Enrique Falcó. Náufrago en la marmita
El azar, el destino, o incluso la providencia, son quienes me obligan a escribir hoy sobre Astérix, habiéndolo hecho la semana pasada sobre mi querido Tintín. Quien lo iba a decir, rivales hasta en esta tribuna de opinión. Rivales sí, no se me extrañen. La de veces que habré escuchado a mis interlocutores la famosa frase “es que a mi Tintín no me va mucho… yo soy más de Astérix”. Esta frase me repatea ¡Por Júpiter! ¿Acaso son incompatibles? ¡Rotundamente no! Es más, estoy convencido de que a quien le guste Tintín ha de gustarle Astérix y viceversa. Esta “rivalidad” también la sufrieron en sus carnes los propios autores de tan célebres personajes, pues aunque en el fondo sentían un gran respeto y admiración por el trabajo de sus colegas no podemos obviar que Astérix le restó gran protagonismo a Tintín desde su aparición a finales de los años 50. Aun así dicha admiración la encontramos por ejemplo en guiños como el homenaje que Goscinny y Uderzo le dedican a Hergé en “Astérix en Bélgica” donde los policías Hernández y Fernández son los encargados de anunciar la llegada de Julio César al país, con su inconfundible estilo: “Julio César ha llegado a Bélgica” -dice Hernández- “Yo incluso añadiré algo más, Culio Jésar ha llegado a Gélbica”- apostilla su colega Fernández. El mismo Hergé les devolvió el detalle en su última obra en vida, “Tintín y los Pícaros” en un formidable dibujo que comprende un desfile de carnaval en el que puede verse a un tipo disfrazado de Astérix.
Pero lo que nos lleva hoy a hablar del héroe galo no es su rivalidad con el famoso reportero, sino la jubilación de Albert Uderzo, quien durante medio siglo ha ilustrado las aventuras de los galos más locos y divertidos de la historia. Junto a René Goscinny, uno de los mayores genios del cómic, formaron un tándem insuperable, y tras unos primero álbumes discretos dejaron para la historia algunas de las más brillantes joyas del papel, como por ejemplo “Astérix Legionario” y “Obélix y compañía” sin duda sus dos mejores trabajos. Nadie se resiste a partirse de risa en el primero con “Campodetenis”, el egipcio que continuamente pronuncia “Tururú” consiguiendo la carcajada de la concurrencia. O aquellos desternillantes diálogos en el segundo, entre “Obélix” y “Cayo coyuntural” empleando el lenguaje de los hombres de negocios “tú venir, tú comer conmigo, yo explicar a ti”. Cabe destacar también “El combate de los jefes” y los “menhirazos” de “Obélix” que hacen perder y recuperar la memoria alternativamente. O “El Escudo Arverno”, en donde podemos seguir los interesantes y moralmente satisfactorios consejos de Abraracúrcix sobre su idea de una dieta sana y equilibrada: “Hijos míos, cuando hay apetito todo marcha perfectamente” “Un vino de calidad ha de sentar bien forzosamente” “El secreto consiste en no abusar de las salsas”. No podemos olvidarnos del “Ferpestamente” de un ebrio Obelix en “Los Laureles del César” o dejar de deleitarnos con la calidad del dibujo en “Astérix y Cleopatra”. ¿Quién no recuerda el impronunciable nombre del Corso “Ocatarinetabelachixchix” en “Astérix en Córcega”?. ¿Qué amante de Los Beatles no conoce el nombre (Yelosubmarin) de la mujer del pescadero “Ordenalfabétix”?. El ciudadano congolés que ha denunciado el cómic de “Tintín en el Congo” debería tener más sentido del humor, como el que ostentamos los españoles cuando nos “despiporramos” con “Astérix en Hispania”: “Me llamo Sopalajo de Arriérez y Torrezno…pero en casa me llaman Pepe, para abreviar”. Esos bailes flamencos hasta las tantas, y ese ¡Olé! que no paran de repetir los hispanos, sin olvidar los cascos con cuernos y la fiesta de los toros.
Lamentablemente, tras la irreparable muerte de René, Uderzo se atrevió a continuar las aventuras de Astérix en solitario, y digo bien lamentablemente porque ninguno de los primeros álbumes alcanzó siquiera un ápice de la calidad y maestría de los realizados junto a Goscinny. Aunque es indudable que aprendió mucho junto al maestro, las aventuras creadas por el dibujante en solitario son un despropósito tras otro. La última década incluso presenta verdaderas tomaduras de pelo como “El Cielo se nos cae encima” que avergonzaría al noble René, cuyos restos se revuelven en su tumba con indignación ante la traición del que fuera su amigo y compañero. ¡Por Tutatis! ¡Si encima ahora Uderzo nos anuncia que a pesar de su retirada, las aventuras de Astérix volverán de la mano de un dibujante de sus estudios, que cuenta con toda su confianza! Lo mejor que pudo hacer Hergé antes de morir fue mostrar su voluntad de que nadie continuara escribiendo las aventuras de Tintín, algo que a Dios gracias, sus herederos respetaron. Para muchos amantes de Astérix sus aventuras acabaron en 1979 tras la muerte de Goscinny. Las obras de Uderzo no son más que una curiosidad, un divertimento infantil, pero no una aventura de Astérix. Comprendo que son tiempos difíciles para todos, y que un álbum nuevo de Astérix significa muchos millones de euros de ganancias, pero conmigo que no cuenten. A las futuras obras del de momento desconocido dibujante, al igual que a los últimos petardazos de Albert Uderzo, les dedico las palabras del legionario “Campodetenis” de la 1ª Legión, 3ª Cohorte, 2º Manípula, 1ª Centuria: ¡TURURÚ!
Publicado en Diario HOY el 09/10/2011