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Nuestras voces no se alzan

2011 septiembre 8

Justo un año después de escribir mi post “Extremadura” me sigo encontrando con los mismos cretinos que desconocen que hoy, 8 de Septiembre, es el día de su tierra, el día de Extremadura. Algunos continúan sintiendo vergüenza ajena por el hecho de pertenecer a una tierra con tan poco glamour y falta de oportunidades. En su “Así nos va” de hoy, J. López Lago pone el dedo en la llaga cuando narra aquello de que existen quienes parecen incluso avergonzarse de nuestro himno. “Entre el pudor y la ignorancia, observen que casi nadie lo canta en los actos” añade literalmente el periodista de HOY. Dolorosa verdad, sobre todo la que hace referencia a la ignorancia.

 Precisamente ayer, mi amigo Manuel Pecellín, recibía su Medalla de Extremadura. Ya les he narrado la anécdota aquella en la que mi antiguo profesor suspendió a una alumna oliventina porque desconocía qué era la “Técula Mécula”. Cuando la ignorancia atañe a las cosas más cercanas se convierte en peligrosa e incluso en insultante compañera de viaje. López Lago, como el menda y muchos de mi quinta, aprendimos el Himno de Extremadura en el Colegio. Evidentemente no es necesario que uno vaya continuamente cantándolo a viva voz, pero no estaría de más que alguno que otro retuviera su texto en la cabeza y reflexionara sobre su significado. El Día de Extremadura no es más que un festivo como otro cualquiera. No es lo realmente importante, al igual que el Himno, que puede ser más o menos apropiado. Quien permite que la ignorancia le haga obviar la realidad del mundo que le rodea está condenado a llevar una vida tan vacía como la Marmita de Panorámix cuando Obélix cayó en ella de pequeño. Ya lo dije una vez. La ignorancia es atrevida y peligrosa, pero puede corregirse con el tiempo. A mí no se me va a olvidar nunca el himno de Extremadura, ni me sentiré avergonzado si algún día lo escucho o he de cantarlo en público, ni confundiré la festividad de este día con otras como el Puente de la Constitución. Sé dónde he nacido, vivo y espero morir. Allá cada uno con su conciencia. Extremadura merece más respeto, y mucho más amor, pero qué le vamos a hacer, de desagradecidos está el mundo lleno.