Hoy

img
La Infanta Elena y el “Marchivirito”
img
Enrique Falcó | 10-10-2012 | 09:11

 

La Infanta Elena, gran deportista, ha participado recientemente en un Concurso Nacional de Saltos en Badajoz. ¡Bien por ella!

La Infanta Elena, gran deportista, ha participado recientemente en un Concurso Nacional de Saltos en Badajoz. ¡Bien por ella!

El sábado pasado, mientras quien suscribe aún le daba vueltas a los cilindros del Gran Hotel Casino de Extremadura, mis hermanos disfrutaban de una copiosa cena en mi fonda predilecta, “El Marchivirito“. Allí se encontraron con una comensal tan de excepción como inesperada: La Infanta Elena, quien había acudido a nuestra ciudad para participar en un Corcurso Nacional de Saltos.

Me consta que horas antes, tras atravesar el Puente Real (seguramente para visitar de incógnito el nuevo Centro Comercial El Faro) la Infanta Elena torció la nariz más de la cuenta. Le comunicaron que en plan de coña los pacenses nos referíamos al paso como “el puente de Urdangarín” ya que va directo hacia el “Infanta Cristina”. Entre eso y lo de Cáceres con el Estadio “Príncipe Felipe” a la mayor de las infantas le dio pelusilla, y acudió por la noche a relajarse y cenar a un restaurante del que había oído hablar mucho y bien.

Chuletón de Retinto al plato caliente. Mi plato estrella del Restaurante Marchivirito de Badajoz, mi fonda predilecta.

Chuletón de Retinto al plato caliente. Mi plato estrella del Restaurante Marchivirito de Badajoz, mi fonda predilecta.

No quiero dármelas de nada, a pesar de que ya son conocedores de mi pequeña dosis de vanidad. Pero cierto es que mi blog recibe muchas visitas desde Madrid, y la sombra de la sospecha en este caso es más que alargada. Ustedes también pensarían lo mismo si les hubiera llegado el rumor de que Doña Elena recomendó pedir el chuletón de retinto al plato caliente y una botellita de Protos joven (que en este establecimiento – indicaba – está muy bien la relación calidad-precio).

 

Pepe Domínguez, aficionado taurino y gran profesional en la Restauración. Su restaurante,

 

El dueño, (José Domínguez) mi amigo Pepe, le preguntaba extrañado a mis hermanos que cómo era posible, que de entre los cuatro, el que más veneraba públicamente su establecimiento, no hubiera acudido a la cita y se hubiera perdido tan inusual anécdota disfrutando de un buen LOCH LOMOND de postre. No te preocupes Pepe. Cuando en vez de 300 libros, venda 300.000, me construiré una casa al lado del “Marchivirito” y sin cocina. Tu ya me entiendes. La cosa pinta bien. ¡No voy a estar en crisis toda la vida!