos en los quioscos, pero también es cierto que a muchos lectores que no compran ya la edición impresa no les mueve ese afán de la actualidad inmediata que posee la edición digital, sino el ahorrarse el uno o los dos euros del precio del diario. El problema puede estar en la racanería del lector, la falta de recursos económicos de éste o bien en la poca atractiva oferta que ofrezca dicho diario, que esto sería un asunto para estudiar y analizar. 

Afloran a mi cabeza los recuerdos de un viejo video juego de los 80 que particularmente me encantaba: el “PaperBoy”. Aquel en el que el típico chico joven va en su bicicleta tratando de repartir los periódicos a los suscriptores sorteando para ello las más diversas dificultades. Les confieso que cada vez que veía una de esas películas americanas donde salía uno de esos jóvenes repartidores en bici anhelaba ser uno de ellos. Y qué decir de aquellas del viejo Oeste o de La Ley Seca donde siempre aparece un niño con un puñado de periódicos en la mano gritando aquello de “¡Extra, Extra!”. Quiero confesarles algo, mis queridos y desocupados lectores. Ya saben que me encanta escribir para ustedes cada domingo, y que la edición digital me procura muchos lectores de fuera de Extremadura a los que no podría llegar sólo con la edición impresa. Pero lo que realmente produce en mí una sensación plena de felicidad es ver mi nombre impreso en el papel del periódico HOY. Si algún día eso deja de suceder, aunque a cambio me leyeran millones de personas más, les aseguro que ya no sería lo mismo. Que le vamos a hacer, será que en el fondo soy un sentimental.

 

Publicado en Diario HOY el 24/07/2011