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Enrique Falcó

ENRIQUE FALCÓ

Manuel Larios Varela

 

El Loto Azul...una sección especial!

El Loto Azul...una sección especial!

Después del febrero más seco de los últimos años (en todos los sentidos posibles y aspectos) me parece más que apropiado comenzar el esperado mes de marzo con una de las secciones más especiales de este blog, El Loto Azul,  ya que sin duda, especiales son también las personas que lo honran, dignándose a participar en él y de él, ofreciendo a mis lectores el mejor trago de un LOCH LOMOND a medias, ya que cuanto menos no deja de ser un copazo a dos manos. Por una parte brindo a mis lectores la oportunidad de conocer a alguien que merece mucho la pena, y a la vez a los lectores de nuestros colaboradores la oportunidad de descubrir este blog, que siempre tiene las puertas abiertas para todo aquel que pretenda echar un rato entretenido y amable, y que no tema al buen humor.

Ricar...Mi vecino... y amigo de toda la vida

Ricar... Mi vecino... y amigo de toda la vida

Todas las colaboraciones son especiales, pero mentiría si no remarcase ésta como muy especial. Nuestros amigos en la vida pueden catalogarse como muy importantes, ya que de una u otra manera influirán para siempre en nuestra vida. De la misma forma, su entorno más cercano, su propia familia, también habrá de jugar un papel imprescindible en nuestro corazón y memoria. Hoy quiero hablarles del padre de mi amigo Ricardo Larios, del que ya sabrán mis lectores que me une una gran amistad, y del que les he hablado en innumerables ocasiones.

Manuel Larios Varela

Manuel Larios Varela

Conocí a Ricardo, el hijo de Manuel Larios Varela, a la edad de 6 años. Acababa de llegar a Badajoz y a sus padres no se les ocurrió mejor sitio para establecerse que en el cuarto B de mi mismo portal. Es gracioso, pero nuestras madres se conocieron a la salida de nuestro colegio (el General Navarro por supuesto) y esperaban impacientes nuestra salida para presentarnos, deseando que nos convirtiéramos en amigos, ya que vivíamos en el mismo portal. Perdían el tiempo, pues Ricardo y yo ya nos habíamos convertido en el recreo en amigos de toda la vida. Evidentemente ser tan pequeños y vivir en la misma escalera nos hacía pasar muchas horas uno en casa del otro. La casa de Ricardo era más grande, y ellos sólo eran cuatro, por lo que puede decirse que era mi menda quien cohabitaba su casa horas y horas perturbando la paz de su inmejorable familia. Así conocí a su hermana María (prácticamente un bebé) su madre Mari Carmen y a su padre, Manuel Larios, nuestro protagonista de hoy.

Manuel Larios Varela en uno de sus innumerables viajes, esta vez en Lisboa

Manuel Larios Varela en uno de sus innumerables viajes, esta vez en Lisboa

Me gustaban sus padres, eran más jóvenes que los míos, y además Manolo tenía un equipo de música realmente espectacular. Su amor por la música se lo contagió a su hijo desde pequeño, y de paso un poco a mí, ya que pasaba tantas horas en su casa que me embriagaba de tanta musicalidad. Fue en casa de Ricardo donde pude escuchar por primera vez un Compact Disc, y en el que descubrí por primera vez un CD original de The Beatles. Mientras Ricardo y yo nos dedicábamos a gamberrear, escuchábamos de fondo el “EnglishMan In New York” de Sting, o los primeros discos de Prince, así como maravillosa música clásica con la que nos obsequiaba de fondo, creando sin darse cuenta una propia B.S.O. de nuestra vida. A Manolo también le apasionaba la informática, y nos instruía sobre Basic y programación, también el deporte, llevándonos con él a jugar al tenis, al baloncesto, o a ver los partidos del PADEBA, para animar a nuestro idolatrado Paco Garza. Manolo también se defendía con la guitarra, y siempre, ya algo más mayores, pasaba junto a nosotros largos ratos en el cuarto de mi amigo sacando los acordes de las canciones de Rem o de Queen. Nunca se me olvidará, que a la edad de 11 ó 12 años, mientras Ricardo se cambiaba para salir por ahí con nuestros amigos, fue  Manolo quien me enseñó qué es lo que hacía realmente un bajo en un grupo,  con el “Here Comes The Sun” de The Beatles de fondo. El tocaba la guitarra acústica, y yo, que llevaba ya tiempo interesado en los Beatles, me moría de ganas de saber cual era ese maravilloso instrumento que portaba el vanidoso McCartney. No se me ocurrió mejor persona a quien preguntar. Así qué puede decirse que don Manuel Larios me instruyó sobre un instrumento que sería decisivo en mi vida (aunque desde los 13 años he ejercido de batería el bajo siempre ha sido y será mi instrumento favorito).

don Manuel Larios, gran amante de la buena música y de los viajes no podía dejar de visitar Londres

don Manuel Larios, gran amante de la buena música y de los viajes no podía dejar de visitar Londres

Cuando apenas llevaba unos meses publicando en HOY, encontré en google por casualidad, una página que por fin hablaba sobre mí como articulista (ya conocen ustedes que junto a la pésima caligrafía mi pequeña dosis de vanidad es uno de mis más deplorables defectos). Se trataba de un blog. Yo había oído hablar de ellos pero no me atraían nada (ironías del destino). En él encontré una pequeña entrada, titulada “Enrique Falcó en HOY” que rezaba de tal guisa “Por fin alguien que cuenta cosas importantes en el periódico HOY”. Mentiría si no reconozco que se me cayeron dos lagrimones. ¡Aquella persona que me había visto comerme los mocos, al que le había jorobado siestas, roto raquetas, estropeado muebles en su casa, y que se había visto obligado a cargar conmigo en excursiones, cenas y comidas familiares, encontraba interesantes mis artículos! Desde aquel día la idea de ostentar un blog en el futuro dejó de parecerme ridícula, y me obligué a mí mismo a prometerme a aguantar con paciencia al plasta amigo íntimo de mi futuro hijo con la paciencia que don Manuel Larios tuvo conmigo. Dicho sea de paso, aquel blog que descubrí, Todas las cosas se convirtió necesariamente en uno de mis favoritos. En él, Manolo, como el buen refranero popular, no se casa con nadie, y nos cuenta de tú a tú lo mismo que nos contaría en la barra del bar más cercano. Mención especial para los melómanos merece otro de sus exquisitos blogs, Todas las Músicas un espacio del que ya hemos hablado largo y tendido en este blog, y del que debería convertirse en lugar de peregrinaje para todos aquellos amantes de la buena música aficionados al LOCH LOMOND. En él he descubierto grupos, solistas e instrumentistas de los que jamás habría oído hablar sin el bueno de Manolo Larios. Sé que me estoy explayando en mi presentación, y que el protagonista de hoy es él, y el pedazo de post que nos regala sobre la buena música, pero no puedo engañarles, cuando hablo sobre gente que aprecio no puedo dejar de escribir, y mentiría si no les confieso que prácticamente lo que les cuento hoy no sería más que una vulgar mini introducción para lo que merece una persona a la que tanto respeto.

Con todos ustedes don Manuel Larios Varela y su Todas las Músicas en Badajoz. Desde hoy uno de sus espacios imprescindibles. Me lo agradecerán.

 

TODAS LAS MÚSICAS EN BADAJOZ.

 

Ahora que han llegado las vacas flaquísimas se me vienen a la memoria los muchos  buenos ratos que hemos pasado los aficionados a la música en Badajoz. Los amigos que dejé en Madrid cuando me vine a vivir a la ciudad me preguntaban muchas veces si no echaba de menos los conciertos a los que allí solíamos acudir tanto en el Auditorio Nacional, (entonces no estaba el Real reformado), como en el Whisky Jazz, la sala Clamores o el Colegio Mayor San Juan Evangelista, este ultimo convertido entonces en la catedral del Jazz, (o tal vez sería más propio decir la ermita del jazz, que tampoco es tan grande). Yo les contestaba que lo que había perdido en oferta, que en Badajoz era evidentemente menor que en Madrid, lo había ganado en inmediatez, de manera que aquí era más fácil acudir a cualquier evento de lo que lo era en la gran urbe, acudiendo a la salida del trabajo a un concierto sin más pérdidas de tiempo ni preparativos que dar un corto paseo hasta el Menacho o, posteriormente, hasta el López de Ayala.

He visto a Lorin Maazel, el director de orquesta norteamericano de origen francés que dirigió la Filarmónica de Nueva York, anteriormente la de Cleveland, la Orquesta de la Ópera de Viena (1982 – 1984), la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh (1988 – 1996), y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera (1993 – 2002), y que ha terminado contratado por la muy poderosa (económicamente hablando) Comunidad Valenciana, lo he visto, digo, en el Auditorio de verano “Ricardo Carapeto” dirigiendo una orquesta de festival en un verano ya lejano, para lo que tuvimos que construirle un entablado con varios niveles donde colocar los músicos. He visto solistas como el violinista alemán Frank Peter Zimmermann, el trombonista, director y compositor sueco Christian Lindberg, el mejor especialista vivo en el trombón, he disfrutado de la maestría y la sensibilidad de la pianista lusa Maria João Pires, una de las grandes figuras mundiales del piano y tantos y tantos buenos músicos que, a través de la Sociedad Filarmónica,  con el apoyo de la Diputación Provincial o de la Orquesta de Extremadura, han venido a darnos a conocer su maestría y buen arte musical.

Hacia el año 1983, los grandes guitarristas del jazz de la posguerra que habían seguido el camino de Charlie Christian, (muerto en en 1942), también habían desaparecido: Django Reinhardt en 1953 con 43 años y Wes Montgomery en 1968 con la misma edad. Los músicos de jazz de entonces no se cuidaban mucho, según parece. El crítico Juan Claudio Cifuentes decía recientemente que el mejor guitarrista de jazz para él ha sido Kenny Burrel. Kenny ha debido cuidarse más porque con 81 años aún vive. Yo le vi tocar en el antiguo Teatro Menacho a mediados de los ochenta con una técnica impresionante. Joe Henderson ha tocado con casi todo el mundo que ha sido algo en el jazz. No hay más que consultar su discografía en la Wikipedia. Su último disco lo gravó con Terence Blanchard en 1999, un par de años antes de morir. Yo vi en aquellos años ochenta a Joe Henderson en el mismo teatro Menacho. Tal vez el mejor músico de jazz latino sea  Paquito de Ribera, a quien también vi en ese teatro por entonces. Un año en que estaba de vacaciones me perdí la actuación en Badajoz de Ron Carter, el mejor contrabajista de jazz que ha habido, (según mi amigo José Vicente que es profesor de contrabajo en el Conservatorio de Segovia). Recientemente he visto en el López de Ayala a los mejores músicos que ahora mismo se mueven por Nueva York  o Los Angeles, como Brad Mehldau, Joshua Redman, Kurt Rosenwinkel, Terence Blanchard, Roy Hargrove y muchos más.

He visto en Badajoz a José Menese, una vez en la Asociación de Arte Flamenco y otra en el MEIAC, a Carmen Linares, Vicente Amigo, Tomatito, Rancapino, Estrella Morente y un largo etcétera que incluye algunos que me perdí por distintas causas como Camarón, Lebrijano, y más recientemente Miguel Poveda o Enrique Morente, (a quien pude ver en Mérida).

Los músicos, cantantes y cantautores en el ámbito de las músicas más populares que he podido disfrutar en esta ciudad engrosarían una lista que se haría interminable. Por ejemplo, una noche después de una magnífica actuación de Joaquín Sabina en la Plaza de Toros recuerdo pararnos a charlar un rato con él frente al bar La Colmena en la plaza-fuente de la Constitución y recuerdo también que a mi amiga Manoli le firmó un billete de mil pesetas porque en aquel momento no tenía otra objeto donde inmortalizar su autógrafo. Mi amiga, por cierto, se gastó el billete en cuanto que vio que no le quedaba otro, porque pueden más las necesidades económicas que las de la nostalgia, la admiración o el recuerdo cariñoso, por mucho que se diga lo contrario.

Quiero decir con todo esto que tal vez no nos demos cuenta de lo mucho que tenemos hasta que no lo vemos comprometido. Es como la salud, hasta que uno no está enfermo no es consciente de la inmensa maravilla que es la vida cuando no se tienen enfermedades. He visto tocar en el López a músicos norteamericanos que debían de quedarse atónitos al comprobar el edificio de que disponía una pequeña ciudad de provincias como es la nuestra, acostumbrados a tocar en tugurios lúgubres a pesar de su gran categoría musical. Incluso algún músico como el anteriormente mencionado Christian Lindberg, tal vez no haya encontrado en ese paraíso del Estado de Bienestar que son los países escandinavos, locales tan apropiados como los que encontró en esta ciudad del profundo sur europeo. Tenemos ciclos de música contemporánea, festivales de música clásica, una orquesta de Extremadura que tiene un gran potencial, un festival de jazz veterano que nos ha malacostumbrado a recibir a figuras americanas, europeas y española de primera fila, Badasom ofrece en las noches de verano flamenco y fados, una gran combinación para una ciudad de frontera.

 Racionalizar el gasto es algo muy conveniente. Tal vez en el pasado se debió diseñar  con más prudencia el gasto cultural, pero hay que tener cuidado con la merma que podemos recibir en el disfrute de nuestros derechos, porque una rebaja en las prestaciones es lo mismo que una bajada en el sueldo. Y la cultura también importa. Y mucho.

Don de LOCH LOMOND

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marzo 2012
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